Mayúsculas y minúsculas

La historia política catalana desde el 11 de septiembre de 2012 está escrita con renglones torcidos por Artur Mas y su formación política, CiU, una federación al modo de la histórica UCD, con liberales, democristianos y socialdemócratas. Mas ha subido a su coche a Junqueras y como Thelma y Louise, eso sí, sin el atractivo de Genna Davis y Susan Sarandon, han pisado a fondo el acelerador, enfilado al barranco y, dejando atrás una polvareda, vuelan en el vacío, mientras el viento agita la senyera que han anudado a su cuello y en la radio se escucha Els segadors.

Quienes han sentido respeto por el President, por su tono moderado y reflexivo de otros tiempos, no dejan de sorprenderse por las vulgaridades que dice desde que empezó contando que Cataluña y España sentían “fatiga”, hasta el juego de los barcos que revela sus escasos conocimientos de la navegación, pues según las leyes del mar, cuando un barco por tu proa has avistado con riesgo de colisión, ambas embarcaciones deben caer a estribor que es la derecha, para evitar el abordaje.

¿Realmente Cataluña quiere subirse a un barco con el capitán Mas y el segundo Junqueras, en la sala de maquinas, marcando rumbo y derrota? ¿Alguien les ha explicado a los catalanes como se hace todo esto, cuál es la ruta, los riesgos y las tempestades? Y el puerto final. ¿Creen realmente los catalanes que Bruselas va a abrir sus muelles y enviar al práctico para permitir la arribada a la Europa que se construye desde el poder político de los Estados?¿Tan necios son ambos, Mas y Junqueras para ignorar la historia de la construcción de Europa desde que fue raptada por el minotauro de las dos guerras mundiales?

La política española, en los últimos años, no tiene un problema de mayúsculas y minúsculas, sino de verdades y mentiras, de velos y transparencias que esconden la realidad o la difuminan.

Los partidos políticos miran por el caleidoscopio y creen que la sociedad vive flotando en las lucecitas de colores que se mueven con el juego de la muñeca, mientras, de vez en cuando, algún periodista o algún investigador, valientes, nos cuenta que se mueven cuentas por paraísos fiscales, influencias por los despachos y parientes que heredan cargos, como en los antiguo oficios enajenados. Y lo siguen relatando si sobreviven al ruido y a las presiones de quienes intentan ocultar la verdad, en cumplimiento del pacto tácito del arreglo interno de cuentas, para que ningún don nadie pueda levantar toda la alfombra.

La solución al problema catalán está en la propia Cataluña, en la voluntad y el sentido regeneracionista de sus ciudadanos. En su decisisión de que no les engañen ahora más, con minúscula, con el impuesto de la Coca-cola, el de los residuos nucleares, el de los depósitos bancarios y el de los hipermercados. En su capacidad para defender su libertad, la de los ciudadanos y no dejarse engañar por quienes, al amparo del “espíritu del pueblo” les han llevado a una deuda de más de 44.000 millones de euros, superior al 20 por ciento de su PIB.

Acuerdos, respeto mutuo, lealtad, ética personal y social, confianza, palabras que ha utilizado el Rey en su discurso de Nochebuena, a un país descreído, sin memoria de su historia, de su reciente pasado, en el que la sociedad civil y los intelectuales están silentes. ¿Habrá mil empresarios, profesionales, periodistas, profesores, sindicalistas que sean capaces de alumbrar un manifiesto por estos valores? ¿Que lo hagan llegar los ciudadanos que han dado la espalda a las instituciones y a los políticos, porque no hablan su mismo lenguaje, no comparten sus anhelos y preocupaciones y , sobre todo ,no les creen ya que no dicen la verdad.?

En Italia, durante algún tiempo se acuño la frase entre los votantes de la Democracia Cristiana que acudían a votar con la nariz tapada. Después de un tiempo el sistema se desmoronó y llegó Berlusconi que hizo de la política italiana un plató de televisión y tuvo que ser rescatada por la UE que designó a Monti, con el objetivo de volver a la realidad.

Cataluña está por su historia, su relevancia en España y en Europa muy por encima de las políticas de renglones torcidos y faltas de ortografía que se están escribiendo en este final del año 2012. Mas y Junqueras, en el barco sin rumbo en el que navegan, con quien tienen que chocar es con el pueblo catalán para evitar que lleven a más pasajeros en la absurda carrera hacia el precipicio.

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