Aritmética básica electoral

Algunos de nuestros políticos no aprobarían la asignatura “aritmética básica electoral”, habida cuenta la valoración que realizan de las elecciones del 24 de mayo. Entre los suspendidos está el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez que se ha dedicado esta semana a la interpretación teatral. Alfonso Guerra, el hombre que condujo al PSOE a sus primeras victorias electorales en la restauración democrática de 1978, ya advirtió que la política es teatro. El político sevillano tenía sin duda unas dotes interpretativas e intelectuales que a su lado, Sánchez es un aprendiz.

El PSOE de Ferraz mantiene dos tesis: que no ha perdido las elecciones y que está en empate técnico con el Partido Popular. Todo lo cual lo cuenta Sánchez con un cierto aire de suficiencia y una sonrisa cuando levanta la vista del papel que está leyendo, bastante innecesario dado el escaso contenido de lo que dice. La sonrisa publicitaria sin embargo se le heló y se mudó en un cierto rictus desafiante, cuando en las reuniones de Sitges del Círculo de Economía el moderador de la mesa le recordó que el PSOE había perdido votos en las elecciones municipales y autonómicas, por lo que la pretendida frase feliz de que “el PSOE no está para administrar el cambio, sino en condiciones de gobernar el cambio” era evidentemente excesiva.

La aritmética electoral comparativa de las tres últimas elecciones municipales acredita que el PSOE ha pasado de tener el 35,31 por ciento en 2007 al 25,02 por ciento en 2015.Es decir, que ha perdido en este lapso electoral de ocho años casi 10 puntos sobre los votos emitidos.

Si comparamos los resultados entre 2011 y 2015, el PSOE ha pasado del 27,29 en 2011 al 25,02 en 2015.Despues de cuatro años en que el Gobierno de Rajoy ha gobernado la crisis financiera y económica más profunda y duradera de los últimos 50 años, con escándalos de corrupción amplificados, resulta que la dirección del primer partido de la oposición está satisfecha porque solo ha retrocedido más de 2 puntos.

En cualquier otro país indudablemente el líder de la oposición y su equipo habrían dimitido. Aquí Sánchez dice que el PSOE está en empate técnico con el PP y sigue tan feliz ante un Comité Federal en el que únicamente Eduardo Madina describió sin tapujos la realidad electoral socialista, camino de convertirse en la liebre de Pablo Iglesias que está también en pleno subidón y se ve como próximo Presidente del Gobierno, apoyado por la izquierda universal que es el envoltorio que da forma a las viejas y fracasadas políticas que pretende aplicar desde Podemos y Cía.

En el Partido Popular, la pérdida de votos que ha supuesto un retroceso entre 9 y 10 puntos en relación con las municipales de 2007 y 2011 -en la que se había estabilizado un porcentaje de voto superior al 36 por ciento- ha provocado reacciones poco reflexivas y precipitadas en algunos barones regionales.

En primer lugar, se han descargado las culpas sobre la figura de Mariano Rajoy y su Gobierno, cuando en las elecciones municipales y autonómicas cada candidato tiene su propia responsabilidad, no solo electoral sino también la gobernanza del partido en la Comunidad.

La salida de tono de Juan Vicente Herrera frente a Soria, Ministro de Industria, por el asunto de la subvención al carbón es un exceso injustificable a no ser que lo que se plantea es obtener votos a cambio de subvenciones. Y más impertinente aún es su referencia al PP canario que está muy lejos, no solo geográficamente, de Castilla y León.
En el PP se han cosechado resultados de todo tipo, malos, regulares, buenos y muy buenos, como por ejemplo los que han obtenido los Alcaldes de Vitoria y de Boadilla del Monte que han ratificado mayorías absolutas y a los que no les ha afectado el castigo a la marca Partido Popular.

Es evidente que el electorado ha querido dar un serio aviso a Génova y a Moncloa, votando algunos a Ciudadanos -que ha obtenido un 6,5 por ciento de votos de los que del orden de 4 puntos son votos del PP- y otros quedándose en su casa que es una actitud libre, pero que transmite al votante el poder de decisión del abstencionista, como un cheque en blanco, lo que no es muy aconsejable si se quiere defender las ideas y los intereses propios en una sociedad abierta.

Mariano Rajoy y el PP tienen margen de tiempo para la recuperación de una gran parte de los votos perdidos si ponen en marcha una solida estrategia que pasa por renovar y activar la sede de la calle Génova.

La puesta de largo de los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, los va a hacer visibles y finaliza el tiempo de presentar propuestas originales que no se van a cumplir. No hay mejor remedio que el tiempo para las efervescencias y más en este modelo de cohabitación que se ha inaugurado.

Mariano Rajoy lo ha dejado claro. Se va a volver a presentar y es el mejor candidato posible en este momento. Los resultados, Comunidad por Comunidad y Municipio por Municipio así lo confirman.

Además, de sus méritos propios que indudablemente los tiene, lo que ofrecen los demás actores es un regreso a las peores políticas del pasado. Y solamente hay que recordar lo que propusieron y lo que hicieron.

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