Rajoy y las emociones

En las democracias, que la política sea aburrida y poco emocionante, sin sobresaltos no es nada peyorativo. La famosa frase de que si alguien llama a tu casa a primera hora de la mañana, no puede ser otro que el lechero, describe lo rutinario y lo formal que es el sistema democrático.

La izquierda mediática ha reprobado la entrevista a Rajoy en Antena 3. Algunos de sus comentarios trasladan su decepción. “Para qué ha dado la entrevista, si no ha dicho nada”. “Tele 5 tuvo más audiencia que Rajoy en Antena 3″ “No dijo nada, no aclaró, nada no avanzó nada”. “Un valium a la hora de cenar”. “Un funcionario de Bruselas que supiera hablar castellano con acento gallego”.

En primer lugar no se qué esperaban los autores de la entrevista en Antena 3. Rajoy es predecible y fiel a sí mismo. Probablemente el Presidente del Gobierno que menos ha cambiado como político por su estado de ocupante del Palacio de La Moncloa. Nunca ha sobreactuado y, por mucho que se lo demanden algunos que piden una declaración para el asalto a La Bastilla, no lo hará.

No le ha ido mal con su forma de estar en política. No se ha esforzado en montar camarillas a su alrededor, pero tampoco se ha empeñado en hacer más enemigos que los que naturalmente se sitúan en esta posición. Su perfil es el de un reformista conservador que no pretende lapidar a la oposición – se bastan por sí solos- y sabe que el país necesita en estos momentos más que nunca sosiego, término, por cierto, muy utilizado en su tiempo por Felipe González.

Rajoy conoce el juego de la política desde hace más de 35 años y ha sido espectador en primera fila de todos los comportamientos, transformaciones, interpretaciones y demás metamorfosis que se dan en la vida política. Está curado de todos los espantos y habiendo sobrevivido a los sucesivos Presidentes del PP, entre Marco Antonio, Calígula y Claudio eligió este último papel.

Después de los largos meses en que cada mañana el país se ha levantado al borde del precipicio, con la prima de riesgo atizando los maitines y la tensión trasladada a la calle, el valium presidencial no viene nada mal.

El mundo internacional financiero y político nos pide tranquilidad y dará su apoyo a España si somos un país en el que se pueda confiar. Y Rajoy interpreta perfectamente el papel que piden Obama, Merkel y los analistas internacionales con toda garantía. Geopolíticamente somos un país europeo en la posición media alta que estratégicamente representa un punto de estabilidad para el sur de Europa con un cierto papel en Latino América. Lo suficientemente grandes para que nuestras crisis políticas o “default” provoquen una grave preocupación. Y sin el tamaño suficiente para ser buques nodrizas de otros en una operación de salvamento.

Rajoy siempre ha sabido el papel que tenía que jugar en sus distintos cargos en la vida política. Ahora le tocaba recuperar la confianza en este país, con sus virtudes y con sus limitaciones. Y a ello se ha puesto. En alguna declaración ha sido muy expresivo. “Siempre he sido muy obediente”. Con Fernández Albor, con Fraga, con Hernández Mancha, con Aznar y ahora con el poder: el de la UE que es un poder compartido, con EEUU que es un poder militar y con el BCE que es el control del poder financiero.

Si los analistas pensaban que en la entrevista en Antena 3 iba a tañer las campanas, son unos pardillos. Los de izquierdas que buscan desesperadamente un Robin Hood que saquee a los Bancos y a los plutócratas para repartir los euros entre los desheredados. Y los de derechas, si tenían alguna esperanza de que advirtiese a Mas que se iba a plantar, subido en un tanque con boina al frente de la Brunete, en el Palacio de la Generalitat. Cualquiera de ambas declaraciones hubiera sido la perfecta excusa para echar a la calle a la otra mitad del país.

Además, ¿qué liderazgo tienen Merkel o Cameron?¿O el modelo es Hollande -recibido como el político que iba a cambiar la Europa de derechas por una Europa socialista- o Berlusconi con sus líos de faldas -mucho más noticiables- o Martin Schulz el líder de los socialistas en las próximas elecciones al Parlamento europeo?

La declaración de Rajoy sobre la demanda de autodeterminación e independencia de Cataluña fue alta y clara. Solo le faltó incorporar el adorno: leed mis labios. Pero Reagan no es políticamente correcto.

Cuando Rajoy fue designado por Aznar como sucesor escribí en El Independiente que seguro que los jóvenes no iban a decorar la puerta del armario con una foto de Rajoy, pero que era fiable y generaría confianza basada en el sentido común.

Probablemente, algunos jóvenes socialistas y no socialistas pusieron la foto de Zapatero en la puerta de su armario, junto con ese primer cartel electoral naif de las elecciones de 1982 de la joven asomada a la ventana. Hoy ya solo queda la marca del celo.

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