Salidas más excusas

La salida de Vidal-Quadras del PP, de Jaime Mayor de la lista europea y la excusa de José María Aznar en la Convención de Valladolid se han planteado como una quiebra, una fractura, en el bloque popular. Sin embargo, introducir estas tres noticias en la coctelera, agitar y añadir unas gotas de angostura, no da un buen brebaje bajo el nombre “rupturas populares”, por mucho que se agite.

Cada caso merece, primero, un análisis individualizado y luego comprobar si suman números primos. El caso de Vidal-Quadras tiene unos antecedentes históricos que no se pueden olvidar y que están ligados a los avatares del PP en Cataluña y la consolidación de un espacio político propio. Un espacio que nunca ha recuperado los resultados que obtuvo la UCD en Cataluña con el periodista Carlos Sentís.

Las estrategias han sido de todo tipo con distintos personajes. En unos momentos se jugó en posiciones españolistas y en otros, se actuó en clave de proximidad a los nacionalistas. En todo caso, los resultados electorales no han cumplido nunca las expectativas y la equivalencia con los obtenidos en otras Comunidades. Pero Vidal-Quadras, que tiene sin duda criterio propio y trayectoria personal y profesional, no debería olvidar que él protagonizó la imagen política en alguna de estas etapas y tampoco se produjo una significativa mejora en los resultados del PP.

El problema fundamental del PP en Cataluña está en encontrar su conexión con el electorado con un perfil propio, de centro que traduzca la relación de Cataluña con el Estado en un clima de normalidad, no espasmódico en el falso dilema España versus Cataluña. Plantear la identidad Catalana como un hecho normal que no es una amenaza y no tiene que reafirmarse diariamente en un agravio al resto de los ciudadanos. Lo otro es hacer el caldo gordo a independentistas y nacionalistas, lo que les hace muy felices.

En este contexto, la imputación de pasividad a Rajoy que afirma Vidal-Quadras y su llamamiento a la Guardia Civil y la intervención de la Autonomía es injusta, imprudente y precipitada. En tanto Artur Mas siga emitiendo en rimas declarativas, el Derecho -y el Gobierno solo puede actuar con la ley en la mano- no permite otra respuesta que las declaraciones políticas que ha hecho Rajoy. Otra cuestión es cómo trabaja el PP en Cataluña y si está perdiendo posiciones a favor de Ciudadanos según recogen las encuestas.

En todo caso, la tarta electoral no da para tantos a la derecha del PP -Vox y Ciudadanos- y del PSOE-UPyD. Las experiencias anteriores y las hubo muy sólidas, como el Partido Reformista, demuestran que el sistema electoral es un terreno cerrado en el que tomar una posición significativa es muy difícil y se pierde en poco tiempo. Ejemplo: el Partido Andalucista que tuvo unos importantes resultados electorales y los gestionó con tan poca inteligencia que se convirtió en anecdótico.

Mientras no se produzca una modificación de la ley electoral y de momento PP y PSOE están por mantener el duopolio, las aventuras electorales personalizadas no tienen mucho recorrido y no creo que Vidal-Quadras desconozca esta regla básica. Además ha conocido en primera línea la capacidad de olvido de los militantes y la dificultad de regresar al pasado en política. Que se lo pregunte a Álvarez Cascos.

La salida de Jaime Mayor tiene otros registros distintos y Cospedal lo ha presentando como un relevo generacional normal, lo cual tiene una cierta lógica si no fuera que es coetáneo en edad política -años en el escalafón- con Mariano Rajoy.

Aquí la cuestión estriba en la cierta incapacidad, aun cuando la palabra más correcta es ingratitud, con que se manejan en la política en general y en el PP en particular las salidas más o menos pactadas. En los éxitos del PP, el de 1996 y el de 2011, Jaime Mayor ha jugado un papel significativo, en tiempos de Aznar y después. Es cierto que en el reciclaje político del PP en el País Vasco, Jaime Mayor no compartía las decisiones estratégicas que se tomaron, pero no es menos cierto que su comportamiento y lealtad no tiene tacha.

Hubiera sido bueno para él y para el PP que su perfil político tuviera una transformación que rompa el encasillamiento de ex Ministro de Interior. Profesionalmente es Ingeniero agrónomo y puede producirse una vacante en el excelente edificio frente a la estación de Atocha coronado por centauros.

En cuanto a si Aznar vuelve o no a Valladolid, donde creció políticamente, lo más inteligente es la decisión que ha tomado: tener compromisos internacionales coincidentes. ¿No piden ilustres analistas que los ex Presidentes estén callados? Aznar con sus defectos, es lineal y tiene claro cual es su papel: el de Presidente Honorario que se ejerce en casos extraordinarios y no más de dos veces al año.

En conclusión tranquilidad y los temporales en enero en el norte y en la mar. No hay que confundir los deseos con la realidad. Provoca, si se abusa, alucinaciones.

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