Que España funcione

Alguien en el Gobierno debería preocuparse de recuperar el eslogan del socialismo de Felipe González “que España funcione”, añadiendo “con normalidad”. Un eslogan que deberíamos recuperar para que el país desarrolle el funcionamiento normal de las instituciones y abandone un espectáculo creciente que, o es consecuencia de un cierto descontrol y desgobierno de los poderes del Estado, o alguien ha decidido convertirse en regidor, no se sabe si prudente o inconscientemente, de puestas en escena de guiones con los que demostrar que los poderes del Estado actúan frente a la corrupción. Como no puede ser de otra manera.

Y estos poderes del Estado trabajan los 365 días y las 24 horas de cada día. Cada vez con más información de los ciudadanos. La informática es implacable. Como anécdota, este fin de semana he cumplido con la obligación de entregar mi DNI para su escaneo junto con la tarjeta en El Corte Inglés, a los efectos de la entrada en vigor de la intensificación del control de blanqueo de capitales. Con lo cual el Gobierno conocerá el día en que los españolitos y españolitas hacen la compra y van de rebajas.

Con ello y sin prejuzgar la actuación de Rodrigo Rato, pues el cruce de afirmaciones y contra réplicas debe hacerse ya en sede judicial con mucho más criterio, lo que no parece muy aconsejable es que los poderes del Estado nos reproduzcan en vivo y en directo escenas de la última película de Woody Allen, “Blue Jasmine”, cuando Alec Baldwin es detenido en plena calle tras la delación de su mujer Cate Blanchett que despechada por la infidelidad pierde todo y acaba hablando sola enloquecida en la calle.

Realmente hay un fantástico guión de cine en lo que le ha sucedido a Rodrigo Rato, que se ha movido en los últimos años al compás de la bola de tenis que termina por caer a un lado de la pista en “Match Point” -puso ser el elegido por Aznar- y ahora ha protagonizado el remake en el barrio de Salamanca de la detención de Alec Baldwin que Woody Allen escenificó con menos medios.

En la lógica de la normalidad, Rodrigo Rato presentaría cuando fue diputado, y especialmente miembro del Gobierno, su declaración de bienes y actividades. Y se supone que la Inspección de servicios de la Administración del Estado comprobaría sus declaraciones con los archivos y datos de la Agencia Tributaria.

Parece que estos controles rutinarios y cotidianos sin estridencias, deberían ser normales. Como también sería lógico unos planes de Inspección ordinarios al dejar la actividad política para cotejar que todos los datos encajan naturalmente. Pero la Hacienda en unos casos es muy expansiva y en otros silente.

Lo que sucede es que las inspecciones de Hacienda suelen tocarles a unos más veces que a otros, o con mayor severidad, como estaba mañana rezumaba en su flash de opinión Iñaki Gabilondo.

Las situaciones conflictivas no deberían llegar a pudrirse tanto para que las reacciones tengan que ser tan espasmódicas. Hoy en muchos medios se afirma sin ambages que hay ajustes de cuentas en el PP, decisiones estratégicas discordantes y sobre todo un cierto pánico. Mal estarán las cosas si los cargos políticos deciden salvarse por su cuenta y el rumor toma cuerpo en la opinión pública. Este Gobierno se encuentra sumido en una tremenda contradicción ambiental. Contra mejor va la economía, peores noticias políticas caen sobre sus espaldas.

La encuesta de El Periódico de Cataluña que le atribuye una pérdida al PP de 80 escaños en el Congreso es un cataclismo y eso que fue realizada antes de la detención de Rodrigo Rato. Me figuro que cada mañana Rajoy, al arreglarse la barba ante el espejo se pregunta cuántos sapos tendrá que comerse hoy. La capacidad de digestión de la opinión pública empieza a estar saturada y los ciudadanos observan el espectáculo asombrados.

La sensación es que el Gobierno no reacciona y no sabe como taponar la vía de agua que lleva abierta desde el caso Bárcenas, que ha eclosionado en las elecciones andaluzas y que ha causado una hemorragia con las imágenes de Rato en el coche policial.

Los demás partidos mientras miran desde la barrera y aventuran una difícil, dura y complicada campaña electoral, en las que las navajas se blandirán sin compasión.

El centro se desocupa, y Ciudadanos y su líder Albert Rivera, recolectan votos simplemente con mirar y sonreír, aunque hay que reconocer que mejoran día a día sus avances del programa.

Al final sabremos si los electores están apostando por un modelo político italiano, de dilución del poder, de forma que el mejor gobierno es que no haya gobierno o un cierto mantenimiento de la estabilidad. Aunque puestos a optar por la primera fórmula, lo mejor sería otorgar un mandato temporal a una nueva troika formada por Merkel, Sarkozy y Varufakis.

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