Rajoy se activa

Si hay que poner un reparo a las medidas anunciadas por Rajoy  y que serán aprobadas el vienes 13, es que no se tomaron en el primer mes de su Gobierno. Ni Rajoy ni sus asesores -algo ha fallado en el “think tank” de Génova y del Grupo parlamentario- previeron la débil situación de la economía española y su vulnerabilidad a los mercados.

Quizás pensaba  que alineándose con Merkel se restablecería por arte de magia la confianza de los mercados que Zapatero, en nombre de España, había hecho añicos y todo lo posible para perder. Y también la estrategia marcada por el asesor Arriola con la vista puesta en las elecciones andaluzas, sustentada en  la tesis de no azuzar el enjambre para evitar una movilización del voto de izquierda, fracasó estrepitosamente.

Pero, en todo caso, la realidad se impone y los mercados, los que nos prestan dinero para seguir en un estado de cierta normalidad, han vapuleado a España hasta situarnos al borde del precipicio y Rajoy ha reaccionado y se han puesto en marcha medidas que han sido diagnosticadas y reclamadas desde hace un año por todos los organismos e instituciones solventes.

Luis de Guindos -al que habría que subirle el sueldo de ministro por lo que trabaja y lo hace con rigor- ha hecho de correo del Gobierno entre Madrid y Bruselas, y el resultado final es una prórroga en el cumplimiento del plan de estabilidad y un paquete de reformas estructurales que deben suponer el inicio de un proceso reformista de calado en la estructura política y administrativa de España. Reformas que los ciudadanos activos no subvencionados están reclamando desde el resultado electoral del 20 –N.

A ningún Gobierno, por naturaleza, le gusta dar malas noticias y menos subir los impuestos. Pero hay que hacer de la necesidad virtud  y corregir las desviaciones que se han producido en el menú de servicios públicos que los ciudadanos han descontado  e integrado en su capítulo de derechos inmutables,  sin conciencia de su coste.

Los avances tecnológicos y la sociedad digital permiten una discriminación de los ciudadanos como demandantes de servicios públicos, adecuar tasas de cobertura y realizar una gestión eficiente y honesta de los presupuestos públicos. La teoría clásica de que los impuestos satisfacen necesidades indivisibles no susceptibles de individualización, ha saltado por los aires con la informática y una sociedad asentada en las clases medias, en la que se pueden producir desviaciones profundamente injustas en relación con los niveles de renta entre los distintos usuarios de las prestaciones públicos.

Rajoy tambien acierta con la reducción del número de concejales en los Ayuntamientos, sobre todo si al mismo tiempo pone en marcha una reducción del número de diputados autonómicos. Y lo puede hacer desde las Autonomías gobernadas por el Partido Popular.

Si, junto a ello, se reordenan las televisiones autonómicas y se desbroza el sotobosque de las regulaciones administrativas que constriñen a los que inician actividades empresariales, se estarán poniendo los cimientos para que nuestra economía gane en competitividad. Liberalización, responsabilidad ciudadana, control del gasto público y adaptación a un mundo nuevo que, por la globalización, ha roto fronteras y obliga a un esfuerzo permanente de modernización. Ahora más que nunca hay que seguir el principio de “renovarse o morir”.

Si queremos que la economía crezca necesitamos inversión que solo viene del ahorro neto presupuestario -ingresos corrientes menos gastos corrientes- de la inversión exterior -muy recelosa por la inestabilidad de la eurozona- o del endeudamiento -muy caro por las tensiones de la prima de riesgo-.

La oposición, empezando por la de Rubalcaba, no está a la altura de las graves circunstancias de España. Su discurso en la sesión parlamentaria ha sido muy flojo y parecía a Alicia deslizándose por el tobogán desde la realidad hacía el mundo de las maravillas, mientras le esperaba el conejo del reloj. El PSOE sigue tocado y el último barómetro publicado por  El País el pasado domingo refleja  una pérdida electoral desde  el 20-N que tiene su causa en  un liderazgo cuestionado y un discurso equivocado. Los electores ya han pasado la letra de castigo en el vencimiento electoral de noviembre, pero no olvidan las incapacidades, dilaciones y fuegos de artificio de los últimos ocho años que nos han conducido a esta situación.

Por mucho que se empeñe Rubalcaba y a pesar de las vacilaciones, indefiniciones y errores de comunicación del Gobierno de Rajoy, todavía tiene un depósito de confianza electoral  que, sin duda, debería cuidar con más mimo.

Para los euros escépticos hay que recordarles que no somos el Reino Unido  ni queremos convertirnos en Cuba volviendo al aislacionismo y la autarquía de los años sesenta. Lo que hay fuera de la eurozona es un agujero negro de los que habitan en el Universo y nadie ha explorado. ¿Hay voluntarios?

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *