Artur Mas: Imagen dramática para España

Rajoy ha explicado en su comparecencia los criterios de actuación del Gobierno ante el simulacro de referéndum amparado y patrocinado por el Gobierno catalán. Sus explicaciones no le gustan al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez que dice que Rajoy tiene que abrir una negociación. Lo que no explica es cuál es el marco y el objetivo de la negociación ante un proceso que los nacionalistas y los independentistas plantean como un hecho consumado.

El derecho a decidir es el derecho a la secesión de Cataluña según los independentistas, aunque no esté respaldada por una mayoría cualificada. Solo quieren negociar la fecha de un referéndum con efectos jurídicos que constituya el primer acto de la constitución de un Estado Catalán que accede a la independencia.

La intervención de Pedro Sanchez, un ejemplo de levedad e insustancialidad, contrasta con la entrevista a Alfonso Guerra en la cadena SER que el nuevo secretario general del PSOE debería escuchar acompañado de un cuaderno para coger apuntes.

Alfonso Guerra ha demostrado su madurez, su sentido de Estado y su solidez política sin perder la condición de socialista que le define y acredita ideológicamente. “Los dirigentes actuales de esto que montaron lo del otro día en Cataluña no pueden ser gobernantes porque no respetan la Ley ”, ha declarado. Y tiene serias dudas sobre la capacidad de los partidos para negociar una reforma de la Constitución, algo evidente como consecuencia de la posición actual socialista que, forzado con la pinza del PSC, cree que una solución federal es el mecanismo para reconducir el independentismo.

Ni Pedro Sanchez ni nadie de su ejecutiva explica como se va a producir una conversión de los nacionalistas por el mero hecho de que lo que llamamos Estado de las Autonomías pase a definirse como Estado Federal. ¿Alguien cree sólidamente que los independentistas van a conformar con este cambio nominal?

También Alfonso Guerra ha desmontado la tesis de que la causa del independentismo está en el recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Partido Popular contra el Estatuto de Autonomía y le ha adjudicado a Zapatero la responsabilidad de convertir una reforma del Estatuto en un nuevo Estatuto “que excedía con mucho lo que preveía la Constitución”.

La respuesta de Rajoy al reto de Artur Mas ha sido sensata y proporcional, como ha declarado en su intervención desde la sede de La Moncloa. Quienes pedían contundencia se equivocan. Hubieran convertido el sainete del domingo en Cataluña en un acto transcendente y el Gobierno habría caído ingenuamente en la provocación. Este era uno de los dos objetivos de Artur Mas: obtener una mayoría abrumadora que no ha conseguido y convertirse en una víctima, cualidad que persigue desde su ensoñación con el personaje de Ghandi. Ahora solo le queda sentarse en la vía del AVE Madrid-Barcelona envuelto en una “estelada”.

Incluso la presentación de una querella por la Fiscalía plantea serias dudas técnicamente. La determinación de los tipos penales aplicables a la conducta de algunos miembros del Gobierno catalán no es tan rotunda como algunos mantienen con la intención de imputar a Rajoy una actuación débil. La utilización de medios públicos está más cerca de un ilícito administrativo que penal y los partidos constitucionalistas deberían quitar importancia y devaluar el 9N. España y su Estado no deben perder el tiempo y dar más publicidad a Artur Mas y son los ciudadanos catalanes quienes deben exigir al Gobierno de la Generalidad que no dilapide sus impuestos en simulacros falseados y manipulados.

La escalada de Artur Mas, con el marco final de las elecciones plebiscitarias, es un último recurso que no tiene otro objetivo que dar cobertura a su desastrosa política para Cataluña con una lista única en la que, recordando el trágico cuento infantil, ERC va actuar de rana para que el escorpión pueda atravesar el rio. En la ribera ya veremos si el escorpión puede clavar su aguijón o la rama aplicar su veneno.

Artur Mas está convirtiendo su mandato en un esperpento. Los catalanes no se merecen un presidente que ha convertido el delirio político de la independencia en su acción diaria de gobierno. Realmente es una imagen dramática para España que las instituciones autonómicas de Cataluña esté dando este espectáculo tan largo, tan tedioso y tan negativo para catalanes y todos los españoles.

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