Rajoy y el aspirante. Un debate invertido

Normalmente los debates electorales se celebran entre dos candidatos. Uno representa al Gobierno y otro, el challenger, el retador, a la oposición, que debe poner en aprietos al Gobierno. Sin embargo, estas elecciones están marcadas por la singularidad de un Presidente del Gobierno que ha recibido una moción de censura de su propio partido y un candidato, Pérez Rubalcaba, que ha intentado alejarse exponencialmente de su antecesor y que pretendía hacernos olvidar que ha estado ocho años sentado en el Consejo de Ministros.

Rubalcaba ha abusado de la glosa del programa electoral del Partido Popular. Los programas no se los lee nadie –excepto Rubalcaba- y menos en estos tiempos en los que los cambios económicos y sociales tienen tanta intensidad y se producen con tanta rapidez que los que se diga y se escriba hoy, probablemente, no servirá para nada mañana.

España tiene que entrar en una profunda transformación en el marco de una Europa que se ve avocada a modificar su estructura institucional, si quiere mantener y no desbocar el proyecto europeo. El modelo unitario europeo es insostenible-el Tratado de Lisboa no sirve para la nueva realidad- y el mosaico se visualiza en tres niveles:1) La Eurozona viable con Alemania y Francia en la primera división y España e Italia, en reconversión política y económica.2) La Eurozona imposible, con los periféricos instalados en la uvi financiera.3) Y los países fuera de la eurozona en proceso de cohesión dentro de la Unión Europea. Y la guinda del Reino Unido, que con un ojo mira a Europa y con el otro hace guiños al primo norteamericano.

Rajoy ha estado seguro, con un inicio mejorable – demasiado centrado en el texto que leía – sin conectar ni traspasar, en los primeros cinco minutos, desde el estudio hasta la casa de los espectadores. En el primer bloque, el económico ha estado convincente y ha irradiado mucha más seguridad y convicción en las medidas que se deben aplicar que Rubalcaba. Tranquilo y con decisión, él era el Presidente y ha manejado la situación. En tenis el primer set lo ha ganado Rajoy por un contundente 6-2.

El segundo bloque, el social y educativo, ha mantenido el mismo tono y Rubalcaba ha intentado agarrarse a Rajoy con las repetidas referencias a la sanidad, demasiado reiterativas y sin final conclusivo. La referencia de Rajoy a la congelación de las pensiones por Rodríguez Zapatero ha sido demasiado gráfica y no ha podido ser contestada por el candidato socialista, cuyo discurso chocaba con la cruda realidad de los pensionistas. El resultado 6-4 para Rajoy.

psoe-el-compara-con-el-presidente-del-circulo-de-lectores_408663/”>El tercer bloque ha sido más embarullado, pues se ha pasado desde el matrimonio homosexual-algo que ya está amortizado políticamente en la sociedad española-a la política de austeridad y el debate sobre las Diputaciones –demasiado reiterativo nuevamente Rubalcaba- que es una anécdota dentro de la profunda transformación que se debe abordar en todas las Administraciones Publicas. También aquí Rajoy ha vuelto a reiterar el programa de estabilidad presupuestaria que ya había explicado en el primer bloque. Además, ha situado Cazalla y Constantina, pueblos de Sevilla, en Cádiz, lo que ha compensado con las referencias a la política exterior y el papel que España tiene que jugar en Europa y Latinoamérica, recuperando liderazgo y capacidad de maniobra política, hoy disminuida con un Gobierno cesante. En definitiva un 7-6, con un final feliz en el bloque comprometiéndose ambos a la administración conjunta del proceso final de Atalo que tiene un indudable valor político frente al exterior y pedagógico frente a las posiciones disonantes de algunos dirigentes.

El mensaje final no ha sido lo mejor del debate de ninguno de los candidatos y ha dado la impresión que Rajoy no ha utilizado todo su tiempo y que ha cortado la intervención antes de agotar su tiempo. La convocatoria a un gran pacto nacional, similar a los que se hicieron en 1978 y en 1982, después del 23-F, se ha echado en falta. Si la tarea es tremenda, que lo es, tiene que ser abordada con un gran pacto construido en torno a los dos grandes partidos. Economía, reforma laboral y paro; reformas de las Administraciones, incluida la Justicia y recuperación de la marca España, ordenando el descontrol de las Autonomías. Menuda agenda.

Rajoy va a dormir tranquilo después del debate y Rubalcaba tiene que empezar a pensar en la transición que tiene que hacer el Partido socialista. ¿Le quedaran fuerzas después de las elecciones?

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