Corrección moderada electoral

El barómetro del CIS de enero de este año refleja una tendencia en la evolución del voto que es básicamente coincidente con el de octubre y con las encuestas publicadas por distintos medios. Ha causado cierta agitación y algunos han descubierto ahora que el bipartidismo imperfecto que ha dominado la representación de los partidos en las Cámaras legislativas está sufriendo una cierta, limitada y acotada, corrección.

Este efecto, corrección limitada del bipartidismo, no permite afirmar que se va a producir una ruptura del modelo político instaurado desde la Constitución de 1978, inteligentemente identificado en el concepto de “partidos dinásticos” con el que Pablo Sebastián titulaba su artículo del martes de esta semana.

Los barómetros del CIS, por razón de la muestra, 2.500 entrevistas en 239 municipios y 49 provincias, superan cuantitativamente la base de estudio de las encuestas encargadas por los medios de comunicación. Pero lo que no hace el CIS en los barómetros es asignar escaños a los distintos partidos, lo que exige una metodología diferente y tiene una mayor complejidad por razón de nuestro sistema electoral.

Algunas conclusiones sí son evidentes y los partidos hacen un análisis de los vectores fundamentales que se deducen de los datos presentados En este orden, la acusación de exceso de ‘cocina’ del PSOE es bastante infantil -técnicamente es la depuración del sesgo- y no hay ningún elemento ni prueba que acredite un cambio de metodología en los profesionales del CIS.

Entre las conclusiones obvias, la primera es que el Gobierno del PP sufre un desgate electoral que no es asimétrico con el que han padecido y padecen los Gobiernos de Europa que están gestionando la crisis. El castigo lo sufrió la mayoría de centro derecha de Sarzkozy, afecta a Cameron, provocó el cambio en Italia e incluso movió a la baja el pronóstico electoral de Merkel.

El ejercicio de la identificación de las causas del desgaste es importante a los efectos de un estrategia que permita enderezar la quiebra del vector que representa la tendencia. Mariano Rajoy y su equipo han diagnosticado los problemas de la crisis económica versus paro y la carga fiscal, como elementos decisivos en el proceso de selección de los electores situados frente a las urnas electorales. Y el diagnóstico es correcto si se observa que polémicas muy aireadas, como la corrupción, el anteproyecto de ley de regulación del aborto, la educación o la supuesta demolición del estado del bienestar, no ha causado un daño electoral significativo ni tampoco una recuperación de voto estimable.

Las encuestas y los barómetros están reflejando un sólido suelo electoral del PP que puede estimarse en un 32 por ciento del voto emitido, si consideramos que estamos en el ecuador de la legislatura y los tratamientos más duros para la recuperación de la estabilidad presupuestaria han sido ya aplicados. En lo que queda de legislatura el ritmo de las reformas en ejecución del programa electoral no van a tener la intensidad de los dos años precedentes.

Este suelo electoral del PP es muy sólido por la cuantía del porcentaje y consolida una tendencia alterada en las elecciones de 2011 ya que con anterioridad el suelo del PSOE se situaba por delante del PP.

En el PSOE se vive un auténtica estanflación. Un estancamiento en el 26 por ciento del voto del electoral en una situación en la que el conjunto de factores derivados de la crisis presentaría un marco teóricamente favorable para la oposición. Si su resultado se compara con el que se asigna a IU, el único dato positivo para los socialistas es que el trasvase de voto en la izquierda, desde el PSOE hacia IU, parece haberse detenido.

Es significativo el incremento del voto en UPyD que crece del 4,7 en las elecciones de 2011 al 7,7 en el barómetro de octubre de 2013 y al 9,2 en el barómetro de enero de 2014. Este resultado sin duda determinará un mayor número de diputados, pero sería demasiado aventurado afirmar que es un trasvase de voto ya consolidado y que proviene exclusivamente de votantes del PP. Si así fuera, comparativamente con los resultados del 20 N de 2011, la izquierda PSOE+ IU estaría sufriendo una pérdida del 0,7 por ciento.

La conclusión es que UPyD pesca en los caladeros del PP y del PSOE, es decir en los espacios de centro cuyo voto es más volátil y que manifiestan una decepción con el sistema que, sin embargo, no les conduce de momento a la abstención.

Si la toma de temperatura del CIS sirve para alguna reflexión a los ‘think tank’ de los partidos, el del PSOE es el que debe estar más preocupado porque, en términos colegiales, no progresa adecuadamente. Problemas de liderazgo, de estrategia, de comunicación empeñada en el tremendismo sin paliativos y la herencia de Zapatero que se conserva en la memoria histórica de los ciudadanos convencidos de que se equivocaron los objetivos, los tiempos, las políticas aplicadas y todo ello contribuyó a agravar los efectos devastadores de la crisis.

La marca PP, por mucho que Rajoy reciba la nota más baja de los lideres, sigue presentando una indiscutible solidez y crédito electoral.

Consumidos en sus cenizas los casos de corrupción -los ciudadanos han depositado un limitado crédito en la honradez de la clase política, pero el problema lo sitúan en el cuarto lugar en la relación de sus preocupaciones- el PP está en condiciones de recuperar un 5 por ciento de porcentaje de voto, sin mucho esfuerzo. Si este objetivo se cumple en 2014, estaría en condiciones de obtener una mayoría suficiente para gobernar en las elecciones de 2015.

En definitiva la corrección del bipartidismo electoral que disfrutamos o padecemos es menos profunda de lo que vaticinan y no presenta signos que nos lleve a una italianización de la política española.

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