Constitución: 5 éxitos, 5 fracasos (y II)

En contraposición a los éxitos en nuestra historia política, hay también cinco grandes fracasos en estos 35 años de Constitución.

1. La corrupción política se ha extendido por todos los partidos como una constante del sistema. Si el “felipismo” que se había hecho hegemónico en el año 1982 y había gobernado durante 14 años, no resistió los escándalos de corrupción que se sucedieron en una espiral de continuidad. Mientras, en el Partido Popular que había tenido manifestaciones limitadas territorial o personalmente, como el caso Cañellas en Baleares o el caso Naseiro al inicio de la etapa de José María Aznar, la eclosión de la red Gürtel y su conexión con las revelaciones del caso Bárcenas, han provocado que la sombra de la corrupción le alcance de lleno, no tanto en su función de Gobierno sino como partido político.

La reforma de la financiación de los partidos políticos, el agravamiento de las penas por los delitos vinculados y las modificaciones normativas para reforzar la transparencia, se recogen con escepticismo por los ciudadanos que han asumido la convicción de que la corrupción está instalada, endémicamente, en la vida pública. Y que nada se hace ni se consigue si no se acepta una dosis de corrupción.

Las derivaciones del caso Urdangarin y el levantamiento de los límites de información que, hasta ahora, se habían aplicado en relación con la Casa Real, junto con la extensión de la corrupción a las prestaciones por desempleo, caso de los ERE y los sindicatos, presenta un panorama de tonos negros en el que los comportamientos públicos se alejan, no ya de la ejemplaridad que nadie la pide sino de los comportamientos exigibles a la generalidad.

En la política se han instalado avezados profesionales en el arte de distorsionar las normas que obligan a su general cumplimiento.

Frente a la corrupción no hay otro remedio que una modificación de la Ley electoral que limite el monopolio de los aparatos de los partidos en las comparecencia electorales, de modo que los ciudadanos puedan juzgar el mérito o demérito de los candidatos, sin estar compelidos a entregar un cheque en blanco a unas siglas electorales.

2. El Estado de las Autonomías que había nacido como un punto de encuentro para el cantonalismo y los nacionalismos residuales de la II República, ha quebrado no solo financiera sino también políticamente.

El café para todos que ha generado Comunidades uniprovinciales tan absurdas como Murcia, Cantabria, La Rioja o Madrid es un error de diseño territorial que no ha conseguido el primer objetivo propuesto. Que los nacionalismos catalán y vasco se sientan confortablemente acogidos en el seno constitucional.

El acto de emulación, de identificación propia, a que aspira todo nacionalista está diluido en un tratamiento constitucional global y conjunto de nacionalidades y regiones que, además de despedazar competencias naturales del Estado, ha fraccionado el proyecto colectivo con la reivindicación independentista.

El federalismo “soft” de nuestras Autonomías ha llegado al techo competencial y, sin capacidad de evolución, ni individual ni globalmente, ha situado al modelo territorial en un callejón sin salida.

Hoy el federalismo auténtico ya no resuelve nada y la deriva más suave se acerca a un modelo confederal. El retroceso de los partidos constitucionalistas en Cataluña y Euskadi es el resultado de las torpezas políticas del PSOE y del PP, por acción y por omisión, incapaces de formular un discurso y un programa político que reúna que los que enarbolaban el discurso independentista tradicionalmente eran partidos burgueses situados en el espectro europeo conservador.

3. Las tremendas cifras de paro en todas sus modalidades, registrado, estadístico y juvenil, es un fracaso colectivo sin paliativos en el aniversario constitucional. Después de nuestra integración en la UE y partícipes desde el inicio de la unión monetaria, parecía que la apertura de nuestro sistema económico y financiero nos iba a colocar en un escenario bastante parejo a los demás países europeos de nuestro entorno. Hay que recordar que nuestra integración en las Instituciones europeas fue acompañada de un programa de transferencia de fondos y subvenciones que tenían el objetivo de procurar la convergencia real de nuestra economía.

Sin embargo, el espejismo de la década prodigiosa, 1997-2007, se ha derrumbado con los embates de la dura crisis que han puesto en descubierto todas las debilidades de nuestro sistema productivo y de las regulaciones de los sectores.

Duplicar las cifras de paro media de la UE y las escandalosas tasas de paro juvenil, reflejan el profundo agujero negro de nuestra realidad económica y que la debilidad que arrastra España desde la crisis del 98 continúa presente como una herencia latente.

4. La no victoria frente a ETA es la otra cara del fin de la violencia que es un éxito indudable, pero que en su reverso tiene los resultados electorales de la izquierda abertzale y la percepción de que las víctimas no han tenido la reparación debida y más desde la aplicación de la sentencia que deroga la doctrina Parot.

El modelo deseado era el de un desarme y disolución de ETA que permitiese afirmar, sin ambages que habían sido derrotados. El aniversario constitucional se ha celebrado en medio de excarcelaciones y recepciones festivas de terroristas con historiales sangrientos.

La paralización y autismo de los dos grandes partidos constitucionales, incapaces de articular un conjunto inmediato de acciones políticas, legales y sociales que reconociesen que no hay ningún criterio de comparación equitativo entre víctimas y verdugos y que sus acciones llevan el sello de la reprobación del Estado, es una manifestación de cómo puede practicarse la política vergonzosa de mirar hacia otro lado y desamparar a las víctimas. No basta con decir que la democracia ha ganado. Faltaría más que se hubiesen impuesto la tesis terrorista de imponernos una dictadura.

5. La imagen de España refleja un país sin identidades ni referencias y así se traduce su fisonomía hacia el exterior. Que la tarjeta de presentación y el factor de cohesión sea hoy la selección española de fútbol -y las glorias deportivas son efímeras- es un reflejo de la banalidad reduccionista a la que hemos llegado como país.

Nuestra historia y nuestras aportaciones a la cultura occidental se diluyen en un proceso de negación y borrado de nuestro pasado, avergonzados de nuestra identidad nacional sin que a quien corresponde rebata un discurso disolvente y revisionista que es destructivo y, además, está basado en una profunda ignorancia.

Si durante los gobiernos de Aznar se realizó un esfuerzo de asentar nuestras señas de identidad con las conmemoraciones de los centenarios de Felipe II y Carlos V, la ampliación del Prado y el apoyo al Instituto Cervantes, junto con una acción exterior relevante en Latinoamérica y en Europa, hoy languidecen las Cumbres Iberoamericanas y la difusión de la Marca España se traduce en organizar una presentación en Bruselas con jamón y sevillanas.

La dispersión del país se percibe en la política internacional que cubre sus cabeceras con el peregrinaje de Presidentes autonómicos en viajes internacionales.

La Marca España que nace para competir en la acción exterior publicitando los valores de este país, de su historia y de sus gentes se ha derretido entre el taifismo y la inoperancia.

Hoy el contencioso eterno de Gibraltar y las concertinas de Melilla ocupan la información internacional, junto con nuestras altas tasas de paro y los nuevos emigrantes.

En definitiva, los 35 años de Constitución hubieran exigido algo más que el besamanos en el Congreso de los Diputados. Las efemérides sirven para cohesionar a los ciudadanos y marcar nuevos objetivos. Alguien, rememorando el título cinematográfico, tenía que haber hecho el discurso del Rey.

3 comentarios
  1. Lucyinthe Sky says:

    Europa no es lo mismo que la UE.
    El PSOE defiende el TTIP, que es el mayor atentado de la historia contra el modo de vida europeo.
    La UE, el BCE, y la Comisión Europea son vehículos para implementar los intereses de los grandes lobbyes de USA.
    Vivan el populismo, el nacionalismo, la doctrina social de la iglesia católica, el marxismo, y el proteccionismo!
    Viva Europa!
    Muera la UE!

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  2. petitsuis says:

    ¿estais asustadillos eh?… vosotros, Marianico, el Cayo ese, anda queeeee…. y ahora empieza el amigo reprochando a los demás hablar en nombre del “pueblo”, con dos….. (lo habrá dicho en reunión en alguna “Casa del Pueblo”, ¿tal vez?, ¿acaso?), pero no, eso no es populismo, es cosa seria, sisisisisi…..

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  3. Agromenawer says:

    Que hable de populismo alguien que milita en un partido que sin ir más lejos es anticlerical a ultranza cuando está en la oposición y mantiene el concordato cuando está en el gobierno tiene muchos bemoles. Definitivamente habéis perdido toda conexión con la realidad. Podemos no dice lo que la gente quiere oír, Podemos dice lo que la gente cree que se debe hacer, y es en ese matiz en el que os perdéis los políticos “de toda la vida”. Pretender que los ciudadanos hoy en día no estamos informados de lo que va a suponer el TTIP, de que es el entramado bancario germano-anglosajón el que ha causado y se está enriqueciendo con esta mal llamada crisis, de todos los tejemanejes que el PP y el PSOE tienen en nuestros ayuntamientos, delegaciones, diputaciones, consejerías desde hace 4 décadas, pensar que todo esto se nos escapa o que no somos capaces de comprenderlo en su verdadera dimensión es un grave error. Y por eso no entendéis ni probablemente entenderéis nunca porque Podemos va a borrar del mapa al PSOE como Syriza borró del mapa al PASOK.

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