Pista libre para Rajoy

El cambio que estaba clamando la sociedad española, convulsa, dañada y atemorizada por una crisis demasiado larga, gestionada por un Presidente, Rodríguez Zapatero, al que su propio partido había castigado ya en público con una moción de censura al cerrar paso a su reelección, se ha consumado.

psoe-lo-antes-posible-tras-felicitar-a-rajoy_414693/” target=”_blank”>La candidatura de relevo, en manos de Rubalcaba, no ha conseguido taponar la hemorragia que comenzó en el año 2008 con los primeros compases de una crisis económica que los vientos del atlántico traían a Europa con terminología anglosajona de hipotecas sub prime y banca de inversión. Pero que eclosionó y se hizo real y efectiva en mayo de 2010, cuando se baja el sueldo a los funcionarios, se congelan las pensiones y se suprimen derechos económicos que se habían presentado como grandes logros de su gobierno.

A partir de entonces, la bola de nieve de la crisis se ha convertido en un alud imparable que ha provocado cinco millones de parados y un record en la tasa de interés que paga España por su deuda. Y Rubalcaba no ha conseguido, previsiblemente, un resultado mejor que el que hubiera tenido Rodríguez Zapatero, al que se le hizo sombra para que no apareciera en una campaña electoral estratégicamente equivocada, en la que se renegó de ocho años de gobierno y se eludió dar una explicación de lo que se había hecho, lo que sucedía y lo que puede suceder si no se afrontan, con toda la decisión, la convicción y la audacia necesaria las reformas que el país necesita y que nos reclama Europa. La ruptura del nexo con los electores estaba rota desde hacía tiempo.

El objetivo de atemorizar a la sociedad española, con un supuesto programa oculto del PP, planteado por los estrategas del PSOE no ha cuajado en un escenario en el que los electores se han agarrado a una tabla de salvación que le ofrecía un proyecto más compacto, con unos gestores más convincentes y más cohesionado internamente y con la estructura del poder territorial resultante de las elecciones autonómicas y municipales.

La caída libre del PSOE, dejándose en el camino cuatro millones de votos, con el menor número de diputados de toda la historia electoral desde la recuperación de la democracia, 111 frente a los 118 que obtuvo en 1977, abre una crisis en los socialistas que exigirá unos cambios profundos. Rubalcaba, en clave de dirigente europeo, tiene que asumir su responsabilidad y dejar el camino libre para realizar una quinta sucesión del liderazgo de Felipe González.

Los problemas de conexión electoral en Madrid y en Valencia son estructurales y estaban descontados. En estas elecciones cae el cortafuego de Andalucía, tras 33 años de hegemonía. Griñán se ha convertido en un naufrago que está tan lejos de cualquier salvamento que debería reconsiderar su candidatura en las próximas elecciones autonómicas, señalando la ruta de la renovación nacional del PSOE, a riesgo de continuar en caída libre.

El resultado del PP refleja la solidez del voto electoral del PP, convencidos sus votantes de que el cambio era la condición necesaria, aunque no suficiente, para la resolución de los graves problemas de la crisis. Rajoy ha batido la mayoría de Aznar del año 2000 y ha acreditado su condición de corredor de fondo y de político incombustible. En sus treinta años que ha recordado en el PP, ha visto caer a Fraga, Gerardo Albor en Galicia, Hernández Mancha y se han salido de la pista competidores suyos en la carrera que ,a priori, parecían que tenían mayores opciones, como Álvarez Cascos, Rato y Mayor Oreja. También le ha ganado la partida a la oposición interna en su partido, amagada por algunos en el Congreso de Valencia y a las ambiciones de otros, hoy reconvertidos en el equipo de Rajoy.

La amplia mayoría en el Congreso, en el Senado y en las Comunidades y Ayuntamientos le permite abordar la crisis con todos los resortes para la coordinación de la acción política, sin excusa alguna en razón a la estructura territorial del Estado. Los ciudadanos le han dado toda la confianza para enfrentarse a la crisis y le van a exigir toda la responsabilidad. Si hace efectivo el mensaje de integración nacional y sigue actuando en clave de centro político, los naturales rozamientos de las medidas de reforma que tendrá que aplicar, serán mejor digeridos y producirán menos ruido, ante una oposición de izquierda disminuida y fraccionada en más grupos parlamentarios.

Empieza la semana y estamos acabando el 2011. Los retos están en el ruedo ibérico y en Europa. La tarea es ingente. Solo nos queda esperar que acierte y que la democracia se consolide.

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