No hay marcha atrás

La decisión de Rajoy de fijar un déficit público del 5,8 del PIB para el ejercicio 2012 requerirá una disciplina fiscal exigente en las cuentas del Estado y, especialmente, de las Comunidades, teniendo en cuenta que se prevé un decrecimiento del 1,7 por ciento del PIB. La reconsideración del objetivo de déficit para 2011, mantiene el compromiso final en el 2013 con la UE en el 3 por ciento, con una senda de consolidación fiscal escalón a escalón, “step to step”, -2,7 por ciento cada año o, lo que es lo mismo, 27.000 millones de euros menos de gasto público por año.

El panorama de 2012, en todo caso, es desolador en las cifras de paro. Se prevé llegar al 24,3 por ciento de paro registrado con 630.000 parados más.

En este duro escenario, más recesión y más paro, con el dato favorablede una inflación controlada en el 2 por ciento, el debate orquestado por el PSOE en torno a la reforma laboral y las protestas en la calle es un ejercicio de irresponsabilidad. El momento exigiría un espacio para el acuerdo de los dos grandes partidos para delimitar y controlar los efectos del tramo final de la crisis. La tramitación parlamentaria debería servir para mejorar aspectos concretos del proyecto de ley de reforma laboral que establece un marco regulador más homogéneo con la legislación europea que el hasta ahora vigente que nos ha llevado a una destrucción de empleo sin parangón en los demás países.

Las reacciones frente a la reforma laboral se centran en el contrato temporal de un año sin indemnización a vencimiento –mucho más equilibrado que el contrato en prácticas hasta los 35 años de Zapatero- y el descuelgue de los convenios colectivos que reducirá el poder de los sindicatos. El contrato de un año sin indemnización es un S.O.S., una política activa de empleo, lanzado a las pequeñas empresas y a los autónomos para que generen empleo con un coste laboral conocido y predeterminado. Como toda norma es mejorable -podría sustituirse por una reducción de las cotizaciones sociales para estos contratos con una indemnización más reducida que las establecidas en el Real Decreto 10/2010de Zapatero- pero en todo caso es una obligación de los partidos políticos acordar medidas de choque frente al deterioro del empleo. Hay que detener la cuesta abajo y Rubalcaba aportaría más al país y a sus electores si dejase a un lado un discurso radical frente a la reforma laboral y ofreciese alternativas y mejoras al texto delGobierno.

La reforma laboral no es una condición suficiente, pero si es necesaria para generar confianza empresarial, significativamente en los mercados internacionales que tienen que seguir financiando a este país y a sus bancos, aunque el peso de las cotizaciones sociales, un impuesto del 30 por ciento al empleo, pesa como una losa para los empresarios.

El secretario general del PSOE está imbuido por un cierto tremendismo en su crítica al Gobierno de Rajoy, actitud más propia de una campaña electoral que del momento actual y, sin duda, influido por las andaluzas del 25 de marzo. Si el casillero de Rubalcaba no anota un tanto en Andalucía, lo que parece difícil dada la incuestionable cooperación de Griñán y demás compañeros en la derrota electoral, tendrá que reconsiderar y centrar su modo de hacer oposición. Más política constructiva, más acuerdos, menos tonos subidos y seguro que se lo agradecemos todos y especialmente sus votantes, que seguro que crecen en un marco de estabilidad económica. Tiempo al tiempo. Rubalcaba se está equivocando en el ritmo del partido, con demasiada trifulca y patadón para el animo actual de los españoles.

La pregunta a resolver de la semana está en la respuesta que dé la prima de riesgo a la relajación del objetivo de déficit 2012. El Gobierno Rajoy todavía tiene margen para ajustar las cuentas públicas y conserva en la cartuchera la política de privatizaciones vinculadas a la amortización del servicio de deuda. Las reformas dirigidas a las Administraciones Territoriales se han iniciado muy tibiamente y hay margen para exigir que la federalización de los gastos lleva consigo también la de los ingresos.

Estamos a la mitad de la subida y no es posible bajarse de la bicicleta lamentándose del cansancio. La marcha atrás que estimula Rubalcaba solo puede provocar que rodemos cuesta abajo y desandar el camino recorrido.

Los ciudadanos confían en las reformas de Rajoy que, hoy por hoy, tiene margen suficiente para seguir el proceso de reformas que este país está necesitando desde hace diez años. No hay que bajar el listón ni hay excusa para la relajación, aunque algunos chillen demasiado.

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