¿Dimi qué?

La petición de dimisión de Rajoy que plantea Rubalcaba carece de toda credibilidad y ratifica la pérdida de reflejos del dirigente socialista que vuela en esta etapa de su vida política con mucho plomo en las alas, consecuencia de sus pasadas etapas de gobierno y de las dudas que origina su liderazgo en Ferraz y en las organizaciones territoriales. Sus comparecencias en TV transmiten cansancio, escasa convicción y agotamiento de su ciclo político. Además, la petición de dimisión, sin duda precipitada, ratifica que la pieza a cazar, Rajoy, se le ha ido y ha escapado vivo, una vez más.

En la política hay que aprender del fútbol que juega el Barcelona y tocar y tocar hasta llegar al área y encontrar el hueco. Y Rubalcaba, a rebufo de las informaciones de los medios de comunicación, no ha sabido esperar a los procedimientos abiertos y ha planteado la cuestión en términos de dimisión que los ciudadanos interpretan en el “quítate tú que me pongo yo”. Error, inmenso error.

Rajoy tuvo una buena comparecencia y a pesar de su tendencia a controlar sus intervenciones y no sobreactuar, demostró convicción y trasladó firmeza. El manto de la púrpura de la Presidencia acompañó sus palabras.

Situó la cuestión en su honestidad personal que no ha sido puesta en cuestión y se aplicó a desmontar los juicios sumarios en la prensa sin otras pruebas que documentos “apócrifos”. La democracia es un régimen de opinión pública como repetía Duverger, pero en ningún caso el ejercicio de la libertad de expresión puede sustituir el funcionamiento del Estado de Derecho con las salvaguardias procesales ni el juego ordinario de las instituciones democráticas representativas, es decir, el Parlamento.

Y menos aún la democracia representativa puede ser adulterada por las asambleas de la calle y los cercos al Congreso o la sede de los partidos. El 18 brumario de la revolución francesa que tuvo entre sus objetivos acabar con la corrupción del Directorio, queda muy lejos.

Se equivocan también, rotundamente, quienes avistan una lucha interna en el PP. Rajoy, hoy por hoy, controla el partido y el grupo parlamentario que le apoya. Y esto lo saben en Berlín, en Bruselas, en Washington, en La Zarzuela y en los centros de poder económicos y sociales que transitaban antes por la calle de Alcalá.

No hay alternativa posible ni creíble en el PP a Mariano Rajoy que había comenzado el año con las buenas noticias de una prima de riesgo embridada y un reconocimiento por la UE de la corrección de desequilibrios de nuestra economía. Los barones territoriales tienen un peso político en sus CCAA, pero carecen de toda proyección nacional. Y Esperanza Aguirre con predicamento en Madrid, tomó una decisión personal e irreversible al abandonar la Presidencia de la Comunidad. Cuando se sale del circuito, no es fácil volver a entrar en la carrera. “As time goes by”, la canción de la película Casablanca, sirve de título para afirmar que a medida que pasa el tiempo, el mundo del primer frente de la política se aleja para Esperanza Aguirre.

El curso de la secuencia del caso Bárcenas va a tener un ritmo lento judicial y las revelaciones tendrán desarrollos, pero no van a poner en liza más asuntos o revelaciones que pongan en cuestión a Rajoy. La onda expansiva ha causado todos los daños posibles en la coraza pontevedresa de Rajoy que en su escudo de armas políticos lleva el viejo lema del estadio de fútbol de Pasarón:”hay que roerlo.”

Por más que argumente la oposición y los medios de comunicación estamos ante la palabra del presidente del Gobierno contra una documentación contable apócrifa y que nadie valida en su integridad.

A Rubalcaba no le queda más que esperar los movimientos de la Audiencia Nacional y la Fiscalía. Y mientras, intentar recuperar los restos de los naufragios electorales del PSOE.

Podría haberse remitido en su meditación a las “distracciones” de los Gerentes de los partidos políticos y a su descontrol por las organizaciones políticas, con la experiencia de Filesa, Malesa y Time Export. También podía haber recordado como ningún Presidente dimite en este país por la culpa de otros. Ni González por Roldan ni por los casos Boletín Oficial del Estado o Cruz Roja, ni Pujol o Mas por Banca Catalana, el caso Liceo o el Pallerols. Ni Rajoy lo va hacer por Bárcenas.

Que después de 24 horas de análisis el líder del PSOE pida un voto de censura virtual para sacar a Rajoy de La Moncloa es como pedirle que asista al Paso del fuego de San Pedro de Manrique, en Soria, y descalzo sobre las ascuas de fuego, se someta al juicio de Dios.

 

 

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