El Gobierno hace amigos

Luis Ortiz -fallecido prematuramente y un hombre bueno- que fue Ministro de Obras Públicas en el Gobierno de Calvo Sotelo, contaba que cuando tomó posesión de su cargo preguntó a sus colaboradores qué proyectos emblemáticos podrían acometer. El Gobierno de Calvo Sotelo que agotaba la legislatura tras el  23-F  tenía poco tiempo por delante. Los colaboradores se explayaron en grandes obras que, lógicamente, tardarían años en ejecutarse e inaugurarse.

El que era Jefe del Gabinete de la Presidencia, Luis Sánchez Merlo, le aconsejó que si quería dejar su sello en la historia del Ministerio, pusiese en marcha un plan destinado a  señalizar adecuadamente las carreteras españolas.

La política, pero sobre todo el Gobierno, consiste en hacer sencillo y fácil lo complejo y difícil, virtudes que no practican algunos significados miembros del Gobierno, como Montoro o Fernández Díaz, dispuestos a dejar una impronta personal en los ministerios de su ramo, ya de por sí difíciles y complejos, acentuando su imagen más antipática.

Ambos ministerios tienen una historia llena de imágenes negativas-El ministerio de Hacienda desde que Jesucristo contesta la interpelación del judío que le pregunta si debe pagar la contribución que le exige Roma.

Fouchet, el Jefe de policía de Napoleón y las policías represoras en los regímenes dictatoriales, por su parte, han aportado su leyenda negra a los ministros de Interior responsables de las fuerzas de seguridad del Estado que incluso en los regímenes democráticos tienen que zafarse de su condición de gestores del monopolio de la violencia.

Ambos políticos no son novatos. Llevan años en política y con experiencia en los Gobiernos de Aznar, por lo que  no parece que sus últimos patinazos sean causa de la inexperiencia. La oposición y los medios de comunicación se ha lanzado sobre ambos y los ha puesto  de chupa de domine,precisamente en un momento en el que la prensa internacional está valorando positivamente la reconducción de la crisis que ha realizado Rajoy , que elude estas polémicas y no  mueve un dedo para quitar hierro a los líos que le organizan. Lo más, como en el caso de Wert, le echa un mano por el hombro en los pasillos del Congreso o del Senado.

La trayectoria de Montoro en estos dos años de Gobierno no es muy lucida. Se esta esforzando en ser más antipático de lo que ya por sí debe ser un Ministro de Hacienda y no hace un amigo, a salvo de los que se hayan incorporado a la amnistía, vía regularización, que se planteaba como un éxito de recaudación y acabó en un ratón.

Tenía que meter en cintura a las CCAA y hay que reconocer que lidiar con diecisiete gobiernos dispuestos a sentirse siempre víctimas y ordenes mendicantes, no es tarea fácil. Pero su falta de mano izquierda, en el sentido taurino del término, es clamorosa. Ha conseguido también ponerse en contra a todos los Ayuntamientos con la reforma local que, sin duda, parte de un principio razonable que es evitar la hipertrofia producida por las competencias impropias,  a pesar de que han sido las primeras administraciones públicas que están cumpliendo un déficit cero.

En el haber de Montoro, también están la subida de los impuestos y el lio que organizó con las informaciones de las propiedades de la Infanta Cristina que pretendió endosar a los notarios para que le sacasen del charco, aunque al final acabó cesada la Directora.

En su “hit parade” mensual ha echado gasolina en el fuego de la Agencia Tributaria contando que está llena de socialistas. Una Agencia Tributaria que según revela la Vice presidenta en sede parlamentaria es un ring en el que los sucesivos Gobiernos rivalizan para ver quien cesa a mayor número de funcionarios. El Ministro de Hacienda que lo es también de Administraciones Públicas, debe saber la diferencia entre los puestos de libre designación y los que se cubren por concurso o por escalafón. Y lo que nadie cuenta es donde se reubican todos esos cesantes que salen de la Agencia Tributaria con los cambios de gobierno.

Después de tantos años, no hemos olvidado los vicios de la Restauración y estamos muy alejados del NationalService británico que  permanece y cumple un papel fundamental en los momentos en que tienen lugar los cambios electorales.

Tampoco Fernández Díaz está en sus mejores momentos y es el ministro del Interior con peor valoración de la secuencia de ministros del Interior. Afortunadamente tiene que asistir a pocos funerales, como hicieron sus antecesores, lo que le despoja de la imagen del hombre que expresa el dolor y la rabia frente al terrorismo. Y tampoco puede presentar en rueda de prensa desarticulaciones de comandos, capturas o colaboraciones con Francia.

Sin estas obligaciones, deleita al personal de la oposición y los medios con declaraciones que, posteriormente, tiene que matizar y ha conseguido que el Gobierno de Rajoy  emule la patada en la puerta de Corcuera durante el felipismo.

El hito final lo ha conseguido con la reforma de la Ley de seguridad privada que subsana algunas limitaciones absurdas, como la vigilancia en urbanizaciones alejadas de los cascos urbanos, pero que se ha acabado deformando para incorporar la percepción de que vamos a sufrir en la calle el habitual mal trato en los arcos de seguridad de los aeropuertos.

Por cierto, que debería darse una vuelta por Heatrow la ministra Pastor para comprobar como se organiza adecuada y ágilmente un servicio de seguridad aeroportuario. Del caos de Barajas, todo en obras y de los recortes en los servicios de Renfe, ya hablaremos.

En fin el Gobierno de Rajoy ha decidido al inicio del segundo tiempo de la legislatura hacerse oposición a sí mismo. No le queda un solo sector al que pisar los callos. Hasta ha empezado con los registradores de la propiedad.

Debe ser la nueva estrategia electoral del asesor Arriola.

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