Elecciones a veinte días de navegación

El segundo round electoral, las elecciones municipales y autonómicas que se celebraran en 20 días, no es el combate del siglo como el que han protagonizado Mayweather y Pacquiao, pero va a confirmar o desmentir a las numerosas encuestas que aventuran un desplome del PP y un batacazo del PSOE.

De la silla de dos patas con alguna cuña que es el modelo que ha estado vigente desde la Constitución de 1978, pasamos electoralmente a una silla de cuatro patas. La desaparición de las mayorías absolutas o dominantes parece que es incontrovertible. El Gobierno de Rajoy sufre en su casillero el desgaste natural que han tenido los partidos en el Gobierno en estos tiempos de crisis, acentuando por los casos de corrupción mal administrados en su respuesta política y la astenia comunicativa que ha practicado Moncloa, no cubierta por Génova que ha demostrado una torpeza recalcitrante.

Y es un Gobierno que ha puesto en ejecución numerosas acciones políticas y legislativas que merecen una calificación favorable. En una conservación de amigos, defendía que este Gobierno ha acertado en un 75 por cien de las políticas que ha impulsado, entre otras razones porque ha seguido los criterios del directorio de la UE, como no podía ser de otra manera si quieres sobrevivir en este mundo globalizado. Sin embargo, mi interlocutor insistía en que el 25 por cien restante era muy negativo.

Y esta percepción social que el Gobierno de Rajoy ha dejado que se asentara en la opinión pública -las democracias, como dijo Maurice Duverger, son regímenes de opinión pública- está lo suficientemente enraizada en el electorado, según las encuestas, que va a generar un cambio de votos ex populares hacia Ciudadanos que simplemente tiene que poner el cesto y recogerlos como manzanas que caen de los arboles.

¿No ha sabido el Gobierno hacer frente a esta tendencia o no ha podido contrarrestarla? ¿No ha tenido en la calle Génova la inteligencia y la capacidad estratégica adecuada para cubrir los flancos abiertos en el quehacer diario de la política?

Lo cierto es que estas reflexiones, si alguien las hace ahora, de poco van a servir para corregir sus efectos, estando como estamos a 20 días de las municipales y autonómicas. El cuerpo electoral soberano parece que ha decidido guardar en un armario las mayorías absolutas. Si las elecciones municipales y autonómicas de 2011 más las generales del mismo año, dieron un poder incontestable y solo comparable con el que tuvo el PSOE de Felipe González en 1982, es evidente que los ciudadanos ahora entienden que los objetivos para los que otorgaron las mayorías absolutas, hoy han dejado de ser preeminentes.

Las dos grandes mayorías, la de 1982 y la de 2011, se otorgaron en unos momentos de máxima gravedad en nuestra democracia. Habían saltado las alarmas ante el golpe de Estado de 1981 y el aviso de default en la primavera de 2010 que se constató en la carta de la UE remitida a Zapatero fue un impacto tremendo, aunque menos espectacular ante la opinión pública.

El PSOE, en este mismo tiempo, ha perdido espacio político por su izquierda y por el centro. Alfredo Pérez Rubalcaba administró su interinidad como pudo, demostrando su oficio en la política que se hace más patente con la insustancialidad y levedad de su sucesor que no ha ligado un discurso con la sociedad, aun teniendo las hechuras de hombre anuncio. El think tank de Ferraz es actualmente un manantial seco.

Los dos outsiders, Podemos y Cía. y Ciudadanos, se benefician de la situación de distinta manera. Podemos, como en el ciclismo, se escapó del pelotón demasiado pronto y le empiezan a pesar las piernas, además, de comprobar que no hay equipo detrás que controle la carrera y apoye la escapada. La tocata fiscal y fuga de Monedero es el anuncio de la tensión entre “la gente” y la super estructura que está creando Pablo Iglesias, en esta contraposición dialéctica que tanto utilizó en sus análisis el marxismo.

Ciudadanos está demostrando que, aunque no están sus dirigentes contratados de interinos y becarios en las facultades de Ciencias Políticas, tienen más criterio programático en la ocupación del centro y menos desgaste ante la opinión pública.

En grandes líneas y con algunos errores puntuales -debe salirse del lío de Andalucía y no entrar en un partido que ha ganado ya y no es el suyo- su ocupación del espacio del centro político la está haciendo inteligentemente.
No necesita correr más de la cuenta Albert Rivera y le basta con la moderación, con un programa de mínimos comprensible y seguir presentándose aseado y con olor a Nenuco.

A partir del 24 de mayo, si cumple el principio de no entrar en los gobiernos, salvo que sea la fuerza más votada, no tiene que más que regular la llave de la gobernabilidad y comprobar cuan de profunda es la herida electoral del PP y del PSOE.

Que no es poco.

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