Recuperación, regeneración y reformas (I)

Cumplidos los tres primeros años de la legislatura del Gobierno de Rajoy, entramos en el último año, “los minutos de la basura” en términos deportivos. Tiempos difíciles para una política serena y tranquila con un horizonte en el año 2015 plagado de citas electorales.

Se pueden convocar el próximo año hasta cuatro procesos electorales: andaluzas, municipales y autonómicas, generales y catalanas. Además, en el escenario político, concurren tres asuntos que están subrayados en rojo en la agenda: Cataluña, la reforma constitucional y las medidas contra la corrupción.

Los datos macro en la economía acreditan que España ha recuperado su estabilidad financiera que le permite afrontar los desequilibrios de su economía con cierto optimismo, siempre que se mantenga esta estabilidad en los próximos años. Seguimos dependiendo de la financiación exterior y nuestra deuda sigue escalando posiciones cercanas al 100 por cien del PIB.

La mejora pausada de las cifras de empleo en un mercado que sigue abaratando los costes laborales unitarios, el altísimo paro juvenil y las casi imposibles opciones de los parados de más de 45 años, presentan un panorama laboral muy complicado que no dará grandes alegrías mientras no se recupere la construcción en obra pública e inmobiliaria.

Algunos datos del pasado reciente son muy relevantes. El valor añadido neto de la edificación y del sector inmobiliario que llegó a participar en un 20 por cien en el PIB, ha descendido en 2013 a un 13 por cien de la producción interior alcanzando los 135.000 millones de euros. De los 6 millones de empleos creados entre 1996 y 2007, el 23 por cien se creó en el sector de la construcción.

Para esta recuperación del empleo es imprescindible una flexibilización del mercado de crédito a empresas y particulares, todavía muy cerrado por las entidades bancarias que todavía presentan unas altas cifras de morosidad. La reunión del G20 en Brisbane ha detectado la necesidad de impulsar el crecimiento mundial para llegar a una tasa del 2 por ciento en los próximos años. Una cifra que para Europa es dura por la ralentización de Francia e Italia y el moderado crecimiento de Alemania, economías que están muy vinculadas al sector exterior de la economía española.

Por tanto están abiertos claros que animan al optimismo en nuestro país siempre que se mantenga la responsabilidad y el sentido común en las fuerzas políticas. La derogación del artículo 135 de la Constitución, el principio de estabilidad que excluye el déficit público como modo de comportamiento estructural de las Administraciones Públicas, apoyada por el secretario general del PSOE que dice que cometió un error, es un ejercicio de grave irresponsabilidad que no contribuye a la estabilidad presente y futura del sistema político y envía un mensaje muy negativo al nuestros socios europeos y a los mercados internacionales.

Realmente el oportunismo de Sánchez, esta especie de subasta pre electoral a ver qué líder político dice la ocurrencia electoral más populista, es un intento de tapar la vía de agua que en su electorado le ha hecho PODEMOS, perdiendo estratégicamente el centro político y la solidez que llevo al PSOE en otros tiempos al Gobierno. Competir con Pablo Iglesias es hacer la política del absurdo, más aun cuando su respuesta ante la situación profesional de su mano derecha Iñigo Errejón es la reiterada apelación a una conspiración de la casta.

El Gobierno de Rajoy ha aprobado en noviembre la reforma fiscal que entrará en vigor en 2015. Una reforma que se planteó objetivos ambiciosos en el informe de los expertos presidido por Manuel Lagares. Corregir el déficit público, impulsar la economía, la neutralidad y la eficiencia del sistema tributario, favorecer la equidad y el ahorro privado. Todo ello bajo el principio de conseguir mayor creación de empleo que tiene que venir de la mano de la inversión privada a la que se ofrecía una reducción compensada de impuestos directos que se trasladaría a una disminución de la recaudación con efectos de -1 por cien en el PIB, a corregir con los efectos dinámicos derivados del crecimiento.

Algunos contenidos de la reforma fiscal aprobada que ha sido calificada de tímida, se alejan sin embargo de estos objetivos y sobre todo de los compromisos electorales del Partido Popular. La reducción de las deducciones por las aportaciones a los planes de pensiones no fomenta el ahorro y es un paso atrás inexplicado en las medidas fiscales de impulso a los sistemas complementarios de jubilación. La supresión de la deducción por mantenimiento de empleo tampoco favorece el fomento de la contratación de trabajadores Y el tratamiento de las plusvalías nominales, generadas en el largo plazo, con la desaparición de los coeficientes de actualización, son medidas que perjudican directamente al propio electorado del PP que ha soportado un incremento de los impuestos directos e indirectos durante estos tres últimos años.

Negativa carta de presentación para las próximas convocatorias electorales.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *