La campaña se retrasa

La declaración secesionista en Cataluña y los atentados de París han postergado la precampaña electoral que habitualmente se iniciaba dese el mismo día de la convocatoria electoral. Hay un cierto compás de espera ante lo que pueda suceder en los próximos días y un clima político bastante frío. Los partidos y sus líderes no quieren equivocarse y todos se contienen en sus declaraciones y se mueven al son de lo políticamente correcto.

Por no haber no hay ni programas, ya que las propuestas que se han presentado, como la económica de Ciudadanos o la del PSOE ha pasado casi inadvertidas. Si esto de las elecciones fuera un partido de fútbol, dirían los comentaristas que los equipos se están tanteando, se temen y toman muchas preocupaciones. Todos están más preocupados de meterse un gol en propia puerta que de llegar al área contraria.

Las propuestas políticas y económicas de los partidos son muy poco innovadoras y no ofrecen grandes novedades. El PSOE pretende deshacer el camino andado en estos cuatro años. Un recorrido que ha sido dirigido por el Gobierno, pero protagonizado por la mayoría de la sociedad que es la que ha hecho el esfuerzo en los ajustes y ha tenido el arrojo suficiente para abordar reformas e introducir nuevos modos de comportamientos más eficientes.
La propuesta de derogar la reforma laboral del PSOE aun cuando sin revisar el cálculo de la indemnización por despido, es un sin sentido. Como también carece de toda razón su portavoz Jordi Sevilla que en el debate que protagonizó con Alvaro Nadal en la cadena SER pretendía convencer a los oyentes que la responsabilidad de la crisis era del Gobierno de Rajoy, como si la historia hubiera empezado hace cuatro años y que no hay realmente una estabilización y recuperación económica, solo atribuible según su criterio a la bajada del precio del petróleo y al señor Draghi al frente del BCE.

Con más frecuencia de la debida incurren algunos políticos en negar lo obvio, acudiendo a los lugares comunes, como si los electores fuesen tan manipulables y estúpidos que no son capaces de percibir la realidad y comprender los escenarios.

El debate, por cierto, fue tan tecnocrático y poco clarividente - no hicieron ninguna referencia a la globalización y a los retos y disfunciones de la economía de la UE en un mundo abierto y agresivamente competitivo- que a pesar del perfil profesional de los dos intervinientes, siendo a primera hora de la mañana no debió recabar mucha atención ni reclutar nuevos votantes.

Una cantinela que se repite reiteradamente es el cambio del modelo productivo de nuestra economía. Todos los partidos afirman que van a crear empleo y corregirán la pobreza y la desigualdad, sin pasar del enunciado a la explicación concreta de medidas aplicables, más de allá de la renta mínima garantizada universal, propuesta por Podemos y el complemento salarial - salario anual garantizado para cinco millones de hogares, lo que supone 10 millones de españoles y que según Ciudadanos se resuelve con el 1 por ciento del PIB.

Además, de la propia inconsistencia de las propuestas que ni tienen solvencia presupuestaria ni se integran en el sistema público de pensiones no contributivas y rentas de inserción -que como ha declarado el ministro de Economía, Luis de Guindos, las primeras se tienen que financiar con impuestos- los objetivos para los próximos años deben ser mantener el crecimiento, abaratar el coste de nuestra deuda viva, lo que exige estabilidad presupuestaria e impulsar las inversiones productivas que son las que generan empleo.

La economía española tiene que intensificar su internacionalización, tanto desde la perspectiva de las exportaciones como favoreciendo la llegada de capital inversor y de visitantes y residentes extranjeros. Por tanto, una economía más abierta en la que la seguridad jurídica, la flexibilidad y la competitividad por vía de la calidad en relación con los precios conviertan España un mercado muy competitivo. La ecuación estabilidad presupuestaria, inversión, fiscalidad moderada, crecimiento y empleo es inescindible y los demás es construir castillos en el aire y contar fabulas a los ciudadanos.

La afirmación del portavoz del PSOE de que Rajoy ha desmantelado el Estado del Bienestar es insustancial y una falsedad radical, como lo acreditan los sucesivos Presupuestos generales del Estado que han mantenido el gasto en pensiones, en prestaciones por desempleo y en servicios de sanidad y educación y lo que se ha recortado radicalmente son las inversiones públicas, como empezó a hacer Zapatero en 2010 en plena eclosión de la crisis.
Todos los españoles hemos sufrido la devaluación y un ajuste duro, especialmente los que han perdido su empleo o sus empresas, como consecuencia de la grave crisis financiera internacional y de los desequilibrios de la economía española advertidos por el ministro Solbes y negados hasta la reiteración por Zapatero.

Dentro de pocos días, si no se repiten atentados yihadistas en Europa, la campaña electoral recobrará interés y emoción. Rajoy está demostrando que también sabe aplicar políticas de diálogo abierto con los restantes grupos y esta estrategia está desconcertando a los opositores.

Ciudadanos quiere ser el detonante de la disolución del “bipartidismo denigrante”. El PSOE predica la tabla rasa con las políticas de Rajoy pero las encuestas reflejan que no recupera bolsas de electores que les abandonaron en 2011 y además el partido y su líder están políticamente emparedados entre Rivera y Pablo Iglesias.

Y Podemos está transmutándose como la oruga que sale de su capullo y se convierte en una colorista mariposa, en un proceso demasiado artificial para su público real y potencial.

El valor de la estabilidad y de la veteranía que vale un grado remonta posiciones. Rajoy lo sabe y solo necesita que los acompañantes no se salgan de la partitura.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *