Comprometidos con Europa

La semana negra en París se ha cerrado con una manifestación de los líderes europeos, del núcleo duro de la UE. La consigna era la defensa de la democracia y junto a ella se presentan unas medidas de seguridad preventiva, como el PNR -“passenger name record” – y el control de las comunicaciones por Internet dirigidas al reclutamiento de terroristas que reflejan un cierto estado de confusión e improvisación en la respuesta a los graves sucesos que han causado 17 muertos.

Lo relevante del hecho es la vulnerabilidad occidental ante los atentados terroristas y la estrategia en la elección de la capital francesa que había sufrido su último atentado terrorista en los años sesenta con motivo de la autodeterminación de Argelia y los actos del grupo OAS –Organisatión de l´Armée Secrèete-. París, al igual que Nueva York y Madrid no fue una elección causal y las caricaturas de Mahoma llevaban ya tiempo publicadas en Charlie Hebdo como para considerar que el objetivo era solamente el seminario satírico. Y que distintos responsables de seguridad y analistas nos adviertan que Europa, el mundo occidental, tendrá que acostumbrarse a convivir con sucesos de este tipo refleja un cierto pesimismo y una resignación de los Estados y de las instituciones europeas.

Disueltas o al menos diluidas y no operativas las organizaciones terroristas de origen europeo del último siglo, las Brigadas Negras italianas, Baader Meihof alemana o ETA en España, Europa se enfrenta a un terrorismo de importación con el sello del fundamentalismo islamista de la yihad bajo la cobertura del Estado Islamista
La manifestación del 11-E tiene un evidente valor visual cuando presenta a los líderes europeos cogidos del brazo, pero no servirá de nada si no hay una política conjunta en materia de seguridad y de relaciones exteriores de la UE que desarrolle una agenda de protección de los ciudadanos y de los valores europeos que no son únicamente la democracia y la libertad, sino un sedimento cultural que ha conformado durante siglos el ser europeo y que tiene sus raíces en el humanismo judío cristiano y en el liberalismo de la Revolución Francesa.

Los atentados de Nueva York, Madrid y Paris, con los secuestros y asesinatos publicitados de periodistas, soldados o rehenes retransmitidos en directos son una declaración de guerra, de una nueva forma de guerra, que pretende descomponer las estructuras políticas, sociales y culturales occidentales. El valor de la seguridad es una condición necesaria para el desarrollo de la democracia y el ejercicio de las libertades y, por tanto, la inversión en seguridad, en mecanismos preventivos, defensivos y de respuesta debe situarse en la agenda europea en el nivel adecuado a la amenaza. Y si hay una organización con una larga experiencia como es la OTAN, debería recoger el esfuerzo operativo de la UE, con las modificaciones en los Tratados que sean necesarias para ello. La presencia del secretario general de la OTAN en la primera línea de la manifestación, el noruego Jens Stoltenberg, reconoce el compromiso de la Organización, todavía en proceso de redefinición de sus fines fundacionales desde el fin de la guerra fría.

Europa no tiene fácil blindar sus fronteras y no debe hacer recaer el refuerzo de la seguridad mediante un retroceso en la facilidad de movimientos de los ciudadanos europeos – el protocolo Schengen tiene que actualizarse- lo que exige centrar los mayores requerimientos en las entradas de ciudadanos no europeos desde sus fronteras exteriores y en sus movimientos interiores en la UE. La implantación de un pasaporte europeo uniforme, la integración de los censos de residentes no europeos y el reconocimiento y eficacia de la condición jurídica de ciudadano europeo en un registro civil integrado, podrían facilitar el control de los grupos reclutados o infiltrados. Datos que tratados con la eficacia que proporcionan los sistemas tecnológicos aportan elementos de prevención a los servicios de seguridad, sin desconocer que los terroristas, en ocasiones, son captados entre ciudadanos de segunda generación.

En el estadio previo, lamentablemente, la inmigración irregular y clandestina es, desde hace tiempo, un problema redundante en la UE que sigue sin encontrar mecanismos cooperativos eficaces. Al mismo tiempo, la seguridad frente al terrorismo yihadista es una amenaza real y concreta, un vez más, por mucho que se presente como células desvinculadas alimentadas por lobos solitarios. En consecuencia, la UE tiene que dar un impulso a su política exterior coordinada con su política de seguridad cuyo Alto Representante, órgano creado por el Tratado de Ámsterdam, está diluido en la burocracia de una UE ensimismada en la crisis económica y en las regulaciones sectoriales preparadas por sus burócratas. Europa, pérdida en un discurso exclusivamente monetarista, ha olvidado que su supervivencia depende de su convicción en la defensa cultural, jurídica y por sus fuerzas de seguridad de un modelo de civilización que con todos sus defectos y errores ha acreditado supremacía moral y ética en la evolución de la humanidad.

Hace tiempo que desde distintos políticos se reconoce que a la UE le falta una narrativa para el siglo XXI tras su construcción desde los rescoldos de las guerras que marcaron el siglo XX y se alerta sobre la pérdida de peso en el mundo global que reasigna poder y recursos.

La manifestación de París es una oportunidad para reafirmar su narrativa para el siglo XXI, los avances de su modelo de sociedad y su capacidad de liderar los cambios en el mundo global. Y las duras imágenes de los atentados deben servir para sentirnos orgullosamente europeos y comprometidos con el ser de Europa.

1 comentario
  1. Lucyinthe Sky says:

    La UE va dejando caer unas migajas de la mesa de vez en cuando a ver si les da tiempo a implementar el TTIP, que es de lo que se trata.
    Pronto se darán cuenta la gente de que es todo un paripé.
    Gracias por el artículo Sr. Martín Seco!

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