Europa a la vista

La campaña para las elecciones europeas comenzará efectivamente el martes de Pascua, una vez finalizados los días festivos de la Semana Santa. La designación formal de Miguel Arias como cabeza de lista del Partido Popular, retrasada deliberada y acertadamente, ha enfriado la pretensión del PSOE de abrir durante el mes de abril el debate electoral.

A Elena Valenciano, la candidata del PSOE, el retraso no le ha venido tampoco mal, ya que le ha permitido hacer una campaña en solitario para mejorar su porcentaje de conocimiento entre los ciudadanos. Incluso hay quien dice que esta estrategia ha sido definida desde La Moncloa con el objetivo de reforzar el voto a los dos grandes partidos y evitar los deslizamientos hacia los segundos y terceros partidos. Reforzamiento del bipartidismo, con un horizonte en el que algunos aventuran una coalición a la alemana para el 2015, dada la dispersión de votos, previsible y la necesidad de abortar el secesionismo catalán con el efecto taumatúrgico de una reforma constitucional.

El debate de las elecciones europeas llega a España en un ambiente político más volcado en los temas internos que en los propios de las instituciones europeas. La agenda de Europa, en primer lugar la recuperación económica y el impulso de las reformas estructurales de los Tratados de la Unión, tiene en la crisis Ucrania versus Rusia un problema candente que se recrudece con las noticias de los enfrentamientos entre el ejército ruso y los recesionistas pro rusos.

La importante derivada de las repercusiones en el suministro del gas a Alemania y la Europa central, pone de manifiesto la vulnerabilidad de la UE que se agita ante cualquier crisis en su espacio geográfico.

España afronta las elecciones con un cumplimiento suficiente de sus deberes financieros y la convicción general de que nuestra integración europea es una garantía para blindar y corregir los excesos y perturbaciones ocasionados en nuestra política interna. Las instituciones europeas son el mejor gendarme de los disparates de la factoría de los gobernantes nacionales.

La lista del PP es continuista con la sustitución de Jaime Mayor Oreja por Miguel Arias que es un veterano en el Parlamento europeo. Un sexagenario -Esperanza Aguirre ha puesto de moda este calificativo- que ha aportado solidez sin estridencias al Gobierno de Rajoy en su vuelta al Ministerio de Agricultura. No era su primera pretensión que estaba en el madrileño Palacio de Santa Cruz. Pero Rajoy situó en los ministerios con dimensión exterior a políticos con perfil técnico y experiencia en las relaciones comunitarias, consciente de que hoy la política exterior tiene una conjugación fundamentalmente económica.

En la hoja de servicios de Arias el destino de la Comisión europea estaba marcado como el relevo natural de Joaquín Almunia, habida cuenta el resultado de las generales.

La lista del PSOE es la lista Rubalcaba que se la juega, con las incrustaciones de algunos restos del Zapaterismo, como Blanco y el reparto entre las distintas federaciones socialistas. Que Juan Fernando López Aguilar que tiene formación y experiencia vaya de acompañante de Elena Valenciano y no a la inversa, es una buena prueba de la deformación de los partidos políticos a la hora de elaborar las listas electorales y la subordinación del principio de mérito y valía por el de lealtad ciega.

Así como van a extrañarse los políticos de la desafección ciudadana.

Por el momento los mensajes que han lanzado ambas formaciones se identifican por su irrelevancia. De lo que ha dicho en toda la precampaña Elena Valenciano es imposible recordar algo notorio. O el comité de estrategia de Ferraz se pone a trabajar decididamente y consigue darle a la candidata un perfil solvente y sólido o la fuga de votos hacia IU, UPyD y la abstención será inevitable.

El PP tiene a su favor y en su contra las ruedas de prensa de los viernes tras el Consejo de Ministros. Lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer es evidente para sus votantes. Todo Gobierno que afronta un proceso electoral emite en estéreo. Con su acción de gobierno y con su candidato. Por ello los órdenes del día del Consejo son muy importantes hasta el 25 de mayo.

El PP tiene que intentar tender puentes con sus votantes donde hay una legión de desencantados, agraviados y decepcionados, por lo que la movilización del porcentaje de voto de las generales es imposible en estas circunstancias. Las elecciones europeas son un anticipo de las tendencias del electorado y además la oportunidad de darle una patada gratis al Gobierno mostrándole el malestar acumulado.

Intentar azuzar el voto del miedo con alusión a los terceros partidos no tiene mucho sentido en unas elecciones europeas. Lo fácil es quedarse en casa, volver la cara al Gobierno y esperar acontecimientos.

En todo caso, ya se sabe que las elecciones las carga el diablo. Un retroceso significativo del PP –perder un tercio de parlamentarios, de 24 a 16- abriría un escenario de inestabilidad y debilitaría a Rajoy ante los socios europeos. A ello se podría añadir un adelanto electoral en Andalucía para el otoño, como preludio de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 y el incremento de la tensión política con una recuperación incipiente, pero todavía muy débil.

Veremos cómo funciona el engranaje entre La Moncloa y la calle Génova.

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