El rescate puede esperar

Este país nuestro se debate siempre entre el fatalismo y la genialidad, impulsado por unas fuerzas ocultas que le hacen acreedor de las mejoras gestas y, al mismo tiempo, actuar contra la racionalidad, sumergiéndose en los agujeros negros más tenebrosos de nuestra historia, Los Cartones de Goya de La Pradera de San Isidro y las pinturas negras de La Quinta del Sordo. Las dos caras de nuestra España, capaz de alumbrar genios y de incubar grandes desgracias.

Vaya por delante que el Gobierno de Rajoy ha cometido tres errores inexcusables. El primero, ignorar la crudeza de los mercados, pensando que, simplemente un cambio de Gobierno generaba crédito. Error, inmenso error, ya que los operadores actúan con una frialdad implacable y miran cifras, porcentajes y rating.

En segundo lugar, definir una estrategia internacional de acercamiento a Alemania que, sin duda, era imprescindible pero no era excluyente ni exigía poner todos los huevos en la cesta germana. Error que se rectifica con un movimiento de alianza con Italia después del paseo en barco de Rajoy y Merkel por las aguas del lago Michigan. Rajoy enseñaba papeles y aplicaba un lenguaje corporal de proximidad, pero no cautivó a la señora Merkel que no se ablandó y soportó el calor húmedo de la Ciudad del Viento.

El tercer error, de comunicación con los ciudadanos en primer lugar y, después con las demás fuerzas políticas. La situación y las medidas necesitaban y necesitan mucha pedagogía y mucho engrase y el Gobierno de Rajoy ha levantado muros de incomunicación. La orquesta gubernamental ha tocado melodías que no pide el público, pero bastaba con animar al personal entre canción y canción y pedir al PSOE y a los aliados naturales del PP que, de vez en cuando, subiesen al escenario para hacer un coro, aunque hay voces que desafinan y no se lo merecen.

Reconocido este estado de las cosas, el país, azuzado por un conglomerado de fuerzas que empiezan en los movimientos ciudadanos y continúa por los sindicatos y los partidos de izquierda, ha practicado un ejercicio inútil y empieza a deslizarse por una pendiente de populismo, alejamiento de la realidad del mundo y negación de la evidencia, propias de los viajes a ninguna parte. La peor receta para salir de la crisis, recuperar la confianza internacional y mantener una cohesión nacional imprescindible en estos tiempos duros.

Las reformas son ineludibles, si queremos seguir en Europa y tener un a papel que jugar en el tablero internacional. Y tiene que hacerse con valentía, reformando la Constitución en lo que sea necesario y con un impulso decidido de homologación de nuestros modos de comportamiento a los estándares de Europa que ya pagó el primer rescate de España que tuvo lugar durante los primeros años de nuestra democracia, con la entrada en el Mercado Común y la aportación de recursos importantes desde los Fondos Estructurales y de Cohesión.

Al otro lado de Europa, con toda su exigencia de consolidación fiscal, disciplina y austeridad no hay más que la nada, como en los confines del Universo. Es impensable una salida del euro y un desenganche de los primeros vagones del tren Europa por mucho que algunos personajes de la izquierda nos quieran devolver a la autarquía que, por cierto, fue una de las señas identificativas del franquismo que siempre veía un enemigo en el exterior, actitud que permanece impresa en el ideario de políticos del PSOE y de IU, sorprendentemente cuando estas fuerzas siempre ha pretendido hacer gala de internacionalismo.

El Gobierno tiene que explicar, una y mil veces, que estamos en una economía abierta, globalizada, incorporada a un sistema monetario que es el euro, con socios que comparten espacios comunes y que, durante muchos años, la mayoría de los españoles pensamos que deberíamos tener un destino compartido con Europa y participar activamente en su construcción.

Las reformas que tenemos que poner en marcha están detectadas desde hace años. Nuestro Estado ha sufrido un proceso de elefantiasis como consecuencia de un modelo autonómico basado en el principio de irresponsabilidad en los ingresos y reclamación permanente en la financiación de los gastos. Los gobernantes autonómicos se consideran federales en la asignación de los gastos y centralistas en la política de ingresos. Una esquizofrenia política que Solbes, después de levantar limitación de gasto autonómico derogando la Ley de Estabilidad del Gobierno de Aznar, arrojó la toalla ante lo que definió como un “sudoku autonómico” imposible de cuadrar.

Los responsables autonómicos tienen una voluntad reformista perfectamente mensurable. Han practicado el taifismo más absurdo bajo la premisa de que su objetivo primero era la identificación de su poder ante los ciudadanos y frente al Estado. ¿Qué criterio se ha seguido para que no haya ni un calendario de vacunaciones nacional sino que se fijan fechas bajo el principio de ejercicio del poder autonómico?¿Qué ha justificado que nuestros vinos comparezcan en las ferias internacionales bajo una pléyade de denominaciones de origen sin el paraguas de vinos de España como hace Francia con lo suyos?¿Donde está el servicio público de las TV autonómicas pujando por el futbol en abierto y programando y produciendo lamentables programas del corazón, mientras sus consejeros reciben importantes retribuciones? ¿Para qué sirven los Consejos Económico Sociales informando de proyectos legislativos y normativos que tiene su sede natural en las Instituciones parlamentarias? Esta cuestiones debería ser anecdóticas, pero se engarzan con un modelo de comportamiento reflejado en las Cajas y empresas públicas, de las que solo es necesaria su mención para que se active la memoria de nombres, enchufes, inversiones disparatadas y negocios compartidos con amíguetes.

El pais está todavía de pie y deberíamos practicar una catarsis colectiva, dejando a un lado la mala costumbre nacional de buscar culpables que ya los pondrá el tiempo en su sitio y aplicarnos en la frase de J.F.Kennedy que figura en su memorial en Washigton.”No preguntes que puede hacer por ti tu país…”

1 comentario
  1. Agromenawer says:

    Miralles, sigue insistiendo, un día de estos hay una epidemia de gripe en Atresmedia y te llaman para sustituir a Inda en la Sexta. Ánimo, sigue con la matraca, que no decaiga. Una tontería que se me ha pasado ahora mismo por la cabeza: ¿de los 1000 folios desaparecidos en Plaza Castilla no hablas con los venezolanos? Qué lastima, sería taaaan interesante conocer su opinión...

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