De la economía a Cataluña

La economía española está soportando bastante bien las turbulencias económicas de los últimos meses en los que se han concatenado situaciones y acontecimientos objetivamente negativos. La crisis griega ha sido seguida por el pinchazo de la Bolsa China que ha transmitido las dudas de su crecimiento económico y la ruptura de la burbuja bursátil, alimentada artificialmente desde las autoridades centrales.

A mayores, el crecimiento de la economía norteamericana en tasa anualizada se ha situado en el 2,3 por ciento, lo que también ha desinflado un cierto optimismo al estar por debajo de las expectativas que pronosticaban los analistas que preveían un crecimiento del PIB entre el 2,6 y el 2,9 por ciento.

En nuestro país, el crecimiento en el segundo trimestre se ha situado en el 1 por ciento, trasladando una buena velocidad de crucero en la superación de la crisis financiera. Si se contempla conjuntamente con los buenos datos del empleo y sobre todo el aumento de la población activa, presenta un balance y saldo positivo para Rajoy en relación a los datos de España en el 2011, año en el que finalizó su segunda legislatura el gobierno socialista de Zapatero.

Es indudable que hoy hay razones para un cierto optimismo. En todo caso, el Gobierno de Rajoy está siendo muy prudente y comedido y no ha puesto a teñir las campanas para celebrar las buenas noticias. Sin duda, tal y como está el patio de la política, con un alto grado de encanallamiento y de populismo plagado de simplezas y demagogia, sería razonable que desde La Moncloa se diseñara una estrategia de comunicación más solida y permeable que eleve el perfil bajo mantenido en comunicación y contrarreste el frentismo contra el PP.
Los aciertos de los gobiernos tienen que trasladarse a los ciudadanos, pues la oposición y los medios ya se preocupan de transmitir errores y formular críticas dentro del juego democrático. Con tanto barro de corrupción, azuzada estos días con el sumario del caso Púnica que ha propiciado revelaciones y conversaciones sorprendentes, el Gobierno de Rajoy tiene que aplicarse en su política de comunicación.

En este contexto se ha designado a García Albiol candidato líder en las elecciones catalanas del 27 de septiembre. Un relevo imprescindible ya que Alicia Sánchez Camacho que se mantiene en la Presidencia del PP catalán estaba reflejando un deslome en las encuestas mayúsculo.

Desde la izquierda se ha pretendido descalificar al que ha sido Alcalde de Badalona, la tercera ciudad por población de Cataluña y que sigue mejorando sus resultados electorales en cada convocatoria, con porcentajes por encima del 33 por ciento.

La perversión del lenguaje político llega a tal extremo que su lema de campaña de “limpiar Badalona” se pretende enmarcar en la imputación de racismo y xenofobia, calificativo que por mera inercia se adjudica a los vecinos de Badalona que le han votado, muchos de ellos ex votantes del PSOE en anteriores convocatorias. Badalona no es Pedralbes ni San Cugat sociológicamente.

La elección de Xavier Garcia Albiol por el PP catalán está apoyada en dos razones fundamentales: es un experimento contrastado electoralmente y define con rotundidad el espacio político que quiere ocupar el PP y que ha sido canibalizado por Ciudadanos con una política inteligente practicada por Albert Rivera en Cataluña y que los dirigentes populares no han detectado a tiempo.

El líder de Ciudadanos ha dejado Cataluña para incorporarse a la política nacional en Madrid. El equipaje de acompañantes para este viaje es muy escaso. Es difícilmente reconocible otra cara en Ciudadanos que no sea Rivera, Rivera y Rivera, elevado a la máxima potencia .Y así no se trabaja bien en política ni los resultados suelen acompañar.

La política exige equipos con formación acreditada en los distintos sectores y que atiendan a los distintos grupos sociales a quienes se pretende hacer llegar el mensaje. Albert Rivera mantiene un buen perfil moderado desde las últimas elecciones, pero incurre con demasiada frecuentes en un significativo grado de inmadurez. Su abandono de la política catalana le puede costar un buen puñado de votos a su formación, por mucho que su rostro se proyecte en la candidata. Si sucede como con su candidata en Madrid, de la que se desconoce hasta su tono de voz, las insuficiencias de los candidatos/candidatas se van a proyectar en poco tiempo. El manejo de los tiempos, en la vida y en la política es siempre estratégico.

Si además Rivera suele estropear unas buenas propuestas con aderezos inconsistentes -pacto educativo y dispensa a los repetidores, rigor económico y paralización de las infraestructuras del AVE, entre otras- Ciudadanos puede ser otra decepción y disolverse su atractivo entre los electores.

En Cataluña en todo caso, con vista al nuevo tiempo que se abre, muy poco constructivo, es evidente que hay que buscar una confluencia entre los constitucionalistas y definir unos denominadores comunes mínimos, manteniendo cada uno su propia identidad.

Las reglas y el terreno de juego son condiciones mínimas para el deporte y la política.

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