Cataluña y el principio de Peter

¿Tiene el Gobierno de Rajoy una estrategia política elaborada para responder al desafío secesionista de Cataluña? ¿Hay una agenda de trabajo que formule un documento en el que se analicen las diversas consecuencias y escenarios y que responda a la coalición secesionista, más allá de manifestar que el referéndum no se hará?

Ayer dos padres de la Constitución, Roca y Herrero de Miñón, defendieron que el problema planteado es, ante todo, un problema político y que como tal debe tratarse. El Gobierno de Rajoy ha basado su respuesta en un único objetivo: no incrementar la tensión y advertir que el referéndum no se celebrará, con colaboraciones puntuales desde la UE que reitera que su socio es España y la secesión implica la exclusión de las instituciones europeas.

En todo caso, el itinerario seguido por Mas no ha decaído. Está subido en la ola y ya no puede bajarse, so pena de verse arrastrado y desaparecer del escenario político. Hoy por hoy, Artur Mas ha ligado su vida política al proyecto secesionista y no tiene marcha atrás. Su viaje a la India y su referencia a Gandhi le han trasladado a la ensoñación del hombre que se sentó en la vías del tren y que se ha despojado de todo con el objetivo de hacer real Cataluña Estado, primera estación, Cataluña confederada, segunda estación y Cataluña independiente en los Estados Unidos de Europa, estación término.

Este escenario le permite a Mas presentar un escenario en el que no hay otro debate político en Cataluña, anestesia a la sociedad e imputa todos los males de la crisis a la incomprensión de Madrid-España que obstruye las potencialidades catalanas. Un ejercicio que oscila entre los disparates históricos -España contra Cataluña- y el victimismo de su enganche en un proyecto que no comparten.

Lo sorprendente es que el modelo de comunicación y la estrategia de Mas ha calado en la sociedad catalana sin réplica estructurada y el bloque independentista se mantiene cohesionado, dejándose llevar por Artur Mas de igual manera que en las carreras de larga distancia se lanza un corredor que se identifica como liebre y que, llegado el momento, sale de la carrera para dejar paso a los que realmente tiene opciones de ganar.

Los sectores moderados catalanes económicos e intelectuales, no plantean ni siquiera una reflexión sobre la propuesta soberanista, los efectos que está teniendo y las consecuencias que inevitablemente se producirán. Un movimiento que ha crecido en seguidores desde que se produce la manifestación de Barcelona de septiembre de 2012 y que la respuesta de Rajoy no ha contrarrestado.

Las declaraciones de Juan Rosell, catalán y presidente nacional de la patronal, diciendo que Cataluña está incomprendida refleja el tremendo espacio que se ha dejado sin cubrir con una respuesta reflexiva, racional y constructiva. Una respuesta que, indudablemente, no puede abarcar todas las declaraciones que se reiteran día tras día pero tiene que elaborarse y aplicarse una estrategia de comunicación.

Las pequeñas batallas a salto de mata -por ejemplo la impugnación de los presupuestos por la partida para el referéndum- conducen al degaste del Gobierno de España y sitúan el debate en el escenario victimista y menor en el que prefiere colocarse Artur Mas que necesita reactivarse cada cierto tiempo para evitar que se le muera el proyecto por inacción y pueda perder la velocidad de crucero.

La previsión de desgaste por efecto natural está descartada, como también la solución federal que nadie diseña y solo sirve para mantener posiciones intermedias que no pretenden evitar al descalabro electoral. La bola de nieve ha ido creciendo y no se percibe o, al menos no se explica, una estrategia continuada y sostenida que delimite la cuestión catalana, revitalizada por el Estatuto pactado por Zapatero que, a mayores, amplió sus competencias.

Que ni la Constitución ni el Estatuto satisfagan las pretensiones soberanistas es un hecho que debió preverse. Lo lamentable es que los constitucionalistas no ganen en las urnas, lo que dice muy poco de sus líderes y de su trabajo político.

En el tiempo en el que estamos, solo hay que seguir el principio de Peter: todo es susceptible de empeorar.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *