Los pactos en los salones

Las dos semanas posteriores a la celebración de las elecciones municipales y autonómicas han sido muy poco ejemplares. Si lo que hemos visto es lo que se avecina, el futuro no pinta nada bien.

Ciudadanos y Podemos y sus respectivos líderes están encantados de haberse conocido en esta situación, pero el espectáculo de declaraciones y conversaciones que han protagonizado revelan una considerable inmadurez política. No se habla de proyectos, de reformas estructurales, fundamentalmente una reforma electoral que convierta al ciudadano elector en el dueño real de su voto.

De lo que se habla es de personas concretas en una especie de cacería política dirigida a colocar el mayor número de cabezas en la vitrina respectiva. Y Podemos que no se ha presentado y ha actuado como sponsor principal de varias candidaturas, continúa en su campaña de promoción dirigida a atribuirse unos resultados que no ha obtenido.

El objetivo, su alianza electoral con el PSOE, una vez canibalizada IU con la colaboración del infiltrado Alberto Garzón. Que tenga cuidado Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE que peor resultado ha obtenido en las municipales desde 1979, como le ha recordado Pablo Iglesias que está dispuesto a convertirse en el octavo pasajero en la nave de Ferraz. Joaquín Leguina que ha ganado elecciones, ya se lo ha advertido: que tenga cuidado con quién se mete en la cama.

Entre la actitud de Rivera entregado a bailar la yenka política y el frente contra el PP que quiere liderar Pedro Sánchez, las encuestas ya comienzan a corregir el resultado electoral y sitúan al PP como el partido más votado, según Metroscopia para El País.

Un PP que todavía no ha reaccionado y que está siguiendo el sainete del prólogo de los pactos con una cierta distancia. Y hace bien en no seguir el juego al que quiere llevarle Ciudadanos que pretende leerle la cartilla democrática un día sí y otro también, aunque se desconoce con qué legitimidad. Ni su resultado electoral ni las maneras de Rivera que se ha cargado la estructura de su organización en Madrid por medio de un correo electrónico, avalan ni las formas ni exigencias tan ridículas como la imposición de primarias a otro partido político.
Este caleidoscopio electoral, cuya forma final cambia cada día, pudo ser evitado si el Gobierno hubiera seguido con la reforma electoral anunciada en el ámbito municipal. En Francia y en Italia las elecciones municipales se denominan administrativas, expresando su encaje correcto constitucional y su auténtica función política. En España, incomprensiblemente, están hipertrofiadas, concediéndoles una transcendencia política injustificada.

Así la jueza Carmena pretende convertir el Ayuntamiento de Madrid es un Ministerio o Consejería de Asuntos Sociales bis, aunque lógicamente en el tema de los desahucios ha puesto freno a algunas pretensiones de integrantes de su lista, al afirmar que la decisión está en los jueces. Veremos cómo funciona con el tiempo la amalgama de su lista integrada por diversas procedencias: dirigentes de las Asociaciones de Vecinos, antiguos miembros de IU, movimientos vinculados al 15-M y “podemitas” de nuevo cuño.

Por lo menos, Carmena ha dejado en evidencia a Colau, la posible alcaldesa de Barcelona que para empezar ha planteado la desobediencia civil a las leyes. Es decir, como el Presidente de la Generalidad.

Visto el panorama y el escenario, como en la sala de los espejos de las ferias, la figura de Rajoy y de los cuadros del PP se agiganta y ya hay arrepentidos de haberse quedado en su casa el 24–M. Lo que no significa que Rajoy no tenga que hacer cambios en la estrategia y en determinados actores en el reparto, como ha anunciado.
La dirección política se parece bastante a la función de los entrenadores de fútbol. Hay que colocar a cada uno en su sitio y que todos jueguen para el equipo. Y no hay que emborracharse con los triunfos ni lamentarse excesivamente con las derrota.

Finalizado el escrutinio electoral, comienza el partido para las siguientes elecciones.

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