Peor imposible

La resistencia a constituir una Comisión de investigación y estudio de los avatares de Bankia, como la que se hizo en su día sobre el caso Ibercorp, está derivando en la judicialización de sus procesos de fusión, segregación del negocio bancario y salida a Bolsa. Un proceso jurídicamente vulnerable, sobre todo en la asignación de activos de la matriz Caja de Ahorros y la adecuada e indubitada incorporación de activos a BFA que constituye el primer vehículo con forma bancaria y Bankia después, resultante final y que se suponía libre de activos tóxicos que se habían situado en BFA a los efectos de no contaminar, precisamente, su cuenta de resultados.

Si alguien pensaba que los particulares afectados y perjudicados iban a quedarse en actitud contemplativa y absortos por el nuevo equipo gestor, se equivocaba de plano. Ya tenemos a Manos Limpias en el ejercicio de la acción penal, aprovechando la desidia y lentitud de reacción de los poderes públicos que deben velar por el cumplimiento de la legalidad. Muy poco edificante y reflejo de la baja calidad de nuestro sistema democrático cuando toca defender a ciudadanos afectados.

Repasando la historia económica de los últimos años, Bankia , continua la estela de los escándalos económicos que abrieron en la dictadura los casos Matesa y Sofico y que continuaron en la democracia con Ibercorp, Banesto y Rumasa.En el escenario, propiamente bancario también se recuerda el caso del Banco de Navarra.

En el lado de los procesos bancarios de transformación que se saldaron sin excesivo sobresaltos, hay que citar la salida de Escamez del Banco Central, la fusión con el Hispano y la foto final con el Santander y por medio el Vizcaya con su presidente, Pedro de Toledo, tempranamente fallecido.

En todos estos procesos la conexión Gobierno con el Banco de España y con la patronal bancaria fue mucho más eficaz y posibilitó procesos de integración y de reestructuración mucho más ordenados que los que estamos viviendo con las Cajas de Ahorro. Los protagonizaron banqueros que conocían el oficio y cuando se produjeron sobresaltos, los actores aficionados, como Mario Conde y Ruiz Mateos, acabaron en la cárcel.

A medida que se conocen más datos del agujero de BFA y Bankia, causa más sorpresa la actuación de los auditores que necesariamente tuvieron que informar los procesos de transferencia de activos y validar los balances de las nuevas entidades creadas desde Caja Madrid y las demás Cajas fusionadas. Sin duda que en los procesos abiertos ante la justicia serán citados los auditores para comprobar qué firmaron en su día y de qué se desdijeron a los pocos meses. Alguna explicación debería dar también el Instituto de Auditoría de Cuentas que, de momento, está desaparecido.

Demasiadas preguntas sin respuestas, zonas de penumbra y escasa información con rigor y transparencia. La justicia en España es lenta, pero implacable y aunque adolece de falta de medios en los denominados delitos económicos, hay jurisprudencia de sobra en delitos artificios contables, maquinación para alterar el precio de las cosas, falsedad documental y administración desleal.

Bien haría el Gobierno en tomar la situación por los cuernos y no se puede limitar a intentar echar agua al fuego. La pelota de Bankia está rodando a gran velocidad y ya se ha llevado por delante a un ex vicepresidente económico y ha adelantado el cese del Gobernador del Banco de España. Cuidado con practicar la política del avestruz que, por tener la cabeza enterrada, no veía el alud que se le venía encima.

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