Europa y las claves nacionales

Los resultados de las elecciones europeas son un varapalo sin paliativos al bipartidismo imperfecto que ha definido, estabilizado y gestionado la democracia española desde la Constitución de 1978. Intentar hacer otra lectura en términos de crispación en la calle o de efectos de la crisis, es decir, una valoración circunstancial y no estructural de los resultados electorales, no es sino negar la evidencia.

Un varapalo al bipartidismo que sin embargo se mantiene en Europa, donde los populares y los socialistas suman 399 eurodiputados de los 751 que conforman la Cámara, lo que supone una continuidad de las dos fuerzas políticas que han construido el proyecto europeo, más allá de los euroescépticos del Reino Unido y del Frente Nacional en Francia, que constatan y articulan sentimientos políticos que no son nuevos y que la crisis ha agudizado.

En clave interna, son significativamente duros los resultados para el PP, a pesar de haber ganado las elecciones que aventuran una pérdida en cadena en las próximas elecciones municipales y autonómicas a un año vista, dada la necesidad de obtener mayorías absolutas en un escenario de fragmentación electoral con giro a la izquierda.

Hace un mes escribía en un artículo en esta República, bajo el título “Europa a la vista” que puede consultar íntegramente a pie de página, lo siguiente: En todo caso, ya se sabe que las elecciones las carga el diablo. Un retroceso significativo del PP -perder un tercio de parlamentarios, de 24 a 16- abriría un escenario de inestabilidad y debilitaría a Rajoy ante los socios europeos. A ello se podría añadir un adelanto electoral en Andalucía para el otoño, como preludio de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 y el incremento de la tensión política con una recuperación incipiente, pero todavía muy débil.

El riesgo que era previsible ha tomado cuerpo y el escenario se ha cumplido. Los errores han sido tan evidentes que es inexplicable la contumacia aplicada para alcanzarlos. El primero, la tardanza en la designación del candidato planteada para enfriar una campaña electoral cuyo efecto se ha cumplido en su modo inverso: no ha movilizado a sus propios votantes, fieles en anteriores elecciones. Una medida de ultra congelación electoral del candidato, como si la política y los ciudadanos pudieran tratarse como un paquete de guisantes, refleja el absoluto abandono de la comunicación política y de una estrategia que, o ha brillado por su ausencia, o ha sido absolutamente errónea.

Todo lo que ha pasado después es consecuencia y resultado de esta decisión en su origen. Unos horribles carteles electorales, un debate televisivo mal planteado, peor finalizado y calamitosamente rectificado. La campaña dirigida por el vicesecretario Floriano ha conseguido en dos semanas incinerar al ministro mejor valorado del Gobierno. Alguna explicación debería dar la sede de Génova.

Especialmente preocupantes por razones diferentes son los resultados en Andalucía, en los que el PSOE se distancia en 10 puntos y en Cataluña en la que el PP se queda como quinta fuerza política. El largo periodo de interinidad en la sustitución de Javier Arenas, con el alcalde de Sevilla Juan Ignacio Zoido como interino, y la designación final de Moreno como presidente, fuera del Parlamento, de sitio y de trayectoria en Andalucía avalada por victorias electorales, han cosechado lo que cualquier analista medio intuía. Lo actuado era la ruta perfecta para dilapidar todo lo que el PP había trabajado durante años y que le permitió ganar las últimas elecciones autonómicas.

En Cataluña la marginalidad política del PP se está convirtiendo en endémica. Sin complicidades con la sociedad catalana, con el trasvase de votos a Ciudadanos creciendo día a día, se ha pasado de una presencia electoral topada a la caída en números absolutos y porcentaje sin paliativos. Alguien debería reflexionar que con la suma de votos de Ciudadanos el PP sería la tercera fuerza política y estaría en las proximidades de CiU. Luego falla la estructura, el liderazgo o la comunicación o las tres cosas al mismo tiempo, porque las diferencias ideológicas no son muy perceptibles.

El candidato González Pons, en unas primeras valoraciones ha declarado que el electorado popular no ha entendido las reformas del Gobierno y se ha abstenido el voto de centro. Es cierto que no se ha producido una migración masiva de voto hacia otras fuerzas políticas, más allá del crecimiento de Ciudadanos que entra en el caladero natural del PP en Cataluña y la deriva parcial hacia UPyD, como efecto del caso Bárcenas y respuesta de sectores muy críticos con la corrupción política. Pero el número de votos obtenidos refleja un notorio descontento de su propio electorado, más por la política que no ha hecho que por la que ha realizado. Los críticos con la política de recortes y con las medidas de austeridad están en la sorpresa de Podemos y en IU.

El PSOE ha obtenido un resultado calamitoso habida cuenta su posición en la oposición política. No ha conseguido superar al PP, está a 3 puntos, ni detener la fragmentación del voto de izquierda que se ha drenado básicamente hacia la nueva formación Podemos.

El debate electoral ganado por Valenciano no le has servido para ganar un solo voto y solo ha reafirmado a abstencionistas del PP. El ticket Rubalcaba-Valenciano sale muy tocado políticamente y su deriva hacia la izquierda, y su forma de entender la oposición al Gobierno les genera pocos réditos. Si piensan que el país se va a movilizar por la acusación infundada de machismo colectivo a los populares y por las críticas al anteproyecto de la Ley del aborto están muy equivocados. El PSOE está perdiendo electorado por el centro y por su izquierda al mismo tiempo. La corrupción política y las viejas fórmulas del equipo Rubalcaba producen un efecto devastador, sobre todo en clave interna.

Rubalcaba es un candidato electoral en parihuelas y al sur, en Andalucía, el efecto Susana Díaz, yermo el terreno político por los populares, crece día a día.

El panorama electoral con la vista puesta en las elecciones municipales y autonómicas y, sobre todo, en las generales se complica intensamente como era previsible. Y especialmente la formación de gobiernos estables. El PP ha ganado las elecciones y observa a un PSOE muy debilitado con una representación política que va a ser más plural, más diversa, más de izquierda y que generará inestabilidad.

Como dice el refrán, “mal de otros, consuelo de tontos”. Felipe González rectificó en su propuesta de gran coalición, pero como sigan así las derivas electorales no van a tener otro remedio que ratificar la versión moderna del Pacto de El Pardo que es la renovación del pacto constitucional de 1978.

http://preproduccion.republica.sistemaip.net/2014/04/14/europa-a-la-vista_791045/

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