Rajoy ganó a los puntos

La comparecencia de Rajoy -pretendidamente forzada por la oposición, cuando el hecho determinante ha estado en la opinión publicada de los medios internacionales- se ha saldado con una victoria a los puntos a favor del presidente del Gobierno.

Como sucede en el boxeo, los retadores no han desposeído de la corona al gallego que ha aguantado las embestidas, unas mejores y otras de tercera, con las que la oposición le ha pretendido tumbar. Con una defensa alta, cintura y un juego de piernas no espectacular, pero mejor que el de Rubalcaba -que arrastra día  a día su agotamiento personal en el teatro de la política, sin registros ni  recursos de veterano- ha pasado el trago, ha tomado su ración de cicuta, medida y ha salido del cuadrilátero de la Plaza de la Marina Española, sin muchos daños en el rostro.

El discurso de Rajoy ha estado bien planteado. “Me equivoqué”, se ha traicionado mi confianza y la de los dos presidentes anteriores del PP, pero una cuestión es el caso Bárcenas y otra el país y la necesidad de continuar el plan de estabilización. Y hoy por hoy, lo asuma o no la izquierda, nadie apuesta ni por una dimisión de Rajoy ni por unas elecciones anticipadas. Sobre todo porque visto el plantel de posibles sustitutos en el desfile que han hecho  los respectivos portavoces, mejor vamos a quedarnos como estamos.

Es indudable que el caso Bárcenas ha sido terriblemente mal gestionado desde Génova 13 y que Rajoy tiene culpas que le pasaran factura o no en las elecciones generales. Aunque evaluar  la intensidad de la factura es un ejercicio demoscópico que convendría no extralimitar del momento actual. Dos años en política es un mundo.

Pero también es indudable que es injusto e irracional pretender que  Rajoy pague la cuenta de las desviaciones, irregularidades e ilícitos que se han producido en la financiación de los partidos políticos en estos 35 años de democracia. Que los ciudadanos manifiestan un escepticismo crítico con los políticos, lo que se traduce en una reprobación social silente, es evidente Pero también lo es y parece que  ni Rubalcaba ni el PSOE lo entienden, que nadie olvida que han estado 22 años en el poder y que la memoria histórica aconseje que no se dediquen a dar lecciones a nadie de moralidad pública.

Rajoy ha estado comedido, ya que no suele sobreactuar, lo cual es de agradecer aunque quizás hay que pedirle en ocasiones que eleve el tono y el gesto. En su intervención, se ha auto censurado, afirmando que no iba a repartir basura y solo en la réplica ha hecho algún amago. En definitiva, Rajoy es un político integrado en el sistema vigente en este país desde 1978 que tiene sus indudables zonas de sombra que necesita reformas , pero cuya cuenta de resultados es positiva para la gran mayoría de los españoles.

Sería además absurdo que ahora la oposición hiciese un juicio del pasado, solo al PP ,porque si abrimos esa puerta debería ser para todos. Y más aun cuando hay dos hechos incontestables. Rajoy no se ha enriquecido en política -no es un político corrupto, por más que vocifere un personaje como Rekalde- y está impulsando un conjunto de reformas que van a mejorar el  saneamiento y la higiene de la vida pública.

De Rubalcaba, lo menos que se puede decir es que rezuma tal falta de credibilidad y traduce tal grado de inseguridad para sus propias filas que mientras siga al frente del PSOE, Rajoy no se va a inquietar demasiado. El aquelarre que ha organizado no le ha salido bien, porque al final ni siquiera se ha percibido su  actuación como la de un actor principal. El modelo de comparecencia ha favorecido claramente a Rajoy y por mucho que diga que mantiene en cartera la moción de censura, su posición política es la de un barco que hace aguas y navega medio hundido.

Duran i Lleida ha hecho un buen discurso y demuestra una vez más que tiene mucho oficio y ,además, ha puesto sobre la mesa la reforma electoral como medida correctora del desapego ciudadano. Además, ha reiterado algo tan obvio como que el asunto de la corrupción, blandido como arma arrojadiza por los políticos, les perjudica a todos. De ahí su irónica afirmación de que  menos mal que muchos ciudadanos estaban en la playa y no viendo el debate.

Cayo Lara continúa cazando los votos que drena el PSOE, pero ni uno más. El discurso es demasiado tosco y la comparación con la mafia excesiva. Sobre todo para una coalición dedicada a los apuñalamientos políticos internos y que reproduce con gran satisfacción las escenas de “Viernes 13″ entre sus dirigentes.

Rosa Diez ha perdido una buena oportunidad para hacer un discurso más sólido que el latiguillo de “presidente” y el interrogatorio en sede parlamentaria. Planteamiento y puesta en escena equivocadas, tanto en el discurso como en la réplica con el lamento de que no le contesta Rajoy, por cierto bastante pueril. El espacio político que se ha abierto entre los dos grandes partidos sigue sin ocuparlo y su curva de crecimiento es decepcionante. Necesita rigor y sustancia para pasar de ser un pepito grillo que de vez en cuando cae simpático, a una alternativa con capacidad para integrar el  electorado de centro.

En conclusión, Rajoy ha pasado el trágala y dormirá esta noche todavía más tranquilo. El procedimiento judicial seguirá su curso y previsiblemente se agilizará en razón  a la situación administrativa del juez Ruz en la Audiencia Nacional. Y Bárcenas irá desapareciendo de las páginas de los periódicos. Porque aquí no hay más cera que la arde.

6 comentarios
  1. LoLo69 says:

    Es increíble. Esta gente está en otro mundo, está claro. Si no hubieran delinquido no les pasaría esto. Pero en vez de luchar por la verdad y desenmascarar a sus compañeros corruptos, le echan la culpa de todo al TS de Valencia. ¡Inaudito! Pero resulta, queridos, que la ciudadanía ya no es tan borreguil como antes, hay una crisis tremenda, y ya no deja que le insulten la inteligencia. La culpa es vuestra, no de los jueces. Acabáramos.

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  2. Camborio says:

    Es increíble que estos corruptos no tengan suficiente con entregar ordenadores sin disco duro a un juez, sino que además quieran marcar el tiempo de la justicia a su conveniencia. Cuando les ha interesado para demorar los juicios, han dimitido como parlamentarios.
    Afortunadamente, a muchos sólo les queda 4 meses de vida política, a los otros diez.

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