Gato blanco, gato negro

La reforma madrileña de la sanidad, por cierto, bastante mal explicada, está provocando un estado de alta tensión con los profesionales sanitarios. El PP, una vez más -el cuidado en la pedagogía y la comunicación no es una de sus virtudes, desde casi siempre- ha convertido un objetivo técnicamente impecable, neutral y necesario en un problema político que crece como una bola de nieve, mientras en el fragor de la protesta se acomodan declaraciones viscerales, sin rigor y tremendistas, bajo el lema de estos tiempos, el vaciamiento de derechos constitucionales que proclama la oposición.

El gasto sanitario anual mas alto por habitante/año está en Estados Unidos, 7.960 dólares, frente al de España, 3.067 dólares y el de Alemania 4.218, según datos de la OCDE (“Health at a glance Europe 2012″) que incluye tanto el gasto público como el privado.

Según el mismo informe, del total del gasto sanitario, en España se financia con los presupuestos públicos el 74%, siendo gasto privado mediante copago el 20% y gasto privado a través de seguros médicos el 6%.La media de la UE esta en el 73%,21% y 4%,respectivamente. Se observa un porcentaje mayor en relación con el total gasto sanitario en sistemas de seguros privados, en Alemania ,14% y en Francia 9%.

En relación con nuestro PIB el gasto sanitario público y privado, representa el 9.6%, igual porcentaje que el de Suecia y del Reino Unido, superior al de Italia, 9,3% e inferior al de Alemania y Francia, que están en el 11,6% del PIB.

En cuanto a nuestra expectativa de vida de hombre y mujeres, una medición de la eficacia de nuestro sistema de salud y de los hábitos saludables, somos el segundo país después de Francia, con una más larga expectativa de vida, de 84,9 años las mujeres y 78,7 los hombres.

El informe de la OCDE, mucho más extenso que estas referencias, viene a demostrar, estadísticamente, que tenemos una sanidad de alta calidad, con un bajo gasto sanitario por habitante, con una carga similar a la Unión Europea en porcentaje de PIB y un gasto público, en el porcentaje de gasto total, también equivalente. En un reciente informe se exponía que la calidad de nuestro sistema de salud público está soportada por las bajas retribuciones del personal sanitario.

Lo cierto es que en la incorporación a los estándares europeos en política de salud se han producido dos distorsiones. El crecimiento galopante del gasto farmacéutico que arroja una deuda de 15.000 millones de euros y el importante esfuerzo inversor realizado en los últimos años, con extensión y , mejora de la red hospitalaria y de atención primaria y la incorporación de nuevos hospitales privados financiados desde las compañías aseguradoras que ahora requieren atender a su dotación, conservación y mantenimiento.

Por tanto, el debate debe ser antes que la confrontación entre modelos de gestión, cómo financiamos el mayor gasto sanitario que se nos viene encima, como consecuencia de las inversiones realizadas, las mayores expectativas de vida y la demanda creciente de los usuarios, además de la introducción de nuevos sistemas tecnológicos de diagnóstico que han incrementado la calidad y el coste de pruebas médicas.

Los milagros en economía no existen y, visto nuestro gasto sanitario por habitante, es evidente que la derivada es su crecimiento en un escenario de consolidación fiscal y, por tanto, o reducimos otros gastos públicos o hay que establecer un criterio de distribución entre los usuarios vía copago o seguros privados. Por mi parte, entre el gasto sanitario y el coste de las TV autonómicas y la red clientelar de empresas públicas, me inclino decididamente por la salud. Además, completar la red asistencial con los sistemas de seguro privado que ya prestan asistencia a importantes colectivos como los funcionarios públicos y tienen conciertos en todas las Comunidades, contribuiría a racionalizar el sistema y lograr una contribución a los costes más justa de los demandantes.

En definitiva, estamos ante un debate que exige rigor, actitud de diálogo, sensatez y menos tremendismo. La evaluación de todo sistema de gasto público debe ser continua y el error más obvio es situarse en posiciones inmovilistas y reduccionistas.

Felipe González hizo célebre la frase que “da igual gato blanco o gato negro, siempre que cace ratones”, resumen de la “real politik”, tan alejada a veces de los debates pasionales y fundamentalistas que se montan en la política española. Y más en estos tiempos.

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