El poder de la tecnología

He estado al caer la tarde en una conferencia de Antonio Garrigues. Más bien una reflexión en voz alta sobre el cambio tecnológico, el conocimiento y la vida, en el brillante atardecer a poniente de la bahía de Cádiz, en la que la luz del sol que se va, se proyecta  en las aguas atlánticas con la armonía de un suave paso de ballet.

Y leo ahora que a una iraní le han dado el premio  Fields, considerado el Nobel de las Matemáticas. La premiada, Maryan Mirzahkani, es profesora en la Universidad de Stanford, tiene 37 años y su foto muestra una joven de ojos azulados y pelo corto que se confunde con cualquier otro joven profesor o una estudiante de la Universidad californiana.

La  charla abierta de Antonio Garrigues, siempre brillante e irónicamente inteligente, planteaba el inagotable desarrollo tecnológico cuyos avances en los próximos años difícilmente somos capaces de vislumbrar y al mismo tiempo las grandes simas de desigualdad en un mundo globalizado, pero en el que el poder tecnológico se mantiene en los Estados Unidos. Allí nació a partir las investigaciones y aplicaciones de la industria militar y en lo garajes de Silicon Valley.

Internet que tiene sus orígenes cuando en 1965 se conectan por Lawrence Roberts dos computadoras una en Massachusettes, TX2 con una Q-32en California a través de una línea telefónica  conmutada de baja velocidad, se ha desarrollado rápidamente desde entonces  con una base matemática. Si entra en la  web de la Universidad de Stanford, la imagen de la profesora iraní le dice desde sus ojos azulados que el poder de la innovación sigue allí, en California que recibe una tercera parte de todo el capital riesgo que se mueve en Estados Unidos.

La gran lección de la galardonada con el Fields es que ha  sido en Estados Unidos donde ha desarrollado todo su talento, en una sociedad abierta, multicultural , en la que se premia el esfuerzo y la excelencia. Con sus grandes contradicciones y desigualdades sin duda. Antonio Garrigues recordaba que el 1 por ciento de la población concentra el 35  por ciento del valor neto total, de la riqueza y el 43 por ciento de los activos financieros.

El debate de la desigualdad plantea realmente si al amparo del objetivo de cerrar las grandes diferencias entre países, regiones y continentes debemos cercenar los centros de progreso, del conocimiento y de la investigación que evidentemente están residenciados en los países occidentales desarrollados. O si por el contrario la brecha tecnológica se irá suturando en la evolución del hombre de una manera natural, aun cuando este proceso será largo y generará tensiones, conflictos y sufrimiento. En definitiva, el dilema  sobre la libertad, el poder y el control  del poder.

El nuevo poder ha llegado ,este sí para quedarse, el poder de la tecnología, el quinto poder, como un quinto jinete que corre por el mundo alterando la estabilidad de los poderes establecidos, rompiendo fronteras, cambiando comportamientos sociales y removiendo las estructuras más solidas. Quienes se queden fuera, como naciones, como sociedades, como grupos, serán una casta de parias, la casta  de los pobres tecnológicos que no podrán competir con los tenedores de las herramientas tecnológicas que accederán a la información, a multiplicidad de datos y podrán tomar decisiones más rápida y eficientemente.

Y en toda la historia de la humanidad, al final el individuo, con sus sentimientos, sus temores, sus frustraciones y la gran capacidad de su maquinaria de adaptación a la realidad cambiante. Un hombre que  ha duplicado  su esperanza de vida – en el siglo XIX la esperanza  de vida estaba en Suecia en 45 años- y que alcanzará próximamente, según le comentaba un eminente científico español a Antonio Garrigues , los 120 años.

Se preguntaba el conferenciante, ¿dónde están los filósofos?. Quizás, añado ¿donde están los intelectuales? que nos descifren el presente y predigan el futuro, como los arúspices romanos que evisceraban a las aves. Hoy, ayudados por las computadoras que analizan millones de datos y crean combinaciones y simulaciones múltiples. Seguro que alguien tiene en un pen drive las claves del futuro.

Algún país como Francia, al menos en el terreno económico, lo está haciendo ya,  elaborando una proyección para los próximos veinticinco años que no presenta, por cierto, una perspectiva favorable a nuestro país vecino.

Esta España nuestra continua, sin embargo, embelesada en sus debates primarios. La repercusión de la Diada y el referéndum se ha convertido en el monstruo del Lago Ness que rellena las páginas vacías de los periódicos, mientras nuestra deuda llega al billón de euros y ningún español es reconocido en los premios Fields  otorgados por el Instituto de Matemática Pura y Aplicada, donde comparten galardones con la iraní, un profesor de la Universidad de Princeton, un británico y un brasileño que trabaja en Francia.

Definitivamente los informes Pisa que evalúan nuestro sistema educativo y la insuficiencia de conocimientos matemáticos de nuestros estudiantes nos advierten del retraso que padecemos. Mientras no dotemos de cimientos educativos sólidos a las nuevas generaciones, seremos un país secundario y dependiente en el desarrollo tecnológico, como lo somos también en energía. Difícil futuro si queremos estar en el grupo de los países que lideraran el mundo.

De momento solo conseguimos el primer puesto en la defraudación de los cursos de formación.

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