Un mes después del 20 D

Cumplido un mes desde la celebración de las elecciones el 20D, el panorama político confirma los comportamientos que avanzaba tras el recuento de votos en la noche electoral.

La valoración del escrutinio electoral por el PSOE parte de una deformación de la voluntad de los ciudadanos constatada y expresada en la distribución numérica de los escaños en el Congreso de los Diputados y en el Senado que también existe y es una realidad institucional que va jugar un papel importantísimo en el momento político actual.

Los electores, lo entienda o no Pedro Sánchez y su equipo, han votado al Partido Popular como primer partido y han situado a 33 escaños al Partido Socialista. Hay un tercio más de diputados populares en el Congreso que socialistas y si nos vamos al Senado, el PP mantiene una diferencia de 77 senadores de elección directa en las elecciones de 2015.

Si Pedro Sánchez piensa que el voto de Podemos es intercambiable con el voto del PSOE se equivoca rotundamente. Los electores que han elegido a 69 diputados en las distintas formaciones que se agrupan bajo la envoltura de Podemos no le han votado ni le han mandatado para ser el “arquitecto del nuevo Gobierno”. Si así lo hubieran querido los ciudadanos es evidente que hubieran votado como primer partido a los socialistas. Y no lo han hecho.

Lo que Pedro Sánchez está procurando es su supervivencia personal y salvar su carrera política, lo que tiene sentido desde una perspectiva exclusivamente personal, pero es incompatible con los principios de coherencia y responsabilidad política. Y sobre todo es muy negativo para el ideario, la historia y el protagonismo que ha tenido el PSOE en los 37 años de vida de la Constitución de 1978.

La foto actual de España con todas sus virtudes y sus defectos es el resultado de 22 años de Gobierno socialista y 12 años de Gobierno popular. Los resultados electorales han permitido gobernar con mayorías absolutas y sin mayorías absolutas y lo que los electores han votado el 20D es una nueva forma de gobernar protagonizada conjuntamente por los dos grandes partidos, a fin de que lideren una agenda de reformas que mejoren y actualicen nuestro sistema político e institucional.

Realmente es preocupante para el país y temerario para el PSOE deslizarse a un tripartito con Podemos y los independentistas, los catalanes y los que están cobijados bajo el paraguas de Pablo Iglesias. Sobre todo si la presentación de esta plataforma de gobierno se verbaliza como progresista, porque no es sino la traslación a nuestro país del modelo fallido de Grecia aderezado con una fuerte tendencia secesionista y disolvente de la igualdad, la identidad y la libertad en España.

En la composición actual de las Cámaras no es posible una reforma constitucional sin el voto favorable del Partido Popular. Tampoco es posible un procedimiento legislativo ordinario sin el acuerdo con el Partido Popular que podrá ejercer el derecho de veto en el Senado y ralentizar la iniciativa legislativa del Gobierno.

En consecuencia la imagen final reflejaría inestabilidad, incertidumbre e incoherencia con los compromisos asumidos por España como miembro de la UE, lo que se traduciría en mas paro, fracaso de la recuperación económica y retorno a los tiempos más duros de los años 2010 a 2012.

Pedro Sánchez no contesta a tres cuestiones fundamentales que exigen respuesta inmediata de los gobernantes. ¿Va a mantener el cumplimiento de los compromisos de política económica acordados con la UE, el Banco Central y el FMI?¿Va tolerar que lo secesionistas aprueben leyes y ejecuten actos que supongan una vulneración de la Constitución y del Ordenamiento jurídico, lo que harán con o sin Constitución federal que, en todo caso, no podrá ser aprobada en esta legislatura? ¿ Va a compartir un modelo de reforma constitucional que haga de España una República Federal de naciones adheridas al Estado provisionalmente y que quiebre el principio de igualdad y de distribución solidaria de los recursos públicos?

Esto es lo que se debate en este tiempo político plagado de exhibicionismo que encubre la irrelevancia, la insolvencia intelectual, la ignorancia de la historia política y l a incompetencia de muchos de los auto titulados nuevos políticos.
Y en este orden Abert Rivera y su formación está siendo una decepción. De momento ha jugado un papel de puente en la elección de la Mesa del Congreso en la que Ciudadanos ha balbuceado la condición, que no se cumplirá, de que no concurra un mismo partido en la Presidencia del Congreso y en la del Gobierno.

El elegido Patxi Lopez a los cinco minutos ya dijo que no piensa dimitir cualquiera que sea el partido que asuma la Presidencia del Gobierno.

Si Ciudadanos quiere hacer una función de by pass con eficacia y sin engaños tendría que haber impulsado una reunión a tres bandas, PP,PSOE y Ciudadanos que definiese la agenda de reformas incluida la constitucional y las garantías de cada partido para pactar una coalición o un pacto de legislatura que de estabilidad y que acorte unos tiempos excesivos que solo sirven para manosear la política y revelar que una vez mas no se sitúa a los ciudadanos en el centro de la actividad política.

La escasa exigencia de cumplimiento de los acuerdos pactados por Ciudadanos que en la Junta de Andalucía posibilitaron la investidura de Susana López no avala su rigor, seriedad y simetría cuando otorga el apoyo de sus votantes a otro partido. No se comporta de igual manera Rivera con el PP que con el PSOE. Su almibarada equidistancia no reconoce la aritmética electoral y en último término se cubre ante unas nuevas elecciones que los electores no han excluido ni rechazado.

La modernidad en política y las nuevas formas es algo más solido que no ponerse corbata o vestir chaqueta con pantalones vaqueros.

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