El bluf de Sánchez y Rivera

La mejor descripción de la fallida investidura del candidato del PSOE, Pedro Sánchez, es la que ha hecho Mariano Rajoy en su turno de intervención: Pedro Sánchez y Rivera nos han presentado un bluf que ha pinchado en la Carrera de San Jerónimo.
En ingles bluff se traduce como engaño desilusión, jactancia, apariencia, baladronada, farol. Un farol que Pedro Sánchez ofreció al Jefe del Estado y que ha contado con Rivera como actor secundario, convertido inexplicablemente en el animador, una especie de cheersleader político del candidato, justificado por un documento sustantivamente muy flojo e inconsistente.
La crónica de la sesión y el resultado de la votación con 219 votos en contra de la investidura de Sanchez, permite anticipar que la segunda votación en la sesión del viernes 4 de marzo será igualmente fallida y solo servirá para iniciar el computo de la previsión constitucional de la disolución de ambas Cámaras y la nueva convocatoria de elecciones, transcurrido el plazo de dos meses desde la primera votación.

La sesión sí ha servido para que los distintos grupos parlamentarios mostrasen sus reales posiciones y, por tanto, sirve para clarificar el voto de unas futuras elecciones que ,en definitiva, va a permitir que los ciudadanos recuperen el control de la situación política. Nada más democrático, más transparente y más conforme con lo que es una demanda mayoritaria de reforma de nuestro sistema electoral que debería evolucionar hacia un procedimiento que traslade el centro de la decisión para la formación de gobierno a los electores.

Los pactos de salón y moqueta que han permitido la gobernanza en Ayuntamientos y Comunidades Autónomas han sido tejidos en numerosas ocasiones bajo el principio de concesiones encubiertas. Por ello la reforma del sistema electoral es una asignatura pendiente que debería abordarse en estos nuevos tiempos con mayor prioridad que otras ocurrencias, como la de las Diputaciones.

En el reparto de los actores, Mariano Rajoy ha recuperado el mejor Rajoy parlamentario. Ha estado brillante, irónico y contundente relatando la historia de estas nueve semanas y media en la que Pedro Sanchez ha utilizado la investidura como una oportunidad de agit-prop personal. Mientras el candidato tomaba notas en su pupitre y después, en su turno, ofrecía una réplica deslavazada y desvaída.

Hay que recordar que conforme al artículo 99 de la Constitución el Rey no hace una propuesta de candidato a la Presidencia del Gobierno libérrima, sino que está condicionada a la previa consulta a los Grupos políticos con representación parlamentaria que le manifiestan sus respectivas posiciones, es decir, que la propuesta va precedida de una garantía de avales propios y ajenos.
Es impensable que el Jefe del Estado hiciera una propuesta extravagante, en contra del resultado electoral y de lo manifestado por los grupos parlamentarios, lo que provocaría una crisis institucional y un escenario no imaginable
La confrontación entre el líder de Podemos y el PSOE con la referencia de Pablo Iglesias al pasado de Felipe González manchado de cal viva refleja el voltaje de la relación entre ambos partidos que no parece que tenga una fácil resolución, ya que el objetivo real de ambas formaciones no es otro que la hegemonía en el espacio de la izquierda.
El PSOE es un animal debilitado desde las elecciones del 20D y la formación morada ha olido sangre y no va a dejar que el espacio electoral se le escape, a pesar de la valoración partidista e interesada de algunos medios y analistas que consideran que la investidura de Pedro Sanchez ha supuesto una revalorización de su figura política con vistas a la segunda cita electoral. Hay que recordar que el PSOE mantuvo tradicionalmente su hegemonía maltratando políticamente a IU, lo que no parece que vaya a tolerar Pablo Iglesias.
También hay que recordar que esta misma tarde Susana Díaz, la Presidenta de Andalucía, comparecía en el Parlamento para hacer un balance de su gestión mientras que Pedro Sanchez se defendía en el Congreso, pisándole la agenda de la sesión de investidura de su secretario general inexplicablemente.
El actor secundario, Albert Rivera, a quien hay que reconocer una insustancialidad progresiva desde el 20D que tira por la borda su acreditada gestión política en Cataluña, pretende marcar las decisiones internas en el Partido Popular y se ha incorporado al váyase señor Rajoy que es el lema promocional y la única bandera de Pedro Sanchez.
Su argumentario para defender esta pretensión es equivocada, ya que considera que Mariano Rajoy no es capaz de abordar las reformas que el país necesita ni liderar la lucha contra la corrupción. Afirmaciones que no se compadecen con las numerosas reformas que el Gobierno ha aprobado estos últimos cuatro años – solo debe repasar el BOE- y la purga de limpieza, silenciosa y tranquila que Rajoy ha realizado en las estructuras internas de la calle Génova.
Rivera declaró que apoyaba la elección de Patxi Lopez a la presidencia del Congreso para favorecer la no concurrencia de grupo político con la presidencia del Gobierno. Muy pronto ha hecho lo contrario de lo que dijo, como también sucede con su predica de las primarias que incumple sistemáticamente en las organizaciones provinciales que le plantean oposición, a las que somete con férreos controles distantes del respeto básico a la democracia interna.
Razonablemente quiere evitar la segunda convocatoria electoral y su papel de peón de brega de Pedro Sanchez y del PSOE de Andalucía, donde pone sordina y practica el silencio de los corderos ante los casos de corrupción. Acredita inmadurez en la política nacional y propensión a las amistades peligrosa políticamente que le va a costar algunos miles de voto.
Debe tener cuidado y recordar el precedente de Rosa Diez que después de una buena presentación, acabó equivocándose reiteradamente en su estrategia.

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