Poder absoluto con objetivo único

El Congreso de Sevilla ha reafirmado lo que consumó el 20N después de las elecciones municipales y autonómicas. El poder absoluto de Rajoy y del PP para combatir la crisis social y económica mas importante de los últimos 30 años que ha desarbolado todo el poder socialista, recuperado por Zapatero en las elecciones de 2004, todavía, como la canción “días de vino y rosas” y derramado en el patíbulo de los engaños y la inconsistencia de sus Gobiernos y la incapacidad de una organización con tanta historia como el partido PSOE para abortar lo que era, simplemente, un viaje contumaz a la derrota electoral.

Rajoy ha actuado desde la oposición con la paciencia y la tranquilidad de quien, con muchos años de experiencia en el PP, conoce y ha conocido el factor humano de sus compañeros, sus ambiciones y sus debilidades y , simplemente, ha dejado que los demás actúen mientras observaba el memorable espectáculo de la condición humana de la política. Como un cazador al rececho ha perseguido la pieza, el poder, con una cierta distancia para no ahuyentarla, y acompañado, en cada momento, por expertos conocedores del terreno. Desde Pío Cabanillas, su primer mentor, pasando por Fernández Albor, Fraga, Aznar y Cascos – dos caracteres y una real amistad, hoy rota –Arenas, Camps y Gallardón en 2008, hasta los éxitos del 2011,en mayo y noviembre, que le han coronado con las hojas de acanto de la victoria. Desde la derecha sin fisuras de AP hasta el moderantismo de hoy, sin pasar por el carnet histórico de la UCD. Desde la política pegada al terreno de la Diputación hasta el despacho de responsable de Organización en Génova para apagar fuegos en la provincias díscolas. Desde la oposición y el pacto con Eguiguren, ministro del PSOE, al Ministerio de Administraciones Públicas. Desde la Vicepresidencia-apoyado por los fontaneros de Moncloa-hasta la candidatura de 2004.Y desde las derrotas de 2004 y 2008 a la mayoría absoluta.

Nunca tuvo un equipo propio que le dedicara sus elegías y no fue contumaz en crearse enemigos, muchas veces resultado del entusiasmo de los propios colaboradores y de la ansiedad en conservar el poder. Tuvo amigos, como Paco Villar que le ha dejado el legado de la elección de Sáez de Santamaría, amigos que le acompañaron en las primeras singladuras. Pero no ha reunido camarillas, exigido devociones ni su carrera se ha adscrito a sectores concretos del PP, demócrata cristianos, liberales o conservadores. Simplemente, pata negra, síntesis de la propia historia del PP y con el mismo ritmo en su evolución estratégica y programática. En cada momento estuvo en el sitio adecuado, sin molestar ni hacerse notar demasiado.

En el discurso de Sevilla hay algunas claves de su personalidad: ha sido “obediente”, “independiente”, “no debo nada a nadie”, “no temáis que el cargo se me suba a la cabeza”, “con lo que han dicho de mí no hay riesgo de envanecimiento”, lo que ratifica que ser opositor fortalece una memoria que no pierde. Y en Génova, equilibrios entre territorios, porque no quedan ya barones, con las llaves en manos de Cospedal, al frente de una Secretaría General que padecerá la soledad de todo partido que gobierna, rodeada de “huerfanitos” –Pons lo ha clavado- ávidos de ser adoptados y salir del internado. Una Secretaría General que guardará las espaldas a Rajoy, a Rajoy-no es un error,”comme il faut”-y al Gobierno, con la batuta en la mano para que nadie intente cantar un solo. Equilibrio, tranquilidad, terapia de paseos para la ansiedad, a ocuparse de los problemas reales y pocas “caralladas.

El equilibrio político de Rajoy se hará notar en el Gobierno, después de algunas salidas en tromba en los primeros días. Hay reforma laboral, pero hay corrección en retribuciones que producen alarma. Hay reforma financiera y tiempo, pero hay exigencia de responsabilidad y veracidad contable. Hay más impuestos sobre las clases medias, pero hay compromiso de temporalidad.

En definitiva reformas con aromas liberales y correcciones socialdemócratas. Zapatero pudo hacer casi todo lo que ha hecho Rajoy, pero estaba inmerso en la ensoñación, en la banalidad y en la recuperación de un acervo ideológico muy poco elaborado y distanciado de la realidad.

Giscard dEstaing, en su libro “Democratie Française” empieza diciendo: “Ninguna sociedad puede vivir sin un ideal que la inspire y un conocimiento claro de los principios que guían su organización. Los periodos importantes de la civilización son aquellos en los que estas dos condiciones se cumplen.”

Hoy en España, el ideal, el objetivo, es salir de la crisis y volver a la normalidad. Para eso los ciudadanos le hemos dado el poder absoluto a Rajoy.

2 comentarios
  1. antonio says:

    No cuente ud. milongas, sr. Miralles. Todo el mundo sabe que ocurre en las manifestaciones antidesahucios. Y está bien que la policía, en lugar de montarla con alguien que aparca un momento para sacar de un cajero, meta en vereda a los antisistema que viven como cerdos en el sistema. Punto. Ya vale!!!!!

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  2. kikemb says:

    Milongas?? En este tipo de actos, como otros muchos, si no es por esos periodistas como Alekos no sabríamos nada de nada. Este periodista se dedicaba a informar y sino le gustaba al sr. Antonio, pues lo siento así nos va. El sr Miralles cuenta muchas cosas, pero milongas nunca. Y punto.

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