Investidura a la contra, sin diagnóstico ni cambio

Si el diagnóstico está equivocado, la conclusión no puede ser acertada. Y el problema de Pedro Sánchez es que en su pretendida investidura parte de tres errores en el diagnóstico de los resultados electorales y en la estimación de la respuesta de los partidos políticos que consiguieron representación parlamentaria.

El primero, cuando considera que los electores el 20 de diciembre votaron cambio. No hay más que recordar que los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, plantearon antes y durante la campaña electoral, una enmienda a la totalidad a la posición dominante del Partido Popular y del PSOE en los últimos 35 años de la política española. Una alternativa que no ha sido ratificada por las urnas, ya que los dos grandes partidos suman 213 escaños y aunque su posición relativa se ha reducido sustancialmente, representan el 60 por ciento del Congreso de los Diputados y una mayoría absoluta amplia en el Senado en el que la representación de los dos nuevos partidos es muy reducida.

El segundo error lo comete Pedro Sánchez cuando considera que él es el llamado a liderar el nuevo tiempo político. En esa elucubración, se ofrece al Jefe del Estado sin tener armado y ni siquiera tanteado un pre acuerdo que avalase su pretendida investidura, convertida en una acción de promoción personal con actitud voluntarista y sobrada de estimación a su persona.
Pedro Sánchez ha utilizado o mas certeramente ha manipulado la normalidad del mecanismo constitucional para trastocar la propuesta del Jefe del Estado como si hubiera sido ungido por el Rey y el destino. Recuerden la frase que le dedicó Pablo Iglesias, “la sonrisa del destino”.

No sabemos evidentemente cual fue el contenido de la conversación con el Rey, pero lo que es indudable es que ofreció una mayoría a favor de su candidatura que no tenía ni siquiera asentada en unos básicos preacuerdos.

El tercer error de Pedro Sánchez, esta en su valoración y estimación de los demás grupos parlamentarios a los que en cierta ha menospreciado, considerando que son meros figurantes en la escena y decorado que ha dibujado.

Especialmente se ha equivocado con Pablo Iglesias y Podemos a quienes ha situado en un espacio de adhesión obligatoria a su investidura bajo el lema de que me deben el voto ya que en caso contrario, la alternativa es Rajoy.

Pablo Iglesias le enseño las garras el mismo día en que acudió a la audiencia con el Jefe del Estado. Y con absoluta coherencia y un punto de sobre actuación le marcó el territorio si quería un acuerdo para ser presidente. Un gobierno de coalición que ejecuta un programa de investidura con reparto de responsabilidades para garantizar el control del programa y su cumplimiento.

En técnica política es absolutamente racional, coherente y el modelo de los gobiernos de coalición en Europa.

En este apartado, como las declaraciones de Pablo Iglesias le provocaron una gran incomodidad en la relación interna de fuerzas en el PSOE, acudió a la tabla de salvación de Ciudadanos, el plan B, pensado que provocaría una reacción en los poderes económicos y sociales próximos al PP bajo el principio del mal menor y el miedo a Podemos. Eso sí, con una previa descalificación general al PP, a su líder Rajoy y a sus votantes, a quienes mandaba directamente al averno político.

Con estos mimbres ha llegado a la sesión de investidura con un acuerdo programático con Ciudadanos que no pasa de ser un ejercicio de redacción escolar, lleno de lugares comunes y muy poco elaborada.

Así lo acredita el sainete de las Diputaciones Provinciales, cuya supresión es un bocado a la autonomía municipal en beneficio del mayor poder de las Comunidades Autónomas y su supresión afecta a una institución que cumple funciones tan básicas como las mancomunidades de bomberos y la recaudación ejecutiva de los tributos municipales.

Su intervención ha dejado al descubierto esta secuencia de hechos. Ni es él la fuerza del cambio, ni propone un cambio real en la política española, ni suma los apoyos suficientes para el cambio.

Pedro Sánchez ha referenciado el cambio exclusivamente en la exclusión de Rajoy y del PP, cuando la aritmética electoral exigiría en todo caso, cualquiera que fuera la investidura, la colaboración activa del Partido Popular.

Pedro Sánchez repudia el frentismo pero practica el frentismo. Condena la corrupción pero olvida la de su partido. Proclama el cambio pero no ofrece sino el programa económico y político de Zapatero como Alicia en el país de las maravillas.

Un programa sin modelo basado en generalidades y tópicos -economía sostenible, cierre de nucleares, sistema energético, derogación de las reformas- y todo se puede hacer la próxima semana.

Un diagnostico equivocado de los últimos años y de la realidad de España que conduce directamente a una investidura fallida, lo que sin duda le hará pasar a la Historia.

Será el primer candidato en estos 37 años democracia que fracasa y no consigue la confianza del Congreso de los Diputados.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *