Los problemas inexplicables

Los españolitos de a pie vamos camino de italianizar nuestras relaciones con el Poder, con mayúsculas, ese magma que engloba al Gobierno, la oposición, los partidos políticos y la Instituciones. En la Italia de los años 80, los ciudadanos contemplaban con distancia las sucesivas crisis políticas de la Democracia Cristiana, el PC y los socialistas, en un magna de corrupción que alcanzó incluso a la magistratura. El país mantenía su pujanza económica, gracias al norte industrial y vivían de espalda al mundo de la política. El resultado ya lo conocen. Berlusconi y una desaparición de los partidos históricos, sustituidos por nuevas siglas, aunque los actores continuaban siendo los mismos.

Norberto Bobbio analiza el término ingobernabilidad y cita a Claus Offe autor de un artículo en 1979 bajo el título “Ingobernabilidad. Líneas generales de una teoría conservadora de la crisis” en el que expone que “la insuficiencia crónica del Estado que se ha hecho aguda, sería el resultado de la creciente desproporción entre el exceso de expectativas, producto entre otras cosas de la competencia de los partidos, cada uno de los cuales tiene algo que pedir y sobre todo obtener para no perder su propia fuerza contractual, y los recursos de los que dispone el Estado para satisfacerlas.”

Después de la reunión que han tenido los socialistas en Turín, Javier Solana y Joaquín Almunia han criticado las declaraciones de Rubalcaba, recomendando “madurez” y que dejen de referirse a la “dictadura de la troika” y el Comisario europeo ha recordado que “está más controlado por el Parlamento europeo que lo que estuvo en el Congreso cuando formó parte del Gobierno de Felipe González”. Una manera directa de rebatir la tesis de que, en las decisiones de Europa, hay un déficit democrático, con el que se pretende deslegitimar los acuerdos que se adoptan.

El problema de la inmadurez está instalado en el comportamiento de muchos políticos que consideran que los ciudadanos, en términos generales, son estúpidos y es posible contarles mentiras continuamente, sin que se produzca ninguna indigestión a causa de sus ilimitadas tragaderas. Esta percepción es consecuencia de su propia endogamia y del exceso de confianza asentado en la incapacidad de reacción de una ciudadanía anestesiada que, por mucho que se jalee a los movimientos sociales, continúa despertándose cada lunes en medio de un lodazal de informaciones de corrupción y de comportamientos que, por la condición de sus autores, causan indignación y vergüenza.

El sistema que estableció en la Constitución de 1978 y el modelo de un bipartidismo imperfecto ha quebrado y nos dirigimos a ritmo constante a un Parlamento con una distribución de escaños no asentada en los dos grandes partidos, como empiezan a detectar las encuestas del CIS. Por tanto, a mayor inestabilidad.

Rajoy no ha incluido en su agenda una reforma electoral que no quiere abordar sin un amplio acuerdo y sin que, de momento tome la iniciativa o impulse el acuerdo, lo que ya genera beneficios en sí mismo.

Esta estrategia inmovilista, en cuanto a la Ley de Régimen Electoral es un error a medio plazo, ya que la responsabilidad de todo gobierno es liderar los cambios. Enrocarse puede servir algún tiempo, pero al final siempre se impone la realidad y el hartazgo hacia los grandes partidos crece día a día.

No nos sale nada bien. Bolivia nos expropia, ahora a la filial de AENA, de súbito y con la apelación a la consabida alegación de falta de inversión de la empresa. Los aeropuertos de Madrid y Barcelona colapsados por la huelga de IBERIA, resultado de su absorción por British, un acuerdo cuya oportunidad nadie ha explicado y que ha conducido a una pérdida de control de la compañía española y a un conflicto que está afectando y perjudicará a nuestra capacidad turística que es una actividad fundamental en nuestra balanza comercial.

Absolutamente inexplicable lo que ha sucedido y está sucediendo en IBERIA, aunque si repasamos la trayectoria profesional de su presidente y de su consejero delegado y su vinculación con Bankia, se comprueba que todo lo que ha tenido relación con la transformada CajaMadrid ha sido afectado por la infección financiera que han propiciado sus gestores. La eclosión final ha sido la valoración que ha dado el SAREB a los títulos de BANKIA, filtrada a la prensa y que ha acabado por despeñar su cotización. Inexplicable todo y también la lenta reacción de la CNMV que debió suspender la cotización inmediatamente y pedir explicaciones al SAREB.

Por si faltaba algo los correos de Torres y Urdangarin, pornografía de tráfico de influencias, consecuencia de la ruptura entre dos socios que están dispuestos a arrojarse toda la basura, uno al otro. Inexplicable e injustificable lo que se ha hecho y se pretendía.

Después del innecesario mal gesto de Bárcenas en el Aeropuerto, incapaz de concentrase en lo que debe ser su defensa jurídica ante los procedimientos judiciales abiertos, Javier Arenas dice que hay una conspiración para quitar a Rajoy, lo que es consustancial al ejercicio del poder. Una tesis también inexplicable, porque lo que están pidiendo los ciudadanos es un Gobierno que solucione problemas y no se dedique a pegarse, él solo por su torpeza, golpes contra las paredes. Y si algo puede hacer caer a Rajoy es un vendaval que desarbole la financiación de la deuda soberana con riesgo para el euro y sea ineludible la intervención.

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