Europa poca emoción y ninguna pasión

La campaña para las elecciones europeas trascurre tediosamente ante la indiferencia de los ciudadanos que han utilizado este puente -macropuente en la Comunidad de Madrid- para viajar, los que han podido, y los que no, se han dedicado al ocio y a disfrutar del fantástico tiempo de esta primavera, con las playas en Levante y Andalucía llenas de gente.

Como ejemplo del alejamiento de los ciudadanos a los partidos políticos y a los sindicatos, en la ciudad de Cádiz, con un 43 por ciento de paro en la provincia, la manifestación del 1 de mayo convocada por los sindicatos solo reunió a 5.000 personas. Un reflejo de que para movilizar a los ciudadanos es necesario algo más que viejas recetas presentadas por dirigentes instalados a perpetuidad en sus propias estructuras.

Y a pesar de que el largo fin de semana no ha producido muchas noticias, también los mítines de los candidatos han quedado relegados a los últimos lugares en los medios de comunicación. Muy poco interés han despertado los discursos de Miguel Arias - call me Cañete – y Elena Valenciano, empeñados en hacer una campaña electoral a la antigua y no transmitir una sola idea con una cierta emoción. De los demás partidos que concurren, ni se sabe dónde están.

Elena Valenciano – que parece que ha abandonado por unas horas el recurso al anteproyecto de ley del aborto que, de momento, está en el cajón de los informes – adjudica al Partido Popular una actitud de sometimiento a los dictados de Merkel y dice que el PSOE está en contra de la política de austeridad impuesta por Europa.

No salgo de la sorpresa ¿Pero no fue Zapatero, presidente del Gobierno y secretario general del PSOE quien tomó la iniciativa para acordar con Rajoy y el Partido Popular la modificación de la Constitución en su artículo 135 para dotar del máximo rango legal el llamado Pacto de Estabilidad? Y ello después de aprobar su Gobierno en mayo de 2010 – el día 10 cumplirá 4 años – el Decreto Ley que contenía las medidas con el primer recorte de salarios a funcionarios y pensionistas que abría la puerta al conjunto de medidas que se han ido aprobando durante estos años.

No hay nada más ridículo que negar la evidencia y la candidata del PSOE, día a día, demuestra que no lleva en sus alforjas electorales los conocimientos básicos sobre lo que representa la UE y el conjunto de estructuras, derechos, deberes y responsabilidades que implica su pertenencia. Muchos años hemos estado como país fuera de Europa y demasiados recelos y demagogias internas se han azuzado en estos tiempos contra las políticas europeas por la izquierda, a fin de desgastar en clave interna al Gobierno, como para que Elena Valenciano abdique del europeísmo y pretenda buscar votos en la herida ciudadana con la cucaña de Angela Merkel. Pura demagogia de una candidata que ha sido designada en las claves más internas de la organización.

El PP, por su parte, intenta transmitir a los ciudadanos que la recesión ha finalizado y sin duda hay datos macro económicos que confirman y favorecen un clima de recuperación y una mayor confianza. Pero, cuenten lo que cuenten, la economía española todavía circula a una baja velocidad, renqueante, y la pesada losa de los efectos de la crisis siguen patentes en la calle.

Los procesos concursales siguen acumulando empresas en sus registros y expedientes de regulación de empleo, parados para hablar claro. Al mismo tiempo el crecimiento de la deuda, que ha llegado al 96,4 por ciento del PIB y un déficit público cerrado a 2013 en el 6,6%, reflejan que el enfermo está consciente, toma alimentos y presenta mejor cara, pero no está para darse muchas alegrías. En este clima, la prometida reforma fiscal ni llega ni se la espera, y no estará aprobada en el mejor de los casos hasta la próxima legislatura, por lo que está condicionada al resultado electoral.

Se ha impuesto el Gobierno tal deber de reformar la estructura del sistema fiscal que está paralizado en la adopción de medidas coyunturales, como la bajada de la tabla de retenciones necesaria para intensificar la demanda interna y simplificaciones burocráticas que impulsarían la mejora de la percepción ciudadana.

Las encuestas están reflejando este estado de opinión en los grandes partidos y la consecuente desmovilización de los votantes propios.

El PP tiene dos bolsas electorales críticas. Sus caladeros principales de votos como Madrid y Valencia hacen aguas y presentan síntomas preocupantes con la pérdida de las mayorías absolutas, imprescindibles para el mantenimiento de sus gobiernos. Se han hecho algunas lecturas en clave de sus actuales responsables, poniendo en cuestión su capacidad personal para mantener el Gobierno lo cual es cuestionable desde las propias series electorales.

En el caso de Madrid para el Partido Popular las encuestas y los denominado tracking system – valoraciones sistemáticas – están muy perfiladas por la política nacional, de tal manera que el clima político de las instituciones madrileñas refleja en un noventa por ciento el termómetro de la respuesta a la política nacional. Si Madrid presenta malos datos, la preocupación debe ser principalmente de la dirección nacional del PP que debe revisar las series históricas de los resultados en Madrid y compararlos con la curva de los resultados en las elecciones generales. Si Madrid va bien, es porque nacional va bien y a la inversa.

En Valencia la profundidad de la crisis ha sido especialmente intensa y muchos han sido los damnificados en todos los ámbitos económicos, con la caída del sector inmobiliario sobre el que había girado en los últimos años el despegue económico de la Comunidad. La recesión, aderezada con una crisis institucional, ha reflejado no solo unos niveles de corrupción inadmisibles, sino también un desgobierno que ha colocado a la Generalidad en los tres primeros puestos en endeudamiento y déficit público, con la consiguiente repercusión en los servicios públicos y en el pago a proveedores, autónomos y pequeños empresarios.

A pesar de todo, la paciencia y la capacidad de aguante de los ciudadanos españoles son inigualables. Aquí todavía no se ha generado un movimiento fuera del sistema de las fuerzas políticas mayoritarias. En el Reino Unido, el partido independentista y antieuropeo, el UKIP con su líder Nigel Farage – cuyas polémicas y llamativas intervenciones en el Parlamento europeo se pueden seguir en Youtube – refleja en las encuestas un 30 por ciento de votos, por lo que se convertiría en la primera fuerza británica en Europa.

Menos mal que el aburrimiento que están provocando los mensajes de esta campaña electoral europea, de la que quedan tres semanas, se va a combatir con un final de Liga de fútbol al rojo vivo que ha roto el bipartidismo y una final de la Champions memorable para Madrid el día de reflexión.

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