Andalucía y la estabilidad

Las probabilidades de que se convoquen elecciones anticipadas en Andalucía a celebrar en el mes de marzo son del 90 por 100 y responde a la lógica política, mírese por donde se mire, a pesar de los análisis tan burdos que se están realizando por los restantes partidos empeñados en no comprender la realidad.

La coalición PSOE-IU, que sirvió para cerrar el acceso a la Presidencia de la Junta del candidato del PP Javier Arenas, está agotada por sus insuficiencias sustantivas y los propios devaneos de la coalición de IU que es la formación que en España practica con más eficacia el canibalismo interno. Podemos y Pablo Iglesias no han hecho sino acelerar su capacidad autodestructiva.

Las elecciones de 2012, tras la victoria de Rajoy en noviembre de 2011, dieron al Partido Popular el mejor resultado obtenido desde la constitución de la comunidad autónoma, pero el pacto de gobierno PSOE e IU impidió un cambio histórico en Andalucía que había tenido su antecedente con la consolidación del poder municipal de los populares. La salida de Arenas del escenario andaluz fue a todas luces precipitada y no ha aportado ningún valor añadido a esta formación.

El PSOE, desde el primer momento, ha administrado en Andalucía con inteligencia el difícil equilibrio en el que quedaba situado tras las elecciones, después de un resultado que supuso para ellos un evidente voto de castigo y con la secuencia de los escándalos de corrupción, convertidos en una permanente crónica de tribunales.

Es indudable que la salida de Griñán y la elección de Susana Díaz ha sido una operación estratégica de éxito y que hoy, a casi tres años vista de las elecciones de 2012, el PSOE está en mejor posición que estaba en ese momento. Por el contrario, el PP y sobre todo IU tienen plomo en las alas electorales y van encaminados a recoger un peor resultado.

Más allá de la valoración concreta de la política de gobierno de la Junta de Andalucía, manifiestamente mejorable, sobre todo por la permanente tendencia a los excesos verbales sin resultado del socio IU, lo cierto es que la presidenta de la Junta ha construido una figura política con indudables rasgos positivos. Su defensa del concepto constitucional de nación, su moderación socialdemócrata sin renunciar a su perfil ideológico y su discurso directo y capacidad de conexión con los andaluces, han forjado un liderazgo político que muchos ponían en cuarentena desde su elección.

Andalucía se ha convertido en una tabla de salvación del PSOE, es su único gobierno autonómico junto con el de Asturias, y la decisión de anticipar las elecciones autonómicas tiene unas claves que exceden del ámbito de la comunidad.

La consolidación del gobierno del PSOE en Andalucía, si se produce, generará un efecto de estabilidad que se proyecta sobre todo el país. Con nueve millones de habitantes y la aportación al Congreso de sesenta diputados, el 17 por 100 de la Cámara y un PIB de 140.000 millones de euros que se ha multiplicado por 2 en los últimos diez años, es el territorio que estructura la columna vertebral de España, junto con Madrid y Cataluña.

La mejora en las exportaciones, con una importante aportación de la industria agro alimentaria, del sector servicios beneficiado por el turismo y el desarrollo sostenido de la industria aeronáutica, han contribuido al crecimiento de su economía en 2014 -en el tercer trimestre crece un 1,5% su PIB- situándose claramente al rebufo de la recuperación económica nacional. En el lado negativo, la presión fiscal que recae sobre la competitividad de su economía y penaliza a sus residentes, cuando debería ser un elemento de atracción a ciudadanos decididos a trasladar su residencia a esta Comunidad. Así sucede en Estados Unidos con Florida a la que emigran vecinos de Nueva York cuando finalizan su vida activa laboral.

Susana Díaz, sevillana de Trina, está acreditado un evidente sentido práctico y moderación en su liderazgo político. Se podría decir que está practicando una política con las menores estridencias posibles, como hace Rajoy en el Gobierno de España, conscientes ambos del valor de la estabilidad como presupuesto necesario para continuar en el camino de la recuperación. Así está explicando su decisión de convocar elecciones a fin de generar un marco de mayor estabilidad en Andalucía, lo que va a tener indudable repercusión en España.

Cuando respondió a Pablo Iglesias en su manida referencia a la casta de los políticos, dijo que a ella le correspondía la casta de los fontaneros. Su padre era fontanero y su abuelo era fontanero.

Su actual estado de embarazo aproxima además su perfil personal a la normalidad ciudadana y deberían recordar los intérpretes de su estado de gestión la frase de Adolfo Suarez, de hacer normal en la política lo que en la calle es normal.

Al Partido Popular, si salimos del corto plazo y subimos el zoom del análisis estratégico, tampoco le perjudica en exceso, el adelanto electoral. Es evidente que el liderazgo de Juan Manuel Moreno Bonilla es tan plano que se ha convertido en irrelevante y la elección de un político que está fuera del Parlamento andaluz para hacer oposición es un error del libro básico de la política. El PP debió contraponer, en su momento, a Susana Díaz una mujer diputada autonómica que representase una alternativa real.

En todo caso, el PP en Andalucía puede jugar un papel muy importante en la estabilidad y la gobernabilidad de esta Comunidad, sin renunciar a su papel de contrapeso asentado en el poder municipal que debe ser su objetivo inmediato.

Y la experiencia puede servir a la reciproca en el Congreso de los Diputados cuando se despeje todo el panorama electoral de 2015, si todos actúan con sentido común.

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