Un país de pícaros

El engaño y la mentira se ha instalado tanto en la forma de actuar de la política española que estamos cambiando al hidalgo Don Quijote por el Lazarillo de Tormes que hurtaba al ciego al que acompañaba el vino y reflejó una dura crítica social de la apariencia de la dignidad y del honor que encubren una realidad de profunda hipocresía.

La historia interminable del rescate financiero que no es sino las idas y venidas del entierro del sistema de Cajas de Ahorros, canibalizadas por los poderes políticos regionales, constituiría todo un capítulo de aquella novela anónima que describió con la crudeza del realismo los tejemanejes del poder del siglo XVII constituido por clérigos y comerciantes.

En la Europa luterana todas estas historias les son incomprensibles y piensan que tenemos una actitud quijotesca, quizás por la imagen de Rajoy, cuando en realidad nuestro ser auténtico es el del Lazarillo. Llevamos quince días en lo que Guindos denomina un formalismo, la petición del rescate, consecuencia del espejismo de la video conferencia del sábado de junio que, según Rajoy, serviría para solucionar el problema y nos permitía a todos dedicarnos a disfrutar de la selección española que es el único elemento de cohesión que nos queda, pese a que los ágrafos federativos han cambiado en el escudo de las camisetas la granada, símbolo del último reino conquistado por un balón de futbol y las flores de lis de los borbones españoles, por las de los franceses. A Villar que dice que va a ejercer “el derecho de gracia” por su reelección, no hay que preguntarle quien era el Rey Sol.

El contumaz rechazo de la subida del IVA que es, más que nada, una armonización de hechos y tipos imponibles, ahora que profesamos una voluntad gubernativa irrefrenable por las armonizaciones, hasta el punto de tomarle la mano a Hollande, no tiene una explicación ni política ni técnica.

El Gobierno y específicamente el ministro de Hacienda, debería acometer una reforma de nuestro estructura fiscal, debidamente sistematizada y contemplando la fiscalidad autonómica cedida y la municipal. Hoy por hoy, la caída de ingresos en la recaudación y el mosaico tributario autonómico, presenta una realidad ineficiente, ausente de simplicidad y con efectos perversos en la igualdad de los contribuyentes según la Comunidad en que vivan. Los principios de equidad horizontal y vertical que están, junto con la neutralidad, en el frontispicio de los sistemas fiscales modernos, han sido volados en nuestra arquitectura territorial.

La reforma de los impuestos sobre la Renta, sociedades, IVA y sucesiones junto con los tributos locales, estaba en la agenda electoral del PP que el Gobierno cambió por una subida del IRPF que ha afectado directamente a la demanda interna sin resolver ningún problema en la financiación estatal y el coste de nuestra deuda. Alguien le vendió a Rajoy que la subida del impuesto era un cebo para conseguir la victoria en Andalucía y calmar las tensiones financieras. Y no sucedió ni una cosa ni la otra. Si a ello se añade el esperpento de la regularización- amnistía fiscal, de dudoso recaudatorio y que, en todo caso, va a ser succionada por el efecto del rescate financiero en el capítulo de intereses, resulta que no hay otra calificación que un completo desastre.

Con la ampliación de la edad de jubilación pasa otro tanto. Está tan diferida que no es creíble para los eurócratas, funcionarios de gris formados en la disciplina de Descartes y el elogio de la razón pura.

Intentamos exportar nuestro modelo de proceso político de presentación y toma de decisiones y Juncker no lo entiende, según de Guindos, lo que dice mucho en su favor. ¿Qué van a pensar de nuestro país si sus gobernantes son incapaces de establecer un sistema para el acuerdo y, en su caso para el desacuerdo, en la elección de los miembros del Tribunal Constitucional, en prórroga de jurisdicción indefinida? ¿Cómo van a valorar nuestros controles presupuestarios y la seguridad jurídica después del espectáculo de los gastos sin justificar del presidente del TS? ¿Y qué pensaran de nuestro sistema de Cajas de Ahorro, colonizados sus Consejos de administración por afectos al poder político sin más valor que el silencio de su ignorancia?

Jacques Delors, ex Presidente de la Comisión Europea, decía a los eurócratas que le dijesen en un folio aquello que pretendían exponerle en diez. Esto es lo que nos pide Bruselas y aquí calificamos de “formalismo”. Que pongamos por escrito de una vez lo que pedimos.

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