Europa: cumbre borrascosa

En la doctrina económica, Edmund Phelps formuló la teoría del cumplimiento de las propias expectativas,”Full feeling expectantions”, desarrollando la tesis de que cuando los agentes económicos coinciden en que un determinado acontecimiento sobrevendrá, ajustan a ese supuesto su comportamiento en el mercado. Hoy, en Europa, se ha extendido la tesis de que es posible una Europa sin el euro, aunque nadie sea capaz de decir cómo sería esa Europa.

Phelps, premio Nobel de economía 2006, en su publicación “Las primeras cosas”.-Firsts things, escribió:” Los europeos pensaban que ellos podrían tenerlo todo, con un sistema de seguridad y de comunidad y de consentimiento — que podían tener todas esas cosas y aún así vencer al capitalismo en su propio juego. Pensaron que podrían tener a la vez rápido crecimiento en la productividad, un buen lugar de trabajo y desempleo bajo”.

En esta crisis, Europa se enfrenta en dos corrientes de opinión sobre el modo de afrontar la situación y, en definitiva, sobre su propio futuro. La construcción europea empezó hace muy pocos años, en 1952 con los primeros tratados del carbón y del acero y Euratom. En estos sesenta años, se ha creado un espacio económico sin fronteras, se ha legislado en relación a una diversidad de materias, desde la regulación de las sociedades mercantiles hasta el etiquetado de los productos, se ha implantado un impuesto europeo, el IVA y se ha acuñado una moneda común, levantando fronteras y restricciones arancelarias.

Después de todo esta impresionante transformación que es una simple miscelánea del acervo europeo y que, por encima de todo, ha contribuido a impulsar reformas democráticas desde España hasta la Europa del Este, algunas voces ponen en duda el futuro, olvidan el camino recorrido y actúan, consciente o inconscientemente, a favor de su voladura.

En España, un país como el nuestro tan dado a la simplificación, a la exageración y al agua fuerte, algunos sostienen que la solución y la culpa, por tanto, de lo que acontece es de Angela Merkel, empeñada en trasladarnos un modelo de disciplina germánica que va poco con nuestra idiosincrasia y reticente a inundar el mercado de eurobonos, vademecum de todos los males y azote de los despiadados mercados y agencias de rating que son la mano negra que ,según ellos, mece la cuna de nuestra economía.

Hay que explicar que, dando por supuesto la necesidad y la obligación europea de cumplir su arquitectura institucional, donde el BCE es un contrapeso que garantiza la estabilidad y equilibrio monetario del sistema financiero, emitir eurobonos es solidarizar la deuda estatal estableciendo una responsabilidad conjunta que provocaría que un ciudadano alemán o español, responda, en su cuota alícuota, de la deuda griega, portuguesa o irlandesa. Además, ¿qué sucedería con la deuda en circulación carente de esa garantía solidaria? Evidentemente, se depreciaría inmediatamente provocando una auténtica hecatombe en el mercado secundario y, por tanto, en el sistema financiero al ser los Bancos los tenedores mayoritarios de la deuda soberana. La emisión de los títulos europeos de deuda exige más reflexión y un marco de cobertura integral de la deuda emitida. De otra manera, si no se consigue la estabilidad de los mercados no es posible abordar la emisión de eurobonos.

Por tanto, estamos todavía lejos de su puesta en circulación y el procedimiento seguido por Merkel y Sarkozy, disección del problema a los 17, reforma institucional y objetivos presupuestarios y fiscales para recupera el modelo de estabilidad, 60 por ciento de deuda, 3 por ciento de déficit es un método técnicamente correcto. Y sobre todo no hay otro camino. Los mercados han soltado lastre de deuda europea masivamente y los países emergentes que contemplan la Europa de la Avenida de Montaigne en Paris, de Mayfair en Londres o de Alexanderplatz en Berlín, con toda la razón, nos han dicho que solucionemos nosotros mismos nuestros problemas de países ricos.

El by pass que está construyendo el BCE a través del FMI es un nuevo parque de bomberos dispuesto a bajar la temperatura del mercado secundario de deuda que está produciendo un recalentamiento en el mercado primario. Por cierto, estos mercados de crédito son los únicos mercados globales y liberalizados en la circulación de capitales, concertando precios en sesión continua.

No cabe duda que el momento histórico descubre que se han cometido errores en la construcción europea que ha pasado en pocos años de la Europa de los doce a la Europa de los veintisiete. Demasiada velocidad en un proceso de acoplamiento de realidades nacionales muy diversas, respecto de las cuales se presumía que los Fondos europeos, como los polvos mágicos del mago Merlín, cohesionarían y cimentarían en el contenido homogéneo y compacto de la identidad europea.

La ruta está marcada. O se incrementa la cesión de soberanía o tendremos una Unión a medio camino entre Frankestein y el pato cojo, débil ante los mercados y bailando al borde del precipicio de la disgregación y el sálvese quien pueda.

Estabilidad, consolidación.rigor, uniformidad, son las palabras a conjugar con todos los verbos que se quieran elegir. El mundo está moviendo su centro gravedad hacía los países emergentes, con unos indicadores económicos que revelan unos nuevos equilibrios mundiales. Los europeos seríamos irresponsables y temerarios si no comprendiésemos que tenemos que redefinirnos en el nuevo mundo global si queremos jugar un papel protagonismo. Hay más actores en el escenario lo que nos obliga a ser mejores.

En España, Rajoy lo ha situado en el escudo de armas de su mandato. Estabilidad y confianza. España cumple.

 

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