Andalucía: primer cuarto electoral

La primera de las cuatro finales electorales del 2015 se juega el domingo, tras una campaña decepcionante en la que las ideas y proyectos se han sustituido por los tópicos y las descalificaciones.

Qué pena de Andalucía y qué pena de España. Los nuevos partidos, los presuntos sustitutos, Podemos y Ciudadanos, Albert Rivera por lo menos con mejor estilo, no han aportado más que generalidades y lugares comunes. Todos van a luchar contra el paro, pero no definen qué modelo económico van a impulsar para un región de más de ocho millones de habitantes que por su dimensión y por su historia es un auténtico país, si España fuese un país de países. Que no lo es, sino una nación desde los Reyes Católicos.

En la política fiscal, desde el PSOE hasta el PP están de acuerdo en bajar la presión fiscal en el Impuesto sobre la Renta y en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, abogando los populares por su supresión. Morirse en Andalucía es peor para los herederos que morir en Madrid y, además, a los extranjeros de la UE y de otros países, residentes en este territorio, les atizamos sin ninguna deducción, hasta hace poco en que se ha modificado la norma.

Pero más allá de esta referencia y de la “nacionalización” de La Giralda y de las fincas por Teresa Rodríguez, candidata de Podemos y Cía. no es posible recordar nada más que hayan propuesto los candidatos.

El popular Juanma Moreno, así se ha nominado en la carcelería, ha mejorado en la campaña, pasando de ser un desconocido a un tipo educado y razonable, no habla a gritos y porta la campaña con la figura de un hombre anuncio o de un amable presentador de un concurso de TV. Le han hecho un flaco favor quienes le han metido en el embolado de unas elecciones en las que solo se puede obtener un peor resultado que el del año 2012, en el que se ganó con 50 diputados.
¿Realmente se hizo en su momento un análisis medianamente serio de la situación política y de la mejor estrategia del PP en Andalucía?

Moreno Bonilla, Juanma, es dialogante y tiene buenas maneras y va a sufrir el efecto triturador que con tanta eficacia se practica, año tras año, desde Génova. Cuando alguien vale lo meten en la máquina de hacer picadillo y lo sacan de donde está trabajando bien y puede aportar una buena imagen política.

A diferencia de Juanma, Susana, la presidenta, ha mostrado su peor cara en la campaña. Desabrida, agresiva e incluso amenazante, ha cambiado la imagen de una mujer andaluza del pueblo que va a ser madre y aspira a corregir los errores del PSOE, luchar contra la corrupción y modernizar Andalucía, por un cesarismo a lo Evita Perón, pero sin su atractivo y fuera del tiempo y del espacio.

Su intervención en el debate de TVE fue abochornante porque la razón no se impone sino que se gana. Su presidencialismo, si la elecciones fueran en Cataluña, darían lugar a una nueva versión de Ubú Presidente por Els Joglars y Boadella.

Del resto, Ciudadanos mantiene una posición centrada, aun cuando tiene que supera el discurso de la sustitución de PSOE y de PP por el de la transformación. Su discurso nacional no ha tenido una traducción andaluza y ha quedado tan diluido y tan ligero de contenido que los electores en el último momento ante las urnas pueden considerar que es un voto inútil.
Cambiar las formas en la política exige cambiar la ley electoral y adelgazar las estructuras políticas. En la campaña andaluza debieron ser más valientes y salir de una calculada o inconsistente tibieza.

La candidata de Podemos ha amenizado menos la campaña de lo que prometía. Ha canibalizado a IU cuyo candidato, además de contarnos sus preferencias sexuales que son muy suyas y no s importan, parecía el árbitro del partido a quien nadie hace caso en el debate de TVE, el que la simple colocación en el plató ya le perjudicaba.

Realmente el proceso de devaluación de la clase política desde la transición es imparable y de difícil explicación. Puede ser que los partidos se hayan convertido en un espacio no para incorporar a los mejores, sino para cerrar el paso, transformados en estructuras endogámicas en las que el botín se alcanza con un puesto a perpetuidad y la laminación de los demás. Constitucionalmente son cauces de participación política con estructura democrática. Los valores de la capacidad y el merito en la política se han sustituido por la lealtad de los inútiles y silentes.

La solución, la competencia electoral. Y para eso hay que modificar la Ley en serio y no como nos quiere colar Pedro Sánchez que propone que los ciudadanos solo puedan cambiar los puestos de la lista, como si fuera una quiniela
A ver si Ciudadanos con mayúscula que va a entrar en las Instituciones más allá de Cataluña se atreve a presentar una reforma real y radical que rompa la esclerosis del sistema.

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