La FIFA y el ojo del águila calva

El caso FIFA o caso Blatter continúa y tiene una derivada en el caso UEFA o caso Platini. La pretensión del veterano Blatter a blindarse ante las investigaciones del FBI, enrocándose en el principio de autonomía e independencia federativo, una vez más y como siempre que hay un problema alegan sus dirigentes, ha claudicado ante sus propios compañeros miembros del Comité de Ética.

La retirada de los “main sponsor”, las grandes firmas comerciales que mantienen los grandes ingresos recurrentes del organismo, empezó a llevar la preocupación al resto de los miembros que veían peligrar una de las grandes fuentes de financiación.

Los principales patrocinadores del deporte en el Comité Olímpico Internacional, la FIFA y la UEFA, están dispuestos a seguir aportando grandes cantidades a los acontecimientos deportivos mundiales, pero no van a poner en riesgo la reputación de su marca, ni van a tolerar que sus presidentes o principales directivos sean fotografiados dándole la mano a un dirigente deportivo investigado por corrupción y más si quien aporta las pruebas es el FBI.

El COI con ocasión de los juegos de invierno de Salt Lake City, ya tuvo que depurar responsabilidades por corrupción en la designación de la sede. Un problema que fue abordado y resuelto inteligentemente por Juan Antonio Samaranch, un gran dirigente lleno de sentido común que puso en práctica los procedimientos y controles para cortar prebendas, regalos y compensaciones utilizadas por algunas ciudades candidatas para obtener el favor y el apoyo de miembros del Comité.

El caso FIFA y el caso UEFA tienen una dimensión doble: las comisiones que supuestamente han circulado y compartido sus Presidentes, Blatter y Platini, con transferencias no justificadas y la política de Blatter con el mundial de Rusia y su cercanía con Putin.

Que la única gran empresa que hay salido en apoyo de Blatter sea Pao Gazprom, la mayor compañía de Rusia, con capital privado pero controlada por el Estado, refleja el juego que se está produciendo en el tablero del caso UEFA entre las dos grandes potencias EEUU y Rusia.

El ojo del águila calva o de cabeza blanca que ocupa la posición central del escudo de EEUU y del identificativo presidencial, vigila desde las alturas las transferencias de fondos sospechosos que circulan por las redes financieras, más o menos camuflados que tienen su origen en Rusia y que puedan suministrar recursos a redes o actividades que pongan en riesgo su seguridad nacional.

Y en la red pesca, apareció entre tanta información que desconocemos, las transferencias a Blatter que estaba dando cariño con el balón de futbol a Putin. El veterano dirigente había olvidado las reglas básicas y entrando imprudentemente más de lo debido en la política internacional, olvidando que sus principales sponsor son grandes multinacionales con sede en EEUU.

El problema de las federaciones internacionales de los deportes de masas que mueven grandes cantidades y también de las nacionales es, primero de concepto, después de democracia y finalmente de transparencia.
Las federaciones, realmente sus dirigentes, se consideran entes supranacionales, sujetos únicamente al control de sus propios estatutos y al margen de la legislación y de la jurisdicción estatal.

El comportamiento de la Federación Española, negándose dar información auditada al Consejo Superior de Deportes y renunciando a la subvención para eludir controles, no es más que un reflejo de este modo de comportamiento:”Cuidado que si te metes en mi corral demasiado mi hermano mayor viene y te puedo sacar de las competiciones internacionales”.

Los estatutos federativo que recogen la tesis de que si se acude en el deporte a la jurisdicción ordinaria el apelante queda excluido de la competición, pretende extender de manera exorbitante este blindaje a toda su actividad.
No cabe duda que la justicia deportiva en la competición tiene todo su sentido y nadie puede sostener que una expulsión o una tarjeta pueden acabar en los juzgados. Pero de ahí, a vivir con “pasaporte diplomático deporte”, visa libre con minúscula y mayúscula y patente de corso por el mundo, hay un trecho amplio.

Los actores el futbol, los aficionados, los clubes, los deportistas y los inversores y patrocinadores que aportan fondos al deporte, tienen que ostentar y ejercer el control democrático. Y de este control resultará la transparencia.
El deporte del futbol profesional es un sector económico que mueve grandes recursos y genera empleo y actividad económica. Por ello no puede vivir en el mundo al margen de las normas y regulaciones de los demás sectores.
Otros deportes ya solucionaron este problema hace tiempo. El tenis y el golf profesional se organizan profesionalmente y al margen en su actividad de las federaciones que se limitan a las reglas, a su promoción y al deporte aficionado.

¿Serán capaces de entender lo actores del fútbol, clubs, jugadores, árbitros, entrenadores y aficionados que es un tiempo de cambio y reformas?

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