España: ¿Qué me pasa doctor?

La capacidad de la política española de crear problemas sobre problemas parece ser ilimitada. La dura y larga crisis económica que afecta a todos, empresarios y trabajadores, profesionales y funcionarios, sénior de más de 50 y jóvenes de menos de 35 y, sobre todo, 5 millones de parados, es una pesada losa que recae sobre este país, en un momento en el que era razonable aventurar que las elucubraciones y los diletantes nos iban a proporcionar una tregua, por lo menos, hasta que sacáramos la cabeza del agua y viésemos la playa de la recuperación en el horizonte.

La Ley de Peter, todo es susceptible de empeorar, se está cumpliendo indefectiblemente. Junto a la crisis económica, tenemos una crisis de sistema político, una crisis nacional y, hasta, institucional.

Este país que fue capaz de salir de una dictadura e incorporarse a las democracias occidentales, después de 78 años de fracasos en nuestra historia política y en nuestra posición internacional, se integró en el Mercado Común y en la OTAN, y que realizó una transformación radical en todos los sectores, se encuentra hoy atrapado una espesa tela de araña económica y política, pero sin duda, de mucho menor calado que los retos y desafíos que se tuvieron que abordar durante la transición.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí? Entramos en crisis desde el año 2007, sin que el Gobierno de Zapatero tomase decisiones para salvaguardar los beneficios de los años de crecimiento económico, la entrada en la unión monetaria y las importantes transferencias de fondos europeos. Y la miopía ante lo que se avecinaba se extendió también a Comunidades y Ayuntamientos del Partido Popular, instalados en ola económica que, cada vez, perdía más fuerza.

Tras las elecciones de 2011, primero las municipales y autonómicas, y después las generales del 20-N, los ciudadanos dieron una de las más amplias mayorías al Partido Popular para que abordarse las reformas necesarias frente a la crisis. Pero cuando no se ha cumplido un año desde la victoria electoral, a los problemas económicos se ha sumado el teorema de Mas sobre Cataluña y una probable mayoría nacionalista en el País Vasco, con un retroceso de los constitucionalistas que han gobernado desde las elecciones de 2009.

El método empírico aplicado demuestra que los acuerdos PP-PSOE han dado resultado en los momentos más transcendentales de la reciente historia política. Que estamos ante unos problemas de gran envergadura es una evidencia irrefutable. El desafío de Mas, la opción secesionista, se está planteando al margen de los procedimientos políticos constitucionales y revela una profunda deslealtad con el pacto de la transición en el que los catalanes tuvieron un papel destacado y aportaron sentido común, seny, en la arquitectura política de España.

Según dicen, Artur Mas tomó la decisión de encabezar la propuesta independentista por sí y ante sí, sin previa comunicación ni acuerdo con su Gobierno, ni con los órganos del partido, ni de la coalición que forma CiU.

Cuando un político actúa en función de “revelaciones sobrenaturales” que convierte en proyectos políticos colectivos, excluyendo el funcionamiento normal de la democracia que tiene su sustancia en el concepto de poder político compartido, puede esperarse lo peor en la Historia. No hay nada más preocupante que los iluminados que se consideran llamados a dirigir un designio colectivo del cual se consideran depositarios y que en su paranoia se ofrecen en sacrificio personal para llevar esta tarea.

En esta España, un numeroso grupo de dirigentes necesita tumbarse en el sofá del psicoanalista y aplicarse en una terapia destinada a expulsar sus demonios personales, obsesiones, traumas y demás patologías.

Últimamente, la política oscila entre la depresión, la ansiedad y la paranoia en forma de manía persecutoria con la imagen de Merkel y los mercados en la recámara.

Doctor, recomiende tranquilizantes y algo de prozac. Y catarsis. Mucha catarsis.

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