Lo previsible es más seguro

Si el Presidente del Gobierno tuviera que extraer los números del sorteo de euro millones, la combinación sería extremadamente previsible. Y probablemente aquellos que quisieran ver a Rajoy moviéndose políticamente al ritmo de la cumbia colombiana se equivocarían semana tras semana.

Quienes pensaban que después de las elecciones se iban a producir movimientos sísmicos en el partido y en el Gobierno han comprobado como los hechos han rebatido la previsión.

Realmente un cambio en Génova no era ni necesario, ni oportuno, ni adecuado a los estatutos del partido, más allá de la sustitución de Floriano que hacía doblete como portavoz y vicesecretario de organización. Una vicesecretaria que se ha dividido celularmente de dos en tres, incorporando la función de sectorial para acercarse a los distintos grupos sociales que presentan mayor distanciamiento político y a los que el PP quiere recuperar.

Si no se convocaba un Congreso que no se ha convocado, la sustitución de María Dolores de Cospedal como secretaria general, supondría que se centraba sobre su figura el negativo resultado electoral, siendo así que en estas elecciones municipales y autonómicas la mayoría de los candidatos comparecían con el bagaje de su acción de gobierno, en la cual poco ha tenido que ver la secretaria general. El mensaje con la mayor claridad es el siguiente: que cada palo, es decir cada candidato aguante la vela de su mal o buen resultado electoral.

Rajoy se ha hecho responsable, a partir de este momento en que toma las riendas del aparato de Génova, de su propio resultado en las elecciones generales, pero se ha desligado del espejo que le quería mostrar Juan Vicente Herrera y en el que la figura que se reflejaba, insustituiblemente, era la del propio Presidente de Castilla León.
Tenemos que acostumbrarnos a que la organización territorial del Estado se transpone necesariamente a las elecciones en cada territorio. Un buen ejemplo es el PSOE que mantiene su fortaleza en Andalucía contra viento y marea y sea cual sea el avatar del partido en el nivel nacional. Si estamos en un modelo cuasi federal desde la perspectiva institucional y competencial, también lo estaremos en la política electoral que anota en el casillero de cada líder autonómico su haber y su debe. Bauzá en Baleares, Fabra en Valencia y Luisa Fernanda Rudí en Aragón, son ejemplos de esta tesis.

Los tiempos y Rajoy presume de conocer los tiempos en política, justifican por la proximidad del final de legislatura efectuar un mero ajuste en la estructura de Génova. Nadie garantizaba que una profunda renovación interna a estas alturas tuviera alguna incidencia en el resultado de las próximas elecciones generales. De la misma manera, una remodelación intensa del Gobierno tampoco serviría más que para lastrar la velocidad de crucero, poca o mucha, del Gobierno.

Por ello Rajoy ha realizado un cambio a petición del interesado, el ministro Wert que estaba predestinado a ocupar la Dirección General de RTVE y acabó en el Ministerio de Educación al fallar el primer candidato. Su paso por el Ministerio no ha sido fácil, ya que lo que se denomina Comunidad educativa no ha estado nunca, ni antes ni ahora, dispuesta a analizar científica y racionalmente los resultados de nuestro modelo educativo. El empeño de los distintos sectores educativos sigue siendo demandar en primer lugar mayores recursos y después defender un nominalismo de cada materia o nivel propio de enseñanza, atomizado en cada Comunidad sin un modelo global, verdaderamente reformador y modernizador que supere el cantonalismo clientelista. Además, su ocupación mayoritaria por el PSOE es histórica.

En todo caso, Wert ha tenido poca paciencia ante la resistencia orgánica de muchos de sus interlocutores y le ha faltado mano izquierda. Su salida del Gobierno, bajándose del autobús antes del destino final, refleja su impaciencia. Entre lo público y lo privado, ha elegido privado, lo que es un ejercicio de libertad personal que a cuatro meses del proceso electoral podría haber subordinado al compromiso público.

Rajoy está convencido que debe ser desde el Gobierno desde donde se impulsen un conjunto de propuestas y medidas que saquen de la abstención a los electores del PP en los pocos meses que restan hasta el otoño, porque las elecciones se harán en los últimos días de otoño, pero en todo caso en otoño. La hipótesis del adelanto electoral tiene pocas probabilidades. El Gobierno va a finalizar la tramitación de los proyectos legislativos en tramitación en las Cámaras. Al mismo tiempo, Rajoy quiere dar tiempo a que los nuevos gobiernos municipales y autonómico den días y tardes de gloria y muestren a los electores sus ocurrencias y extravagancias.

La imputación de Griñán y Chaves por el Supremo recarga la mochila de los problemas de corrupción del PSOE de los que Sánchez pretende escapar, pero que le persiguen como una sombra implacable. Y el divorcio entre Convergencia y Unió corrobora un Artur Mas carbonizado, encerrado en su Álamo particular ante un panorama político en Cataluña completamente desestructurado.

Si además el laberinto Grecia versus UE-FMI se soluciona en los próximos días y se acuerda un marco estable para los próximos meses - toda negociación exige una tregua- la previsión aconseja rememorar a Julio Anguita y dedicarse al programa y a hacer visible la estabilidad del Gobierno.

Las mayorías absolutas se han puesto muy caras en la política española. Y no hay ninguna razón ni lógica ni estratégica para que Rajoy anticipe un escenario que no le favorece y cuyos patrocinadores son Sánchez y Pablo Iglesias.

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