La batalla de las ideas: Francia y España

Como nuestros vecinos de Francia, estamos aquí en España embarcados en una batalla de ideas aun cuando las que se debaten en nuestro país son más primarias: debemos o no reformar la Constitución. Y como si se tratara de un telón de un teatro que se abre y se cierra, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha cogido esta bandera como el estandarte de su perfil político.

Un estandarte vacío, porque más allá de la frase, “reformar la Constitución”, no hay una sola idea, una estrategia y un programa para su desarrollo. En definitiva, no es sino una respuesta a Podemos y a Pablo Iglesias que lo que ha planteado es algo más que subir y bajar el telón político. Cambiar a todos los actores protagonistas y secundarios y la decoración de todo el escenario.

¿Realmente existe una demanda social de reforma constitucional? ¿Es posible que algún análisis político llegue a la conclusión que los problemas del país se resuelven con un cambio constitucional? ¿La abdicación de don Juan Carlos precipita un cambio constitucional?

Nadie que haga un análisis con cierto rigor puede llegar a responder estas preguntas con una respuesta afirmativa. En primer lugar porque el contenido de la reforma constitucional es, hoy por hoy, una entelequia de vaguedades que no permiten ni siquiera formular un índice de materias a reformar. ¿Acaso se plantea un cambio en la forma política del Estado, para ser una República? ¿O en la forma de elección del Presidente del Gobierno bajo un proceso electoral directo como sucede en Estados Unidos y en Francia? ¿O la transformación del Estado de las Autonomías en un Estado Federal con Cataluña como Estado Asociado al modo de Puerto Rico?

La propensión de los ocupantes de la calle Ferraz, tan recurrentes a las encuestas para palpar el sentimiento ciudadano y transformarlo en propuestas electorales, parece que en este debate ha desaparecido. Este país no está en este momento en condiciones de someterse a un proceso reconstituyente que los ciudadanos no piden a sus políticos, conscientes de que una legislatura convertida en un seminario de Derecho constitucional con unos mediocres ponentes no es sino una escapatoria para la resolución de los problemas reales, estructurales y cotidianos de España.

Tenemos un marco jurídico constitucional que permite desarrollos legales orgánicos y ordinarios adecuados a las necesidades de cada momento. Todavía hay capacidades en el texto constitucional inexploradas y que pueden servir al Gobierno elegido para poner en marcha reformas que superen la fractura políticos versus ciudadanos y modernicen sus estructuras administrativas en los servicios básicos y esenciales en el Estado.

El objetivo fundamental es hacer un país más moderno, más competitivo, con un Estado más eficiente y una mejor regulación de los derechos y los mecanismos de control de los ciudadanos sobre los políticos. Un país con una democracia de mayor calidad.

La posición de Rajoy, mejorada en su presentación este fin de semana es, al menos, un distanciamiento del guirigay de declaraciones simples y vacías. Su reafirmación de la identidad de un país alejado de los agoreros y lapidadores de los valores y capacidades de España, enlaza con la política de recuperación de la identidad nacional que protagonizó el Gobierno de Aznar.

Una batalla por la ideas que también se está desarrollando en Francia por la derecha política, consciente de que la presidencia de Hollande muestra signos de agotamiento y de contestación popular ante las reformas que tiene que abordar, exigidas desde la UE.

El semanario Le Point recoge en su portada la foto de Sarkozy con el expresivo titular: Ça va chauffer, esto se está calentando. En su interior, un repaso al perfil de los candidatos a liderar a la derecha francesa en las elecciones de 2017: el propio Sarkozy, Juppé, Fillon y Bruno Le Maire. Todos en busca de trasladar una cierta idea de Francia a los electores. Los comentarios de las ideas por analistas e intelectuales como Roger Scruton, definido como el Finkielkraut inglés.

En el fondo del debate la referencias a la intervención del Papa Bergoglio en el Parlamento europeo: “De un tiempo a esta parte da la impresión de una fatiga general y envejecimiento de una Europa como una gran madre no más fecunda y vital. Europa, ¿dónde está su vigor?”.

En nuestro país también se echa en falta el vigor y la audacia de las ideas que sustituya un debate cerrado y local que ni siquiera mira a Europa, enquistado en la simpleza de los eslóganes.

Rajoy puede y debe proponer una nueva agenda reformista desde la Constitución con y no contra la Constitución. La reforma electoral, las mejoras en el control de la política por los ciudadanos que deben percibir que son titulares de una posición dinámica en las decisiones públicas al ser sus destinatarios y la reforma de las relaciones entre las Administraciones para producir más eficientemente los bienes y servicios sociales.

En definitiva una cierta idea de España impulsada desde un reformismo audaz y que conecta con las demandas reales de la sociedad.

3 comentarios
  1. Costadamorte says:

    Perdone, pero debe tener algún error…, Islandia está toda ella al sur de círculo polar, así que no puede tener esos 311000 habitantes al norte de ese paralelo…, hai una pequeña isla islandesa habitada, Grimsey, que está justo en el círculo polar…, pero su población es de solo 86 habitantes, (una aldea de pescadores), y además el pueblo está en la zona sur de la islita…, de hecho Islandia no tiene acceso a un sector del Ártico, pues sus aguas quedan cerradas por el norte por las zonas económicas exclusivas de Groenlandia y Noruega…

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    • Alberto Amézaga says:

      De hecho, los datos que he utilizado, procedentes de una fuente rusa, atribuyen a Islandia un pequeño sector coincidente con el de Noruega.

      Ciertamente, Islandia está al sur del Círculo Polar y me excuso por el error cometido.

      Responder

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