La adaptabilidad constitucional y el dilema de Sánchez

Finalizada la tregua de la Navidad con el sobresalto de la Bolsa China que ha contaminado los mercados internacionales –si la Bolsa China tiene gripe, el mundo occidental coge una pulmonía- volvemos al tablero de ajedrez para la composición de una mayoría que obtenga la investidura de un Presidente para una legislatura que será corta, compleja y discontinua en la acción de gobierno.

Un Presidente que será el prisionero de Zenda, secuestrado por su hermanastro político –un papel que le va como anillo al dedo a Pablo Iglesias- suplantado por el turista, Pedro Sánchez es el viajero accidental del PSOE y al que solo se podrá rescatar tras unas nuevas elecciones que deshaga el entuerto de un país de políticos a los que los ciudadanos les piden sentido común y le contestan con evasivas. Eso si se cumplen los peores presagios, por que haber soluciones, las hay para evitar entrar en una carretera que lleva a un precipio.

El resultado electoral no ha dinamitado ni el bipartidismo ni el sistema constitucional de 1978.Simplemente ha demostrado su capacidad de recoger en nuestra estructura política diversas opciones y variantes, lo cual dice mucho de su flexibilidad y del acierto de los ponentes constitucionales.

Un sistema capaz de acomodarse a los tiempos y de corregir los excesos, dando lugar a modelos nuevos y formulas inéditas, es un ejemplo de adaptabilidad o si lo quieren de usabilidad que es el término que se utiliza en informática para valorar la eficacia de una aplicación.

El Derecho tiene el estigma de ir por detrás de los hechos sociales que una vez que nacen se regulan. Por ello los ordenamientos jurídicos de Derecho no escrito, basados en el common law, tienen una mayor capacidad de adaptación a la realidad social que los sistemas de Derecho codificado. Y sin perjuicio de conservar sus tradiciones como sucede con toda visibilidad en el Parlamento británico y en su Cámara de los Lores.

Los ciudadanos han decidido un cambio en la forma de gobernar, en un claro mensaje dirigido a los dos grandes partidos PP y PSOE para que corrijan sus excesos y errores e incorporen reformas políticas sin alterar las grandes líneas de lo que han sido los 37 años de democracia. Los 213 diputados que representan al 60 por ciento del Congreso de los Diputados son una mayoría con legitimidad para abordar una etapa de estabilidad y de reformas que impulsen la quinta modernización de España.

La primera fue la transición, la segunda el Mercado Común, la tercera la entrada en la OTAN y la cuarta el euro. Un nuevo objetivo, la quinta modernización que al final de la legislatura presente a los ciudadanos una reforma constitucional realista, acotada y con solidez jurídica elaborada desde los principios y criterios de la Constitución de 1978 como un amejoramiento – expresión que se utilizaba en los Fueros- de nuestra Ley Fundamental.

Los hechos son tozudos y los electores no han querido hacer añicos el sistema instaurado en la transición, sino corregir conductas, inercias, hipertrofias y los cuerpos nocivos que han colonizado instituciones.

Si los partidos emergentes creen que han accedido a las puertas del castillo y que pueden hacer prisionero como en Zenda al Gobierno, están muy equivocados y demostrarían que en su formación básica suspendieron la aritmética.

Con 100 diputados dispersos en cinco grupos políticos divergentes –las siglas de Podemos no son hoy por hoy una formación con una consistencia homogénea- los electores les han dado un papel secundario y solo pueden aspirar a ser quienes abran ventanas en la política sin ordenar los procesos finales.

Esta claro que Mariano Rajoy ha entendido el mensaje y así resulta de sus declaraciones. El político gallego tendrá los defectos que interesadamente y con cierta ignorancia del núcleo solido del personaje algunos le quieran atribuir, pero tiene el sexto sentido político mas desarrollado que sus contendientes y ,hoy por hoy, con una indudable experiencia como espectador privilegiado de la política, de los errores de los Presidentes que le han antecedido y de los comportamientos electorales de los españoles: de lo que quieren, de lo que toleran y de lo que consideran inaceptable.

Va a jugar la partida con paciencia y sin sobreactuar. En su pasado político fue el encargado de negociar con el PSOE los temas que exigían acuerdos. En la oposición, Ministerio de Administraciones Territoriales, en Interior y en la Vicepresidencia. Y se llegaron acuerdos en el desarrollo del Estado de la Autonomía, en el terrorismo y en proyectos legislativos muy significativos.

La duda si Pedro Sánchez será capaz desoír los cantos delas sirenas de Portugal que habitan en las frías aguas de la boca del inferno y equivocarse en el diagnóstico considerando que su enemigo político es Rajoy y el Partido Popular.

La experiencia de los acuerdos del PSOE con Podemos y demás compañeros del entorno ha servido para situar al centenario PSOE en el peor resultado desde 1978.Si Pedro Sánchez llega a la conclusión de que los equivocado son los otros y que es víctima de una conspiración interna y del IBEX 35 presentaría síntomas evidentes de alejamiento de la realidad.

La asomatognosia política –pérdida de noción en el espacio y el tiempo- es una enfermedad grave.

Mariano Rajoy lo ha dicho fuerte y claro. No hay líneas rojas.

Sería una paradoja que Sánchez que se valora mucho a si mismo se auto devorase. Tiene una oportunidad histórica de que la democracia española de un ejemplo de madurez y su aportación es fundamental para equilibrar el peso mediterráneo en las decisiones de la UE con los socialistas Renzi y Hollande que han demostrado su adaptabilidad y a quienes debería haber visitado antes que al Presidente Portugués Antonio Luis Santos da Costa que, en cualquier caso, tiene una dilatada carrera política con un amplio periodo en la Alcaldía de Lisboa.

Hay dos frases que hay que repetir en política y en la vida ante ciertos dilemas. Es peor haber tenido oportunidades y no saberlas aprovechar que no haberlas tenido nunca. Y más vale trabajar sobre la realidad que sobre tus propias convicciones.

La realidad hoy es tozuda y está escrita en los números de los resultados del 20 de diciembre.

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