Gobierno y Partido: La difícil relación

La relación entre un Gobierno cualquiera y el partido que le sustenta en el sistema político español, se traduce reiteradamente en una difícil relación que suele vaticinar un fracaso electoral.

Echando la vista atrás, la UCD es el primer ejemplo y el más despiadado de cómo las divergencias entre Gobierno y partido pueden llegar a tener resultados electorales catastróficos. Desde el famoso Congreso de Mallorca el Gobierno de Adolfo Suarez, el Grupo parlamentario y el partido vivían y hacían política en dimensiones diferentes. Y acabaron canibalizándose.

Luego llego el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra que advertido de lo que le había sucedido a los centristas, acuño la frase “el que se mueva no sale en la foto”, como advertencia a conspiradores y expertos en filtraciones.

A pesar del antecedente y de la experiencia acumulada en cabeza ajena, las relaciones entre González y Guerra se deterioraron y a partir de ese momento el tremendo poder electoral acumulado comenzó a desmoronarse. Gobierno y partido emitían también en ondas diferentes.

Cuando Aznar llegó al Gobierno, el general secretario Álvarez Cascos pasó a ser Ministro de la Presidencia con lo que teóricamente Moncloa, Génova y el Grupo Parlamentario estaban perfectamente enlazados. Además se nombró a un Coordinador Nacional, Ángel Acebes que cubría el espacio desocupado en la actividad diaria del partido. Y así se mantuvo hasta la segunda legislatura en la que, a pesar de la mayoría absoluta, las aguas empezaron a estar más revueltas con la salida de Álvarez Cascos y la llegada de Javier Arenas a la Secretaría General.

Si la historia se repite, las aguas turbulentas que empiezan a discurrir por el Partido Popular y que han salido a la luz en esta primavera, hacen presagiar un duro correctivo electoral.

Rajoy ha declarado que “No va a haber cambios. El Gobierno y el partido funcionan muy bien”. Una declaración demasiado voluntarista sobre tras los resultados de Andalucía donde se ha producido un correctivo al Gobierno de Madrid que PP de Andalucía no ha sabido contener, ausente y perdido desde las elecciones de 2012. Rajoy ha hecho de la estabilidad un signo distintivo de su política y, sin duda, ha contribuido eficazmente a sosegar el escenario turbulento que protagonizó Zapatero. Pero la aversión a los cambios puede convertirse en una perversion si se maximiza y se dogmatiza al margen de lo que demanda la realidad. Y esta realidad exige tomar la iniciativa y marcar el debate político una ves que se ha agotado por su propia inconsistencia la reiteración de los eslóganes de la oposición: austericidio, recortes y demolición del estado del bienestar. La recuperación económica y su traslación al empleo es incontestable como lo acreditan los 160.579 nuevos afiliados a la Seguridad Social del mes de marzo.

El Gobierno de Rajoy ha funcionado bastante bien y el setenta y cinco por ciento de su actividad acredita una agenda reformista bien engarzada con las recomendaciones técnicas de la UE y el BCE que ha dado resultados. Cuestión diferente es su política de comunicación, incapaz de hilvanar un relato atractivo y un repertorio de respuestas dirigidas a los electores. Le ha faltado narrativa a raudales y especialmente dirigida a sus diez millones de votantes que le dio su confianza en 2011 y que ha sido apaleados con la política fiscal de Montoro.

El Partido por su parte, Genova, ha sido incapaz de cubrir ese espacio y ni los protagonistas ni el guión ha tenido la menor relevancia. Si se añade que los nombramientos realizados en el Grupo Parlamentario, con la sustitución de Alonso por Hernando y en el secretariado de Organización, González Pons por Floriano, han sido un evidente error, crece la preocupación por el próximo futuro.

Y no es que Ciudadanos presente un panel de propuestas y de políticos que haga perder la cabeza. Por el momento, no tiene otro valor que su valiente y definida posición en Cataluña que no es poco y su virginidad en asuntos de corrupción. Por lo demás, no hay más que una buenas maneras y un contenido bastante inmaduro.

En todo caso, su breve curriculum va a laminar al PP de Cataluña en las próximas elecciones autonómicas.

Con unos malos resultados en Andalucía, en Valencia y en Cataluña y un retroceso muy significativo en Madrid, antes de las elecciones generales ¿podrá repetir Rajoy que el Gobierno y el partido funcionan muy bien?
Mas vale actuar y arrepentirse de ello que arrepentirse de no haber hecho nada.

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