El entierro de las Cajas

Guindos ha publicado la esquela del sistema de Cajas de Ahorros, cuya bancarización, previa fusión de entidades diseminadas, estaba cantada. Reducción  y simplificación de su estructura, con menos órganos –la Comisión de Control que realmente no controlaba nada, queda como potestativa- y mayor disciplina en la distribución de sus beneficios , de modo que solo el 10 por ciento pueda destinarse a gastos externos a la obra social. Traducido, meno dinero para las fundaciones vinculadas a los partidos políticos y para operaciones de Banca industrial y sociedades participadas que tanto han proliferado en los últimos años.

Pero, sobre todo, hay que destacar la pérdida de la condición de entidad financiera cuando se situé la participación de la Caja en la entidad que desarrolla el negocio financiero por debajo del 25 por ciento de los derechos de voto, quedando transformada en tal caso en una fundación especial. En definitiva, su inclusión en la escala de entidades a extinguir.

El sistema de Cajas hacia aguas desde hace tiempo y solo la miopía interesada de los partidos políticos, asentados en sus órganos rectores y dirigidos por gestores irresponsables y en algunos casos muy poco transparentes -huy como alguien se dedique a remover algunos expedientes de concesión de créditos, de inversiones y de sociedades participadas-mantenía una ficción que se maquillaba con la obra social y con patrocinios culturales.

Las Cajas de Ahorro que nacieron al amparo de los Montes de Piedad ,como entidades financieras para pobres, sobrevivieron a 40 años de dictadura pero no han resistido a 30 años de  democracia con la intervención por los partidos políticos y, especialmente, por los Gobiernos autonómicos que se han movido entre el alegato identitario y el más puro provincianismo financiero.

Aunque no es elegante la auto cita, el 10 de julio de 2009,publiqué en el  diario Expansión un artículo en el que, bajo el título, ”Ni Frib ni Frob, escribía: ”El agujero negro está en las cajas, pero ahí les duele el zapato a todos los partidos. Unos por acción y otros por omisión.” Y añadía “Ese es el modelo subyacente. Una estatalización de las cajas mediante la inyección de dinero público que se convierte en cuotas participativas que, una vez saneadas se pueden enajenar. En definitiva, un modelo público estatal, previo capotazo de San Fermín Banco de España, para tapar las vergüenzas y desvergüenzas de gestores incompetentes y consejos de administración silentes que han estado tocando el violín, mientras los gestores seguían el ritmo de los políticos haciendo de banco regional con los amigos.”

Pues bien Rajoy, por medio de Guindos, con la ayuda de la crisis financiera, ha puesto fecha al certificado de defunción de las Cajas bajo la dependencia de las Comunidades Autónomas. Un sistema financiero homogéneo, bajo el control de un único regulador, con la dimensión debida y sujeto a la valoración real del mercado.

Con el tiempo, valoraremos el efecto positivo y devastador de esta crisis para desmontar la serie de disparates  que han surgido alrededor del proceso autonómico, federalizado en el gasto pero no en la responsabilidad de los ingresos.

Rajoy, sin mucho ruido, le empieza a poner cascabeles al gato. Un gato que, como dijo Felipe González, es igual que sea blanco  o negro. “Lo importante es que cace ratones”.

 

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