Andalucía vota la estabilidad de lo conocido

El resultado de las elecciones en Andalucía con la victoria de Susana Díaz confirma el acierto en el adelanto electoral que respondía a la más pura lógica y estrategia política, como aventuraba en el artículo publicado el 21 de enero. Los socialistas han conseguido los cuatro objetivos que perseguían: ganar las elecciones; desbancar al PP como primera fuerza política; desembarazarse de IU y medir y parar a Podemos.

El PSOE tiene garantizados cuatro años de gobierno en la Junta de Andalucía relativamente tranquilos, pues a pesar de no tener mayoría absoluta, una coalición de los restantes partidos es metafísicamente imposible. Cuatro años en los que pactará en cada caso con quien le interese y se limitará la política legislativa en el Parlamento andaluz, al que solo llegaran los proyectos que estén bien cocinados en la trastienda de la política. Gobernar no exige en las CCAA hacer muchas leyes. Y cuando le convenga, Susana Díaz convocará nuevamente elecciones.

El resultado es un éxito personal de la candidata que ha marcado territorio con el líder del PSOE que ha desempeñado un mínimo papel en el reparto de la campaña como actor secundario.

Para el PP es un descalabro sin paliativos. Primero porque ha desandado todo el camino que había alcanzado en 2012, año en que ganó las elecciones con 50 diputados y, después, porque ha tomado carta de naturaleza en el espacio del centro político Ciudadanos y, especialmente, su líder Albert Rivera que ha pasado de ser un desconocido y una fuerza marginal en la política andaluza en estas elecciones a convertirse en un actor principal, a pesar de presentar un candidato a la Junta que han traído de Sanlúcar de Barrameda.

El agujero electoral que le han abierto al PP es importante y consecuencia de sus propios errores. Especialmente la calamitosa administración de la victoria de 2012 y la absurda resolución de la sustitución del liderazgo de Javier Arenas. Error en la designación de Moreno Bonilla, enviado a las horcas caudinas a pesar de su encomiable esfuerzo – la política exige algo más- y castigado el PP por la política del Gobierno de Madrid.

Rajoy ha asumido un papel muy relevante en la campaña, pero los andaluces han tenido la sensación de que solo va a Andalucía a pedir el voto, incurriendo en el recurrente error de no romper la estrategia del PSOE-A que confronta permanentemente Andalucía con el Gobierno de Madrid. Lo que le cuesta a Génova entender Andalucía y mantener una estrategia constante que tiene que estar apoyada en el voto urbano de sus alcaldes.

El resultado es un aviso importante de la pérdida de votos que el PP puede padecer a costa de Ciudadanos en las próximas convocatorias electorales, teniendo en cuenta que los grandes núcleos urbanos de Madrid, Barcelona y Valencia tienen un medio ambiente más favorables para la migración del voto hacia Ciudadanos. Si encima en el camino encuentra patrocinadores que les recuerda su origen catalán, lo tendrán más fácil.

La factura electoral lleva como apuntes la crisis, la corrupción y la comunicación con un alto grado de desidia que el PP ha practicado contumazmente, a pesar de una agenda de reformas y resultados que equilibraban a priori los mencionados apuntes.

Podemos canibaliza dos terceras partes de IU y suma en su casillero la movilización de un voto joven que sufre las consecuencias del altísimo grado de paro juvenil y que ha salido de la abstención. De aquí a ganar las elecciones todavía hay mucho trecho y a partir de ahora se acabó el baile de salón. Veremos cómo se desenvuelven en la compleja realidad andaluza y la cohesión real de la organización.

En el capítulo de las tragedias, IU desubicado y superado en el caladero de votos de la izquierda, ha pagado el peaje del Gobierno de coalición con el PSOE-A y el ascenso de Podemos, desubicado.

Y en este apartado de fracasos, se lleva la palma UPyD que, con todo merecimiento, ha cosechado el efecto de Liliput y decrece a medida que sus competidores directos crecen. La responsabilidad es completa y total de Rosa Diez, empeñada en conjugar la política en la primera persona del singular y hacer de su proyecto un espacio cerrado que cabe en un taxi.
La enseñanza de las elecciones se resume en lo difícil que es en la política mantener las fidelidades electorales. O con qué facilidad se dilapidan una vez que se han conseguido.

La primera de las final four electorales otorga la victoria al PSOE en su propio terreno de juego. No podía perder. Si hubiera sido derrotado, sus problemas internos se hubieran agudizado al máximo. Pero han fallado, los pronósticos más temerarios que situaban al PSOE como un partido en peligro de extinción, siguiendo el precedente del Pasok en Grecia.
Y en consecuencia la estabilidad, el bipartidismo imperfecto, no está desahuciado. Los recién llegados harían bien en moderar sus pronósticos y no vender la piel del oso antes de cazarlo.

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