Balance del Gobierno: azúcar y sal (y II)

Las reformas del Gobierno que han sido importantes en estos dos años requerían que el PP, como partido que sustenta la mayoría, adoptase una posición más activa con la finalidad de una eficaz transmisión a la sociedad de las decisiones adoptadas. Más inteligencia emocional frente a los sectores perjudicados, electores propios o ajenos y más pedagogía.

Los trazos gruesos que utiliza la oposición, empeñada en presentar toda la actuación gubernamental como un paso atrás en el estado del bienestar, han inundado los medios de comunicación y se ha convertido en una doctrina pretendidamente incontrovertible, al amparo de una cierta desidia informativa gubernamental, a la que se ha unido la ausencia de complicidades con la sociedad civil capaces de contrapesar los vendavales que se han organizado.

Al Gobierno se le ha imputado una causa ideológica en su acción política, acentuando su posición relativa en el escenario político, cuando la realidad es que ha aplicado una política fiscal más próxima a los planteamientos social demócratas que liberales y, sin lugar a dudas, más dura para las rentas medias y altas que la de Zapatero. Al mismo tiempo ha limitado las retribuciones de los responsables de los Bancos sucesores de las Cajas de Ahorro que era un escándalo tolerado y compartido por los partidos, ha eliminado deducciones fiscales en el impuesto de Sociedades aplicables a las grandes empresas y ha puesto en pie de guerra a la Agencia Tributaria en la lucha contra el fraude fiscal, más allá de las “montoradas” al gusto.

Por todo ello, no se puede afirmar que el Gobierno haya practicado una política desequilibrada a favor de los sectores con mayor capacidad de renta. Quienes afirman que por la acción del Gobierno se han incrementado las desigualdades desconocen un efecto directo derivado de la crisis, ya que la destrucción de empleo ha reducido considerablemente las rentas del trabajo en el cuadro macro económico nacional.

Las tesis de que el país ha regresado a los años sesenta con altos niveles de pobreza visibles y que se ha destruido el estado del bienestar, no se sostienen con rigor. Las leyes de protección a los deudores y los códigos de buenas prácticas de las entidades financieras han suavizado la dureza de la crisis, sin negar los efectos devastadores y su larga duración que se ha cebado, fundamentalmente, en los emigrantes que ha retornado a sus países de origen y en los jóvenes que han emigrado para buscar trabajo.

En la columna del debe, la opinión pública y especialmente los electores del PP tienen la convicción de que no se han impulsado suficientemente las reformas en las estructuras políticas, a pesar de las iniciativas en materia de lucha contra la corrupción en las que también se ha echado en falta un discurso de acompañamiento más contundente y más reiterado. El caso Bárcenas que ha dado mucho juego en el primer semestre del año, ha entrado en la dinámica procesal y está ocupando un papel secundario en la información. Lo cierto es que Rajoy volvió más tranquilo después del veraneo en Galicia y parece que el caudal informativo ha bajado ostensiblemente

En todo caso, “Bárcenas”, más crisis, más impuestos, más errores estratégicos, más absentismo en el ruedo político, han sumado una factura para el PP, según las encuestas, del orden de 40 diputados, lo que es bastante preocupante, sobre todo si la inercia no se detiene.

En este contexto, el descontrol e incremento en el precio de la electricidad, con una nueva intervención sonada de Hacienda y evidente descoordinación, ha encendido las alarmas pues solo faltaba iniciar el 2014, bautizado por Rajoy como año de la recuperación, con un palo de tal calibre a los ciudadanos en un consumo básico y generalizado.

Una vez más se comprueba que no haber designado un Vicepresidente económico con un perfil técnico y reconocido, el ejemplo está en Fuentes Quintana en el Gobierno de Suárez, está provocando estos derrapajes en las áreas económicas por mucho que Rajoy reitere que él preside la Comisión Delegada que está infrautilizada y funcionando en estado intermitente. Estructurar el Gobierno con un doble blindaje para el Presidente es siempre un acierto.

El 2014 va a tener lugar el primer test electoral con las elecciones europeas de junio. Es evidente que no hay elecciones intrascendentes en política, como enseña la historia. Rajoy tiene que ser consciente que ha conseguido parar la senda hacia el precipicio al que nos dirigíamos hace dos años. Pero los electores no votan nunca mirando al pasado, sino por el futuro. Las mejores obras públicas -y aquí ni las hay- y las gestiones más austeras y rigurosas también han perdido elecciones.

Se inicia el segundo tiempo que es mucho más corto y exige más política. No para negar la realidad como reclaman sectores de la izquierda sino para explicarla y presentar a los electores un futuro en el que creer.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *