El rescate bancario: un guión de cine

El rescate de nuestros Bancos, ex Cajas, intoxicados por la digestión de sus operaciones corrientes, conceder préstamos y créditos y, por tanto, consecuencia de su falta de diligencia y/o pericia profesional, por no aventurar otras explicaciones, da para un guión de cine. La industria norteamericana ya ha producido varias películas con la crisis financiera en el argumento principal: “Margin call”, “The Company man”, “Too big to fail”Inside Job” y “The Flaw”. Ya se sabe que los luteranos no consideran que todas las culpas se purgan en la otra vida y las historias cinematográficas tienen un valor ejemplarizante.

La guerra de cifras sobre la cuantía del rescate bancario, las declaraciones desde Madrid, Bruselas y Washington, con la noticia propagada por Reuters de un rescate para el sábado 9 de junio, y todo diferido, según Rajoy, a lo que diga el FMI y los consultores externos, Berger y Wyman, no sitúan en el primer acto de “Margin call”, cuando el titulado en Harvard en ingeniería aéreo espacial introduce en su modelo informático el test de estrés que demuestra el quebranto del Fondo de inversiones.

Hay que empezar a preocuparse seriamente cuando, tras declaraciones tan divergentes que convertirían en aficionados a los hermanos Mark, los políticos dicen que “saben manejar los tiempos” y que “saben lo que tiene que hacer”. Esto es lo que vulgarmente se llama un cheque en blanco, producto del peor mesianismo en el liderazgo democrático y prueba notoria de que se agotan las ideas y que hay que pegarle mantazos a la situación para que no se perciba la figura descompuesta del torero.

El Gobierno huye de la palabra rescate como gato escaldado porque considera que le deja en precario, le deslegitima y le impone una fecha de caducidad irreversible, todo lo cual puede ser exactamente igual o peor si continua retrasando la toma de decisiones y espera una especie de milagro que no acaba de llegar. Montoro ya ha dicho que no necesitamos a los “Men in black”, con lo que todo el mundo pensó inmediatamente que ya alguien les está reservando los billetes. Si además Bruselas, por su portavoz económico, dice que el rescate no ha sido pedido pero que se tienen todos los instrumentos para intervenir, no cabe duda que todos los agentes del mercado están de espectadores viendo como el morlaco pega gañafones, descubre al Gobierno y el médico de la plaza le dice al anestesista que para dentro y que se vaya poniendo la bata blanca porque la cogida es inminente.

El espectáculo está siendo clamoroso y han convertido la evaluación exterior del Fondo Monetario y los consultores en una película de suspense. Todos esperando a que Jeremy Irons aterrice con su helicóptero en la azotea del edificio corporativo y diga qué hay que hacer. Mientras la agencia Fitch nos baja tres escalones el rating.

La pérdida de control, el agotamiento de la agenda de reformas y la sensación de que el barco hace agua, sin que el puente de mando sea capaz de recupersa su gobierno, se ha extendido en los primeros días de junio.

Vamos ya para seis meses mareando la perdiz, jugando al peligroso juego de que el tiempo todo lo arregla y basta con echar arena para que no se vean las vergüenzas propias, escamoteando la realidad. La intervención bancaria, rescate light, va a llegar con condicionantes impuestos desde Bruselas que van a forzar una agenda de reformas estructurales mas radical que las que se han hecho hasta ahora que han sido, salvo en la Ley de estabilidad y la reforma laboral, meros ajustes contables.

El saneamiento del sistema bancario derivado de las Cajas exige un proceso de fusiones y de desguace de entidades inviables. Y en paralelo el Gobierno tiene que afrontar una reconversión del mercado inmobiliario, supervisando un sistema de valoraciones de referencia dinámico, transparente y solvente que ponga fin al carnaval de sociedades tasadoras que han vivido junto a sus Bancos nodrizas vistiendo la expansión de las operaciones hipotecarias y financieras dudosas en cuanto a sus constantes fundamentales.

El país tiene capacidades individuales y colectivas para salir del pozo. Pero necesita una sociedad civil más activa y menos subordinada al poder político. La paciencia y el estoicismo con el que los ciudadanos padecen el espectáculo no deben confundirse con pasividad y patente de corso para que los políticos les traten como menores de edad.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *