Los debates no deciden nada

Ni el debate a cuatro de A3 celebrado ni el cara a cara de TVE que tendrá lugar entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez serán decisivos ni moverán las tendencias que están reflejando las encuestas, por mucho que el propio medio de comunicación quiera plantear el debate como el debate del siglo.

Las encuestas están recogiendo las distintas posiciones que existen en la sociedad española y que son el resultado de las transformaciones y los acontecimientos que se han vivido en los últimos ocho años , como consecuencia de la crisis y de los sucesos que han removido la política y la economía.

Unos años que se han caracterizado por la crisis, por los casos de corrupción y por los cambios, algunos tan importantes como la sucesión en la Jefatura del Estado.

La crisis no necesita explicaciones y ha azotado a casi la totalidad de los sectores sociales y económicos, aun cuando evidentemente con diferente capacidad de resistencia.

Pero no cabe duda que tanto las estructuras del Estado del Bienestar como las cajas de resistencia familiares han paliado los efectos devastadores de la crisis más profunda de los últimos cincuenta años. Este país que ha realizado una transformación intensa y profunda en el mismo periodo de tiempo, ha recibido el duro embate internacional e interno con unas estructuras mucho más sólidas y firmes.

El sistema de bienestar social ha funcionado razonablemente y salvo momentos como el que protagonizó 15 M, en el que el cansancio social llegó a su máxima expresión, el clima social del país no ha tenido graves situaciones de tensión ciudadana.

En los puntos más álgidos de la crisis, la percepción exterior de lo que sucedía en España distorsionaba y exageraba la situación interna del país. Los amigos extranjeros te transmitían una percepción de conflicto interno que aquí no se percibía.

Los votantes de centro derecha que habían apoyado al PP en el año 2011 conscientes de la gravedad de la situación y de la incapacidad de Zapatero para afrontar las reformas necesarias y las recomendaciones cuasi imperativas que venían de la Unión Europea y de las Instituciones Internacionales -Obama incluido- han mantenido básicamente su apoyo crítico al PP que acredita un suelo próximo al 30 por ciento del electorado.
Comparativamente con el desgaste en otros países europeos de sus respectivos Gobiernos que ha gestionado la crisis, el resultado es excepcional. Al mismo tiempo los electores se han mostrado muy críticos con el PP y con el Gobierno.

La corrupción, los impuestos y una cierta desidia en la comunicación han pasado factura especialmente entre los menores de 35 años y le va a costar un importante número de votos y de escaños. La narrativa de lo que se encontró en 2011 y la explicación de las numerosas reformas que ha hecho el Gobierno durante este tiempo no ha sido muy afortunada, lo que junto a un oscurecimiento, voluntario o inconsciente de Mariano Rajoy, está en la causa de la perdida de la mayoría absoluta que siempre es muy difícil de conseguir.

Por ello la decisión de Rajoy de no asistir al debate a cuatro, por muchos tweets y admoniciones de terceros, ha sido acertada desde la perspectiva de la estrategia electoral. Lo recuperado en las últimas semanas no se podía tirar por la borda en un debate en el que todos los demás partidos se dedicarían a censurar al candidato y al Gobierno.

Rotundamente, el debate no le ha privado a Rajoy de ningún voto que no tuviera ya asignado en su casillero. A la inversa, el debate ha servido para poner de manifiesto la difícil situación de Pedro Sánchez que ha forzado la sonrisa para intentar disimular un evidente estado de tensión aprisionado desde el centro por la moderación e imagen joven de Albert Rivera y desde la izquierda por el el discurso social de Pablo Iglesias que ha canibalizado a IU y quiere ensanchar su electorado penetrando más allá de la frontera con el PSOE.

Albert Rivera no comete muchos errores, si bien empieza a manifestar un cierto agotamiento en su trayectoria al alza que ha sido estimable. Lo que dice lo cuenta bien, no pierde su posición en el centro, ha actualizado algunas líneas programáticas que estaban en el entorno natural del PP y de momento muestra sensatez.

En definitiva conecta con amplias capas urbanas y jóvenes de la sociedad española, que tienen pocos complejos y ataduras respecto a soluciones establecidas y que demandan una corrección en las formas de los grandes partidos. Su apuesta por el consenso es acertada y se ha echado en falta en la gestión de la crisis. En su debe está su inexperiencia y un partido sin cuadros formado por aluvión con un rápido crecimiento que le puede provocar situaciones incomodas.

En definitiva, la sociedad está apostando por Ciudadanos como un corrector de los vicios de los grandes partidos, especialmente del PP y los electores le están dando la oportunidad de ser una fuerza política decisiva. Veremos si la aprovechan adecuadamente y trasladan el efecto regenerador a la política sin paralizar el país.
El modelo del 20D parece ya inamovible. El PP gobernará en minoría y sujeto a un control exhaustivo por los restantes grupos parlamentarios con los que tendrá que articular una estrategia continuada y permanente de pactos.

En consecuencia, no debe equivocarse en los objetivos y en los tiempos políticos de cada momento.
La ventaja es que Mariano Rajoy no sobreactúa nunca. Ni siquiera cuando juega al futbolín.Y que además vamos a una legislatura corta.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *