Espionaje: El mono desnudo

El catedrático de Derecho Romano de la Universidad Complutense, Juan Iglesias, iniciaba el curso de los alumnos de Primero Derecho planteándoles un escrito sobre la cuestión “quis custodiet ipso custodes” (quién controla a los que nos controlan) que debían desarrollar conforme a su criterio.

Los grandes debates entre moral y política, libertad y seguridad, privacidad y derecho de información, derechos individuales e interés general, individuo y sociedad, han estado y siguen estando presentes en la historia de la filosofía y de las ideas y en la teoría del poder.

La interceptación de comunicaciones privadas por los servicios de inteligencia de la Administración Obama, con la cooperación y colaboración de algunos países europeos, ha producido una cierta indignación, más formal y teatralizada que real y sentida. No hay nada más corporativo que la condescendencia de unos Gobiernos con otros cuando uno queda en descubierto, precisamente por prácticas que todos comparten.

La vieja imagen de las películas de cine negro, en la que el espía utiliza una pequeña cámara para fotografiar los micro film que ha extraído de la caja fuerte, ha desaparecido por las nuevas tecnologías. Hoy vivimos en una sociedad, una aldea global, en la que las comunicaciones articulan nuestras vidas en lo cotidiano, en el trabajo y en las relaciones sociales.

La geo localización de los dispositivos móviles, el archivo de las paginas consultadas en internet, las redes sociales, los innumerables datos que radiografían a los individuos y que integran bases de datos, generan indudables beneficios , pero también vulnerabilidad. Y todo ello sin intervención de los servicios de información e inteligencia.

Bajo el reclamo de la seguridad nacional, la razón de Estado, el ciudadano ha sido despojado de derechos individuales y se ha convertido en un sujeto, en un número que puede ser localizado, escaneado e investigado directamente o por su relación con terceros.

Josep Raymond Mc Carthy, presidente de la subcomisión de investigaciones del senado norteamericano protagonizó durante diez años,1940-1950, la caza de brujas de ciudadanos a los que se acusaba de anti americanos o comunistas en plena guerra fría de las dos potencias, indagando en la intimidad de los ciudadanos.

Las revelaciones de Snowden, el espía que se fue al frio, es una continuación de Wikileaks de Assange que pone en cuestión la seguridad de los propios servicios de seguridad y ,sobre todo, los procedimientos de la Administración Obama que no ha modificado los esquemas de funcionamiento de la primera potencia, el gran gendarme del mundo.

Los nuevos retos del terrorismo internacional exigen indudablemente una nueva estrategia, pero el control exhaustivo de ciudadanos, de sus movimientos, han transformado al hombre en el mono desnudo ante el poder. El sistema jurídico de garantías constitucionales cede ante la seguridad y muchos ciudadanos, atemorizados por las imágenes de los estragos de los atentados, justifican los controles y la expropiación de la privacidad ante las amenazas de terroristas y redes de delincuencia organizadas. Sin pedir controles, límites y justificación.

Es indudable que el Derecho no ha sabido dar una respuesta al gran dilema libertad/seguridad y poner límites a la razón de Estado que, casi siempre, justifica una violación de derechos y garantías. También es indudable que las organizaciones multilaterales de defensa no han coordinado los servicios de seguridad nacionales que mantienen sus propias estructuras y compiten con los correspondientes de otros países. Y la construcción europea, tan lejos de la liebre americana, ni siquiera tiene planteado unos servicios de inteligencia compartidos más allá del control de fronteras, tan débil como ha quedado patente en la terrible tragedia Lampedusa.

En este escenario de la seguridad y del espionaje, España y su Gobierno ocupan la posición que le corresponde en las relaciones internacionales. Ni estamos en el bloque anglosajón – el club de los cinco ojos nacido en la segunda guerra mundial para descifrar los mensajes alemanes y japoneses entre Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Canadá – ni somos un país determinante en Europa, como Alemania y Francia.

Estamos en un segundo papel en el reparto y compartimos la política europea de defensa con las bases conjuntas con Estados Unidos, ampliada por el Gobierno de Zapatero con el despliegue del escudo antimisiles en la base de Rota que incrementa nuestra cooperación bilateral y que va a ser una realidad en el próximo año 2014.Por ello, todo el ritual del Congreso de los Diputados y la controlada indignación de algunos representantes que han representado el papel de defensores de los derechos ciudadanos con regular aplicación ha sonado a paripé.

Rajoy remite a la Comisión de Secretos Oficiales la capacidad inquisitorial de los diputados y García-Margallo repite el ripio de Merkel: entre amigos estas cosas no se hacen. Pero sobre todo, no se cuentan.

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